domingo, 26 de febrero de 2017

Microreseñas pendientes del 2016

Y ya llegamos al final de febrero del 2017 ¿en qué momento pasó este tiempo? La vida sigue siendo incierta y abrumadora y a ratos algo angustiante pero creo que dentro de todo en general las cosas han estado mejorando. Poco a poquito he vuelto a leer, a escribir, a dibujar, a generar contenidos en mis redes sociales y ahora se suma que estoy intentando empezar a andar en bicicleta regularmente. ¿Lo lograré? prefiero no ilusionarme, pero me gustaría, tal y como me gustaría retomar oficialmente todos los hábitos y la serenidad que perdí tiempo atrás cuando todo se fue un poco a la mierda.

Pero no nos pongamos a recordar eventos negativos, hoy me siento animada. No sé si serán las endorfinas de las que las personas que hacen ejercicio regularmente hablan o que acabo de despertar de una buena siesta, pero vengo con intenciones de escribir un post que pueda ser de interés colectivo y que no trate de meras reflexiones vagas sobre mí misma: hoy vengo a contarles un poco de los libros que leí el 2016 y que no alcancé a reseñar.

Pendientes 2016

Anualmente me pongo una meta de doce libros para leer por año, considerando la lectura promedio de un libro por mes. Sintiendo desde sus comienzos que el 2016 se vendría duro, hice trampa (mentira, no fue hacer trampa) y entre enero y marzo me leí siete libros: la saga completa de Harry Potter. Posteriormente me leí The price of salt o Carol de Patricia Highsmith, que fue la última reseña que publiqué antes de morir desaparecer, sin embargo, a continuación prosiguieron silenciosamente: The turn of the screw (Otra vuelta de tuerca) de Henry James, Hell house (La casa infernal) de Richard Matheson, La biblia de neón de John Kennedy Toole y cerré el año con Sputnik, mi amor de Haruki Murakami.

Es de todos estos libros, exceptuando Harry Potter y Carol, que hoy desarrollaré breves reseñas para darles una idea sintetizada y al grano de lo que me parecieron. (Nota: al final no sinteticé tanto JEJE pero igual me salieron reseñas relativamente breves.)

Cabe destacar que hoy no escribiré de Harry Potter porque simplemente se me hace demasiado difícil hacerlo. La serie significa mucho para mí y hace mucho tiempo que he querido dedicarle una extensa entrada independiente, sin embargo, son tantos los elementos en torno a los cuales deseo reflexionar coherentemente que hasta ahora no he podido hacerlo y, lamentablemente, esta no será la ocasión. Espero, de todas formas, poder hacerlo próximamente porque es un texto que tengo pendiente desde hace mucho tiempo y que tengo muchas ganas de escribir.

Sin más rodeos, partamos:


1. The turn of the screw (Otra vuelta de Tuerca) – Henry James.


Este es un libro de fines del siglo XIX que hace bastante tiempo tenía ganas de leer por dos motivos: 1. es una historia de fantasmas y ese era un muy buen antecedente porque me gusta muchísimo el terror y lo paranormal y 2. El autor es hijo Henry James Sr., el señor que escribió la cita que está al principio de El obsceno pájaro de la noche de José Donoso y que me obsesiona desde la primera vez que la leí. Es un libro bastante corto de fantasmas, niños demasiado buenos para ser ciertos, cuestionamientos, contrastes, ambivalencias y que se mueve justo en esa frontera entre la preocupación saludable, la paranoia y la locura. Es un clásico de calidad literaria y lingüística y, pensando en él en perspectiva, diría que me gusta mucho más de lo que me gustó en cuanto terminé de leerlo.

Cuando terminé de leer The turn of the screw no me pareció malo; me gustó el lenguaje que utilizaba el autor, los temas que desarrollaba la historia y la forma en que se los desarrollaba, pero recuerdo haber quedado con gusto a poco porque el libro simplemente no había sido lo que en aquél momento tenía ganas de leer. En ese preciso instante tenía ganas de una historia paranormal un poco más escandalosa, quizá más atemorizante, más dramática, con más sobresaltos, más representaciones de “el mal”. Quizá fue torpe de mi parte buscarlo en un libro de 1800, donde la idea de los fantasmas se presentaba de forma distinta a la que podemos encontrar en libros más contemporáneos, pero en su lugar me encontré de todas formas con una obra de mucha calidad.

Si no cometen el error que cometí yo – de esperar algo que la obra no iba a entregar –, el libro podría gustarle muchísimo a alguien que quisiera transportarse momentáneamente al pasado, contemplar su cosmovisión, sus costumbres y reflexionar en torno a una protagonista que no queda claro si está loca o es víctima de una suerte de siniestra conspiración colectiva. 

2. Hell house (La casa infernal) – Richard Matheson


Considerando el comentario que acabo de escribir de The turn of the screw, diría que Hell house me generó un efecto enteramente opuesto: era el libro con la historia que justo quería leer, pero estaba tan mal escrito que no me dejó nada más que un buen rato pasajero y una anécdota. Me sorprende, de hecho,  – y diría que incluso me ofende - que algunas personas lo consideren un clásico de la literatura del terror y lo enlisten junto a libros como The Haunting of Hill House, El exorcista o El Resplandor.

La trama de Hell house es cliché, estereotípica y muy poco convincente: el millonario anciano dueño del “imperio” que son sus revistas sobre parapsicología (¿alguien podría decirme en qué universo una revista sobre asuntos paranormales podría transformarse en un imperio?) envía a un doctor, investigador paranormal, junto a dos personas con habilidades extrasensoriales – y la esposa del doctor, quién se cuela - a la casa de un tal Emeric Belasco; esto con la intención de saber si existe algo después de la muerte porque el viejo está a punto de morirse. La construcción adquiere su cariñoso apelativo debido a que en su interior este señor Belasco realizaba todo tipo de actividades profanas (muchas de las cuales involucraban políticos, sexo, sangre, caca y crucifijos) y es él quien, junto a varias de las almas torturadas al interior de la mansión, aún atormentarían a quién osara adentrarse en ella.

Omitiendo el motivo por el que envían a este grupo de personas a la casa de Belasco, todo lo que ocurre en su interior resulta bastante entretenido e interesante para una persona entusiasta del terror: es cochino, es irreverente, es explícito. En mi caso también resultó muy educativo porque con el libro aprendí muchos conceptos parapsicológicos que hasta entonces desconocía; y el nudo central de la trama, el motivo por el que la casa está embrujada y lentamente va pervirtiendo las almas de quienes la habitan, tiene también su – aunque modesto – valor. Sin embargo, los personajes son tan clichés, sus reacciones tan poco convincentes y la narración es tan fea que no puedo considerar este libro bueno. Hell house es un libro entretenido, sí, me lo leí bastante rápido y en general lo disfruté, pero mientras lo leía no podía dejar de pensar “si tan sólo hubiese sido escrito decentemente (por Stephen King, por ejemplo), esta podría haber sido una tremenda obra de terror”.

3. La biblia de neón – John Kennedy Toole


Johnny Kennedy Toole es un autor americano con una historia interesante. Escribió su primera novela, ésta, a los 16 años. Tiempo después escribió otra que se titula “La conjura de los necios”. Mientras vivió, nadie quiso publicar sus libros. A los 31 años, asolado por una intensa depresión, se suicidó. Su madre encontró el manuscrito de La conjura de los necios y, considerándola una obra maestra, se desvivió para que fuera publicada. Tal y como habían rechazado a su hijo, la rechazaron a ella numerosas veces hasta que un editor le prestó atención y el libro se publicó. Ya publicada, la obra tuvo muy buena recepción y ganó el premio Pulitzer de ficción. Fue tras este éxito que la madre de Kennedy Toole recordó otro manuscrito de su hijo y así La biblia de neón salió a la luz.

A La biblia de neón se le suele dar importancia por dos motivos principales: por haber sido escrita por John Kennedy Toole y por haber sido escrita por un adolescente de 16 años. Yo no he leído la tan aclamada conjura de los necios, pero puedo decir que el libro efectivamente tiene un inmenso valor agregado al ser una obra así de compleja escrita por una persona tan joven. Sin embargo, y esto es algo que me molesta no leer en suficientes críticos o reseñadores, el libro es más que eso; es más que una obra escrita por un adolescente que coincidentemente es John Kennedy Toole. Si no supiéramos absolutamente nada del autor, el libro tiene por sí solo todo el valor que necesita.

La trama es sencilla: un joven crece en una ciudad pequeña y profundamente religiosa al sur de Estados Unidos. Su familia vive en condiciones miserables, sin embargo, David logra ir arreglándoselas para llevar una vida todo lo modestamente decente que pueda acompañado por su carismática y empoderada tía Mae, una señora que llega a vivir con la familia tras haber sido cantante en la gran ciudad durante sus tiempos mozos. A pesar de que la familia de David es perfectamente tradicional, la discrepante actitud de tía Mae frente a los estándares sociales sumado al verse obligados a dejar de pagar el diezmo por su grave pobreza, la familia va siendo lentamente expulsada de la sociedad del pueblo, llevándolos a diversas circunstancias.

La trama es sencilla, insisto, pero los temas con los que lidia - como las normas sociales, el rol de la mujer y los efectos de la religiosidad dentro de una comunidad - están tan bien desarrollados y los personajes son tan entrañables, que este fue un libro que disfruté mucho leyendo y que definitivamente calificaría como tremendo. Cuando pienso en La biblia de neón, en David y en la tía Mae, el corazón se me entibiece de cariño. Cariño por los personajes, por la narración, por la forma en que son descritos los escenarios, por la forma en la que están narrados los conflictos y porque este libro tiene también mucho de eso que también tiene uno de mis favoritos, El guardián entre el centeno: una mirada no acostumbrada a las incoherencias e injusticias de la realidad.

La biblia de neón es un libro precioso. No les gustará si buscan grandes aventuras, grandes incidentes y personajes gloriosos, pero si buscan personajes y una historia entrañable, bella, además de interesante y muy bien escrita, éste es el libro.

4. Sputnik, mi amor  - Haruki Murakami


Este es un libro de amor. Un bello, intenso, sufrido y surreal relato de amor: Sumire, la protagonista, concentrada únicamente en la labor de transformarse en novelista, considera no saber lo que se siente la atracción sexual hasta que un día conoce a Miu, una mujer muchos años mayor y casada, de quién por primera vez se siente atraída físicamente y de quien terminara perdidamente enamorada. Con el amor vendrán cambios en las rutinas de los protagonistas, un viaje y varios misterios, mientras el narrador, quién a su vez está enamorado de Sumire, tendrá que cargar con el peso de un amor no correspondido y una odisea en la que involucrará parte importante de su ser.

Además de ser muy intenso emocionalmente, apasionado y sufrido, Sputnik, mi amor me pareció un libro de bello lenguaje (con una traducción bastante satisfactoria, considerando que son las palabras del traductor las que estoy leyendo más que las de Murakami), detalladas  y muy bien logradas contextualizaciones y descripciones de entornos (algo que destaco mucho en los libros que he leído de Murakami) e inusuales y bellas metáforas, muy distintas a las que hasta entonces había estado acostumbrada a leer, ya fuera en los otros dos libros que he leído del mismo autor (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y Tokio blues) o en otras obras.

Además de lo anterior, hubo dos aspectos del libro que me parecieron particularmente bellos y fascinantes y en los cuales me gustaría ahondar un poquito: el surrealismo y el simbolismo.

Si bien en la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo recuerdo bastante confusión y eventos extraordinarios, hasta ahora no había encontrado en la obra de Murakami pasajes genuinamente tan surreales como los que pude encontrar en Sputnik, mi amor. La Cata, mi polola, me contó que ese surrealismo – en su apreciación – era muy propio de Murakami y que podía observarse harto en otras de sus obras. Mientras estábamos en Uruguay me leyó un cuento que tiene un título un tanto extraño tanto en español como en inglés: “Conitos” o “The Rise and Fall of Sharpie Cakes” (en japonés esとんがり焼の盛衰, les dejo el link aquí en caso de que quieran echarle una mirada). Cuando terminó de leérmelo me dijo “este es el verdadero Murakami”, mientras se sonreía al ver la cara de impakto que yo tenía puesta.

Considerando que no soy una persona oficial/académicamente versada en literatura (aunque me gustaría, estamos trabajando en ello) hasta ahora mi principal referente para todo lo que tenga que ver con surrealismo es papá Julio Cortázar; con sus historias de cronopios y famas, su casa tomada y sus instrucciones para dar cuerda al reloj. Cuando la Cata me leyó “Conitos” sentí que tenía parte de la simpleza y lo extraordinario del surrealismo de Cortázar. Por supuesto, el surrealismo que describo de Murakami dista mucho del surrealismo de Cortázar, el tono de sus textos no es ni remotamente parecido, pero en “Conitos” y en mi parte favorita de Sputnik, mi amor (sobre la cual no puedo decirles mucho o estaría dándoles spoilers) sentí que pude encontrar algunos rasgos familiares y me encantó. Me encantó y me dejó con ganas de seguir conociéndolo, de seguir conociendo a este Murakami más simple y más fantasioso, sorprendente, extraño, misterioso, raro y bello.

En lo que respecta al simbolismo, tengo la sensación de que es un recurso regular en la obra de Murakami; sin embargo, en Sputnik, mi amor considero que el simbolismo adquiere un rol más protagónico que en las otras dos obras que he leído de él. De partida, el libro entero se desarrolla en torno al símbolo que le da el título a la obra, el cual se explica dentro de las primeras páginas y es una imagen recurrente a lo largo de la lectura. Después, estoy segura de que algunos de los acontecimientos fundamentales del libro también son símbolos, pero queda en manos del lector el descifrarlos.

Cuando leí Sputnik, mi amor, lo hice en circunstancias que me dieron la disposición de leer con la mente y el corazón particularmente abiertos. Cuando lo terminé no estaba muy segura de sí me había gustado o no, pero sí estaba segura de que sentía muchas cosas. Hoy, trascurrido cierto tiempo y enfrentándome a la misión de volver a pensar a conciencia en él, me doy cuenta de que se ganó un lugar en mi corazón por todo lo que es y todo lo que conllevó: sentir intensamente y conocer a un Murakami distinto, a uno que me gustó más que el que había conocido antes.

*  *  *

Y esas fueron las reseñas de los libros que tenía pendientes del año pasado. Creo que dentro de todo logré decir todo lo que quería sin extenderme demasiado y fue un ejercicio muy bello volver a pensar en libros que ya había leído hace cierto tiempo. Hoy mirando hacia el 2016 y sin considerar Harry Potter, creo que puedo decir que mi libro favorito del año fue La biblia de neón, con el calorcito que me invade el corazón cada vez que pienso en él. 

Ahora me despido, contenta, porque siempre que termino de escribir un post para el blog me siento contenta, especialmente ahora que paulatinamente estoy volviendo a los hábitos que me hacen feliz. Les cuento que también les tengo lista ya otra entrada (inédito) en la cual les cuento y explico todo el periplo que involucra ese algo que la otra vez conté que me tenía tan pero tan feliz por redes sociales.

Esta vez puedo prometer que volveré con otra entrada pronto, EEEE. ¡Muchas gracias por leer! Y muchísimas gracias por los bellos comentarios que me han hecho ya sea en el blog o través de Facebook e Instagram. 

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