sábado, 9 de mayo de 2015

Personal: los últimos meses


Tal y como lo sospeché a finales del año pasado, este 2015 ha estado duro. No malo, desde que aprendí a contemplar las dificultades como retos y oportunidades de aprendizaje en lugar de desgracias creo que no volveré a tener un año “malo”, pero incluso con la mejor de las actitudes no he podido dejar de ser humana: una ensalada de huesos, órganos y muchísimas emociones.

Antes de proceder a contarles un poco en qué he estado, qué me ha tenido tan cansada, tan estresada y ligeramente desaparecida de mis redes sociales (esta será, evidentemente, una entrada personal por lo que los invito a volver otro día en caso de que esto les parezca muy aburrido) quisiera contar que no todo ha estado tan mal y que, al contrario, uno de los conflictos que más me atormentaba durante una de las últimas veces que actualicé el blog se ha resuelto.

Soy una persona que se conoce muy bien, reflexiono con frecuencia sobre todo lo que me ocurre o siento e invierto bastante de mi tiempo conversando conmigo misma. Por lo mismo, el que durante el verano me atormentara la sensación de que había una porción de mi persona que desconocía y que necesitaba desesperadamente conocer me tuvo bastante tiempo muy confundida, angustiada y repleta de preguntas. La exploración de las áreas sin descubrir de mi persona se dio, también, sumergida en una serie de circunstancias que terminaron siendo muy dolorosas, por lo que mi verano fue difícil, tuve que pelearla harto.

Sabía que lo único que resolvería mis interrogantes internas de principios de año sería el tiempo, pero considerando que soy una persona ansiosa, fue complicado asumir que tendría que esperar. Sin embargo, al final, tal y como había sido pronosticado, el tiempo curó y aclaró. Después de algunos meses me hallo en condiciones de decir que todas las piezas calzaron de forma armónica y que todas mis dudas y temores decantaron en una de las certezas más bonitas, coherentes y satisfactorias de mi vida.

Siempre sentí que este día llegaría, y aunque lo hizo de forma ligeramente (bastante) dolorosa, el sentir que te conoces mejor y que por fin puedes vivir de forma coherente con quién eres es impagable. Hoy puedo afirmar que me siento una persona más completa, más sabia y más feliz, independiente de mis circunstancias. Aunque la historia es un poco triste, lo que me pasó fue muy bonito y – sospecho – algo con lo que muchos podrían sentirse identificados, por lo que espero poder narrarles la historia completa pronto. Lo único de lo que quiero asegurarme es que todas las heridas hayan cerrado y no corran el riesgo de reabrirse.

Aquí yo quejándome por twitter, como siempre.
En lo que respecta a lo que he estado viviendo últimamente, podría decir que mi vida entera ha sido absorbida por la universidad, la tesis, la práctica, mis clases particulares y los problemas médicos y económicos que actualmente preocupan a mi familia (y desahogarme por twitter). Casi no he podido leer (literatura creativa, porque literatura académica he leído hasta hartarme), casi no he podido dormir, y muchísimo menos he podido descansar, escribir o siquiera ir al baño tranquila. Tengo ganas de hacer tantas cosas, pero el tiempo se me escapa entre los dedos como arena. Sin mencionar que también pierdo una cantidad absurda de tiempo transportándome en el que ni siquiera puedo leer o estudiar porque tengo que estar preocupada de no caerme encima de las demás personas o de que no me roben.

Estoy cansada y últimamente tengo muchísima menos tolerancia a todo lo que se relacione con mi carrera. Después de casi cuatro años sumergida en una actividad que no me apasiona, incluso las acciones más simples como levantarme o caminar hacia la práctica se han transformado en partos, y si bien la certeza de que este es mi último año es alentadora, el sentir la libertad tan cerca pero tan lejos ha sido una tortura. Es por todo lo anterior que quiero que se termine el año pronto: quiero por fin tener la libertad de escoger lo que realmente quiero hacer, quiero por fin comenzar a invertir la mayor parte de mi tiempo en algo que me apasione y quiero por fin salir de esta ambiente en el que no puedo ser quién realmente soy. Este ambiente en el que tengo que adherirme exageradamente a normas sociales e inculcar valores y actitudes que distan tanto de los míos.   

Como decía anteriormente, las dificultades médicas por las que está pasando actualmente mi papá también han sido tema. Lo que comenzó como una mera operación ha terminado en sopesar conceptos y posibilidades que uno jamás querría tener que considerar vinculados a un familiar tan importante, y la atmosfera general de preocupación y exaltación en mi casa me ha afectado, sin mencionar las preocupaciones personales que tengo sobre el estado de salud de mi papá.

Todo lo anterior lo hemos estado peleando con la frente bien en alto y las fuerzas al máximo, pero como seres humanos, estamos todos agotados; yo estoy agotada, especialmente después de pelear durante tanto tiempo con el demonio gigantesco que ha sido mi carrera y los demonios más pequeños que me han atormentado todo el camino. También me operaron a mí, y aunque ya estoy completamente recuperada, también fue un proceso físicamente difícil que espero poder detallar pronto en una pequeña entrada que tengo ganas de escribir reseñando la operación.

Observo mi habitación, asquerosamente desordenada (veo un calzón tirado en el suelo, mis zapatillas, mis pantuflas, ropa, el suelo sin aspirar, la cama desarmada) y solo me recuerda la cantidad absurda de cosas que tengo que hacer: además de ordenar todo lo recién mencionado, este fin de semana me espera avanzar en un trabajo para la U, la tesis, preparar la clase que me supervisarán en la práctica y avanzar en tipear algunos documentos para la U. También tengo hambre, tengo que prepararme algo para almorzar. También tengo que envolver el regalo para mi mamá. También tengo que vaciar mi celular porque se le está acabando la memoria. También tengo que limpiar el baño de mis gatos.

Habiendo desahogado la mayor parte de las cosas que actualmente me tienen algo (bastante) cansada, podría retirarme inmediatamente ligeramente cabizbaja a hacer todo lo que tengo que hacer, pero me niego a terminar este post habiendo contado sólo cosas “negativas” considerando que también han ocurrido cosas positivas. Dicho lo anterior, procedo a animar un poco este post contando algunas de las cosas bacanes que también han ocurrido últimamente:

Aunque he tenido muy poco tiempo, me alegra notar que igual he podido hacerme espacio para estar con mis amigos. Hace algunos meses comencé a organizarme bien, y aunque a veces me siento como una vieja culiá teniendo que anotar todo y “revisar mi agenda” (léase en tono de señora cuica) cuando quiero juntarme con alguien, ha sido una ayuda importante a la hora de organizar juntas y salidas con antelación considerando que últimamente, por la falta de tiempo, se me ha hecho difícil improvisar salidas del tipo “¿Oye Cata dónde estás? Ando cerca, juntémonos a tomarnos un helado”.





make good art
“Life is sometimes hard. Things go wrong, in life and in love and in
 business and in friendship and in health and in all the other ways
 that life can go wrong. And when things get tough, this is what
you should do: Make good art. I’m serious. Husband runs off with
a politician? Make good art. Leg crushed and then eaten by mutated
boa constrictor? Make good art. IRS on your trail? Make good art.
Cat exploded? Make good art. Somebody on the Internet thinks
what you do is stupid or evil or it’s all been done before? Make good
art. Probably things will work out somehow, and eventually time will
take the sting away, but that doesn’t matter. Do what only
you do best: Make good art. Make it on the good days too.”
- Neil Gaiman 
El sábado pasado, recién recuperada de mi operación, me tatué, y como buena persona cursi y ceremoniosa que soy: fue uno de los momentos más felices que he tenido en todo el año. Es muy importante, en primer lugar, porque está escrito con la letra de mi papá. Hace mucho tiempo que quería una obra suya para siempre conmigo y añadiéndole los tiempos médicos difíciles por los que está (estamos) pasando, la carga emocional de tener su letra tatuada en mi muñeca fue especialmente inmensa. En segundo lugar, la frase que me escribí es el título de un discurso de Neil Gaiman (quién me contestó el tweet que le mandé con la foto AAA) que cuando escuché por primera vez, me cambió la vida. Y en tercer lugar, la frase por sí sola es un imperativo que necesito recordar de por vida. Por supuesto, si nos ponemos un poco específicos, el concepto de “good” art (“buen” arte) es completamente discutible, pero para tatuarme la frase no me sumergí en debates filosóficos sobre el arte y me quedé con su mensaje práctico y genuino en mi condición de humana.


En lo que respecta a cosas positivas igual de importantes que las anteriores pero más breves de contar: estoy repleta de ideas, de ánimos para trabajar en proyectos personales y de ganas de hacer muchas cosas. El lunes vendrá a Santiago una amiga que quiero muchísimo y que por fin podré abrazarla en vivo. Estoy terminándome “Coronación” de José Donoso, libro del cuál, por supuesto – como siempre – escribiré una reseña apenas lo termine. Vienen en camino “Gone With The Wind” de Margaret Mitchell y la segunda parte de The Hitchhiker’s Guide To The Galaxy “The Restaurant At The End Of The Universe” de Douglas Adams.

También he estado trabajando bastante, ganándome bien mis porotos, por lo que espero pronto poder comprarme todos los libros que necesito leer con urgencia entre los que se encuentran: "Alexis" de Marguerite Yourcenar, "To Kill A Mockingbird" de Harper Lee y "Make Something Up", el nuevo libro de cuentos de Chuck Palahniuk. Con el mismo dinero, pretendo poder también hacerme pronto un cariñito y comprarme ropa y algunas cositas para sentirme más bonita, además de terminar de armar mi longboard. Y para finalizar: HE PODIDO VOLVER A COMER DIOS MÍO QUÉ MARAVILLA GRACIAS DIOS ALÁ BUDA, ALELUYA HERMANO; después de 10 días viviendo a base de sopitas frías y papillas, no tienen idea lo maravillosas que se sintieron las primeras papas fritas o los primeros sanguchitos que pude comer sin sentir dolor.

Hoy, por fin, pude dormir harto. Me siento descansada, y habiendo escrito esta entrada, también con muchísimas más energías para enfrentarme a todo lo que me espera este fin de semana. Es increíble y maravilloso lo terapéutico que siempre se me hace escribir, y lo mucho que me gusta escribir especialmente para este blog. Me despido deseándoles que tengan un buen fin de semana, mandándoles ánimos en caso de que los necesiten, y como siempre agradeciéndoles por sus comentarios y sus mensajes de cariño y ánimos a través de todas mis redes sociales.

Espero volver pronto con más cosas que contar. Gracias por leer. Los tkm.

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