viernes, 3 de abril de 2015

The Hitchhiker’s Guide To The Galaxy, por Douglas Adams

UntitledLlevo literalmente todo el día intentando escribir la reseña de La Guía Del Autoestopista Galáctico (o The Hitchhiker's Guide To The Galaxy, en Inglés). Es usual que me cueste escribir las reseñas de los libros que más me gustan pero hace mucho tiempo que no me costaba tanto plasmar y organizar mis ideas y emociones en palabras satisfactorias. Voy a intentarlo una vez más, desde cero.

La Guía Del Autoestopista Galáctico no es sólo libro, de hecho es una serie de libros (“una trilogía en cinco tomos”), pero ni siquiera es sólo eso. Nació como una serie radial de la BBC, posteriormente vinieron los libros, posteriormente vinieron los videojuegos, merchandising, puzles, ediciones ilustradas, cuentos, libros con los guiones de la serie radial, e incluso una película. Pero aun así es más que eso. Los fans de la obra también celebran varios días en nombre de ésta, uno de ellos es el “día de la toalla”. Pero también es más que eso.

¿Qué es La Guía del Autoestopista Galáctico? Después de devanarme los sesos tratando de escribir un millón de veces esta reseña, creo que – para mí – la mejor forma de describirla sería diciendo que es una absurda y maravillosa obra de ciencia ficción (abarcando todas las áreas a las que la palabra “obra” puede aplicar) que nace de los valores y la inconcebiblemente maravillosa capacidad creativa de uno de los autores más nobles que he conocido y de una de las personas a las que no sólo yo, sino que todos los que han tenido la posibilidad de acercarse a su obra, más cariño le han tomado: Douglas Adams.

Los muy queridos y amados y guardados en mi corazón flan: Neil Gaiman y Douglas Adams.
Entre todos los que nos consideramos admiradores de La Guía Del Autoestopista Galáctico, personas naturales como yo y grandes autores como Neil Gaiman, parece existir un ambivalente sentimiento en común. Una mezcla entre un profundo e incondicional cariño y la pena que nos produce el que una persona tan noble, con tanto entusiasmo, con tanta curiosidad, y con tanta sensibilidad viviera tan poco (hasta el 11 de Mayo del 2001, fecha en la que murió a los 49 años).

A diferencia de otras obras, resulta inevitable no hablar de Douglas cuando se habla de La Guía Del Autoestopista Galáctico porque La Guía era (es) Douglas, o al menos esa es la sensación que me queda después de la cantidad de entrevistas, artículos y discursos honoríficos que he leído y escuchado desde que comencé a leer el libro el 11 de Marzo, casualmente (un concepto que además se explota vastamente en La Guía) el día del cumpleaños de Douglas Adams.

No quisiera que se malinterpretara la declaración que acabo de emitir acerca del autor y la obra, por lo que quisiera darme un instante para explicarlo. Según afirman personas que tuvieron la oportunidad de conocerlo, Douglas Adams era un sujeto afable, simpático, con un enorme ingenio, un notable sentido del humor, una especial curiosidad por la ciencia y la astronomía, y una aguda sensibilidad por la naturaleza, los animales y el medio ambiente. A través de su obra se nota que también era un crítico, pero no de esas personas que critican con amargura (un poco como yo) sino que critican con un corazón alegre y risueño, desacralizando la existencia y haciéndose menos problemas. A lo que me refería con que La Guía es Douglas, es que precisamente lo que acabo de describir es a su vez La Guía Del Autoestopista Galáctico: una obra de ciencia ficción que se da el gusto de reírse de las absurdidades de la existencia pero a la vez de celebrar las maravillas de ésta.

Dicho lo anterior creo que acabo de sacarme un enorme peso de encima porque lo que llevaba todas estas horas intentando de escribir era una descripción de la obra, La Guía Del Autoestopista Galáctico, compatibilizada con una descripción de Douglas Adams. Me sorprende que por primera vez las características humanas (además de literarias) de un escritor me llegaran tanto, pero creo que tiene que ver con que hace tiempo que me hacía falta reírme de todo aquello que siempre me ha molestado de la humanidad en lugar de indignarme, y es precisamente el ejemplo de Douglas el que muchos podríamos seguir para conservar una mente un poco más saludable (sin mencionar la cantidad de gustos que aparentemente compartimos).

Tengo todavía demasiadas cosas que decirles del libro, todavía ni siquiera he comenzado a hablar del libro en sí ¿cómo partir?

Supe de la existencia de La Guía Del Autoestopista Galáctico por primera vez hace varios años, cuando vi la película. No tenía muchas expectativas, pero en cuanto vi la introducción en la que una serie de delfines hiperinteligentes se despiden de la torpe humanidad ad portas a su destrucción cantando “gracias por el pescado” quedé completamente enamorada. Elegante, hilarante y absurda, apenas terminó la película me puse a investigar y descubrí que estaba basada en varios libros y una serie radial. Como es de suponer, inmediatamente enloquecí por leer el libro.



El tiempo pasó y no pude hacer al libro llegar a mis manos mientras la emoción inicial estaba todavía inflamada, pero años después, para mi cumpleaños del año pasado, mi queridísimo amigo René me lo regaló. En aquél entonces tenía la mente en otras obras literarias por lo que La Guía permaneció en mi librero por algunos meses, pero a principios de Marzo me sentí con el ánimo necesario para comenzar a leerlo y el 11 del mismo mes saqué el libro del librero.

Me gusta destacar la asombrosa serie de coincidencias que se presentaron mientras leía el libro porque es precisamente un concepto que históricamente me ha fascinado y que coincidentemente Douglas explota muchísimo en La Guía Del Autoestopista Galáctico. El azar, la improbabilidad, las casualidades, las coincidencias; a algunas personas son conceptos que las ofenden pero personalmente siempre he considerado que son de los fenómenos más bellos que se pueden presentar en el cosmos. A fin de cuentas, para los que no creemos ni en Dios ni en una existencia pre-planificada por el destino, no puede haber sido más que el azar el motivo por el que estemos aquí ahora ¿acaso no es eso lo suficientemente hermoso y emocionante?

Comencé a divagar, pero precisamente es ello una de las cosas que más me ha gustado de esta obra: llama tanto a pensar, tanto a reflexionar, y al mismo tiempo tanto a reír. Me parece que no he mencionado con la intensidad suficiente que La Guía Del Autoestopista Galáctico es un libro de humor, y vaya qué efectivo porque absolutamente jamás en la vida me había reído tanto con un libro. Hace algunas semanas, sumida en la plenitud de la amigdalitis que se había comido mis cuerdas vocales, era tanto lo que me reía sin poder emitir un solo sonido que tenía que recurrir a zapatear al costo de ser observada con la seguridad de que estaba loca por mi mejor amiga de la U.

Prosiguiendo con los motivos por los que La Guía Del Autoestopista Galáctico da tanto para pensar, es importante mencionar que además ser un libro humorístico y lidiar con el concepto de la casualidad, desarrolla también temas relacionados a la física, la astronomía, ahonda en cuestionamientos filosóficos y realiza críticas sociales. La Guía Del Autoestopista Galáctico es un libro tan bacán y tan completo que es absurdo. En un nuevo intento de describir mis emociones hacia esta obra busqué un gif y este me pareció apropiado:

Yo
El único problema ahora es que necesito leer los demás libros y necesito leerlos en Inglés, por lo que literalmente apenas pueda pretendo encargar la serie completa por Bookdepository. Respecto al idioma, si bien le edición en Español que leí era satisfactoria y la recomiendo para quienes quieran comenzar a leerlo (actividad que les sugiero con mucha pasión), al ser humor originalmente concebido en Inglés hay algunas sutilezas del lenguaje o detalles que se pierden al leer una traducción. Como me pasó con una referencia a una canción de Bob Dylan, por ejemplo, de la que solo me di por enterada cuando casualmente leí exactamente el mismo extracto que había leído recientemente en Español en internet, pero en Inglés.

Para ir finalizando, quisiera añadir que el libro es rapidísimo de leer, se hace muy corto, es altamente adictivo por lo que requiere de la inmediata lectura de las demás partes, pero el lado positivo es que absolutamente todos sus formatos alternativos son sumamente satisfactorios y respetuosos de la idea original, sin mencionar que Douglas estuvo involucrado en la creación de casi todo lo que lleve las palabras “The Hichhiker’s Guide To The Galaxy”. La Guía Del Autoestopista Galáctico, tal y como dije al principio, es muchísimo más que un libro, y en su condición de muchísimo más que un libro los invito a conocer la obra en su vastedad: los invito a ver la película, a escuchar la serie radial, a leer los libros, a celebrar el día de la toalla conmigo, y a partirse de la risa con el humor más inteligente y bonito y repleto de crítica y a la vez cariño que he leído en mi vida.

Por supuesto que esta obra se enlistó entre mis favoritas. Y para enorgullecer a Douglas Adams y su amor por la tecnología (¡él predijo los Kindles antes de que existieran, se me había olvidado contarles eso!) quisiera dejarles una serie de links que podrían interesarles en caso de que esta torpe pero emocionada reseña los entusiasmara:


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