sábado, 28 de febrero de 2015

La Insoportable Levedad Del Ser por Milan Kundera – una reseña no reseña, quizá un testimonio, quizá una historia

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Acabo de terminar de leer por segunda vez La Insoportable Levedad Del Ser, por Milan Kundera, y tengo el pecho apretado. Siento que fue una experiencia tan larga, tan intensa, como si hubiese pasado toda una vida leyéndolo, cuando en realidad no me demoré más de lo que me he demorado en leer otros libros. Supongo que solo ocurrieron demasiadas cosas mientras lo leía.

Las dos veces que he leído La Insoportable Levedad Del Ser ha sido durante tiempos emocionalmente intensos, y las dos veces que lo he leído se ha sentido más que como una novela, por lo que desde ya advierto que ésta no será una reseña ni una crítica, sino quizá una suerte de testimonio.

La primera vez que lo leí fue porque era uno de los libros favoritos del que después se transformaría en mi primer pololo. Lo leí sin mayores expectativas, recuerdo que solo me ilusionaba tener en mis manos una obra que ya hubiese sido leída por el chico que tanto me gustaba, pero a las pocas páginas noté que coincidía con muchísimos aspectos, interrogantes y observaciones de mi persona y me sumergí completamente en él.

La primera vez que lo leí fue una experiencia emocionalmente intensa porque en cada línea que me llegaba, creía distinguir un rasgo del chico que me gustaba y un vínculo que podríamos compartir. “A él le emocionó exactamente esto mismo que me emociona tanto a mí, quizá somos almas gemelas” pensaba, y todos los sentimientos se potenciaban.

La Insoportable Levedad Del Ser es un libro que contiene romance, por lo que como buena romántica flan que soy, no podía evitar realizar torpes comparaciones. Hasta el día de hoy me siento ligeramente identificada con Teresa, una de los personajes principales del libro, y me gustaba creer que el chico que me gustaba era quizá como Tomás. Que más allá de cualquier comportamiento que pareciera disfrazarse de indiferencia, malgenio o infidelidad, en el fondo no albergaba más que amor hacia Teresa.  

Después de leer ese libro me enamoré del que en poco tiempo sería mi primer pololo.

Claramente, tanto mis sentimientos como nuestra historia evolucionaron, por lo que pronto la lectura del libro no quedó en más que una anécdota en la historia de nuestra relación. Sin embargo, además de la trascendencia emocional que había adquirido el libro con su primera lectura, también había trascendido literariamente.

La Insoportable Levedad Del Ser es una obra que trata muchos temas que históricamente me han parecido interesantísimos: lo efímero e insignificante de la humanidad, las relaciones humanas, las emociones, la guerra, el amor, la sociedad, la moral, la ética. Entre algunos expertos en literatura se le considera un libro menor, pero en mi caso se enlistó inmediatamente entre mis favoritos.

El tiempo pasó, la historia con el que en aquél entonces sería mi pololo terminó dos años y medio después. Sin embargo, el valor del libro permaneció, y habiendo superado el dolor inicial de la ruptura (la cual ocurrió hace ya casi un año) me alegró descubrir que había transformado al libro en un objeto propio, y que más allá de los recuerdos, no estaba emocionalmente vinculado a mi ex. La Insoportable Levedad Del Ser, junto con muchas otros libros, canciones, películas y objetos que entran a tu vida a través de una pareja, ya no eran “cosas que me recordaban a mi ex”, sino que eran mías, cosas que me evocaban mi propia e independiente felicidad y no la vida que había compartido con alguien más.

Más tiempo pasó, y tal y como las tramas de algunos libros regresan, porque van cobrando todavía más valor con el tiempo y el procesamiento de su mensaje (tal y como menciono en esta entrada, en la que hablo de algunos libros que trascendieron en mi persona después de un tiempo tras ser leídos) llegó un punto en que comencé a recordarlo y recomendarlo con frecuencia; porque es un libro en sí emotivo, bello, entretenido, sobrecogedor, y el único libro con el que he llorado en toda mi vida (siendo una persona a la que le cuesta y le disgusta llorar).

La copia que había leído y subrayado con dedicación en el pasado estaba en manos de mi ex, pero a fines del 2014 mi abuelo me lo regaló y volví a tenerlo en mis manos, en un reencuentro emocionante como el libro mismo. A fines de Enero o principios de Febrero, por fin, me hice un hueco entre los muchos otros libros que tengo ganas de leer y me decidí a volver a leerlo. Quién diría que la segunda lectura iba a ser tan intensa como la primera.

Desde que partió el año que este 2015 ha probado ser un año de retos personales, nuevas experiencias y nuevas emociones. Ha sido difícil, sí, un poco (bastante) duro, un poco (bastante) confuso, un poco (bastante) angustioso, pero sin duda no ha sido malo. Ha traído sonrisas, mariposas, alegrías, emociones, dolores, lágrimas, pero por sobre todas las cosas ha traído conocimiento. Y para las personas que me conocen, sabrán que al final del día es ello lo que más me importa en esta breve existencia.

La Insoportable Levedad Del Ser me acompañó durante la parte más intensa de este inicio del año, por lo que se explica el que al terminarlo se sintiera como si una vida entera hubiese culminado.

Inicialmente, una de las partes más interesantes fue releer pasajes y recordar exactamente lo que había sentido la primera vez que los había leído, ahora con una perspectiva completamente distinta, más distante, más general y adaptada a mis circunstancias actuales. Sin embargo, aproximadamente después de dos tercios del libro, mis circunstancias se pusieron un poco patas pa’ arriba y terminarlo, teniendo tantas otras cosas dolorosamente complejas y enredadas en la cabeza, se transformó tanto en un reto personal como en una forma de recuperarme.

Habiendo terminado el libro, me siento como cuando llegué a las bases de Torres del Paine (aventura que espero poder narrar en detalle próximamente): un poco agotada, un poco desarmada, un poco adolorida. Fue un camino que se sintió extenso, duro y complejo (sin mencionar que el final del libro es para llorárselo entero). Sin embargo, por sobre todas las cosas, me siento feliz y victoriosa, porque logré sobreponerme a los recuerdos que mis circunstancias actuales me producían al tomar el libro, y porque logré sobreponerme a las circunstancias en sí, que a ratos amenazaban con tirarme en el sillón todo el día, sin ánimos de siquiera abrir los ojos.

Resulta curioso pensar en la casualidad de que las dos veces que leyera el libro fueran tan intensas. Sin embargo, me alegra también notar que mi cariño por él es independiente y transversal, y que me gustaría volver a leerlo una vez más, en algunos años, para contemplar el contexto que me rodee en aquél entonces y revivir con cariño el contexto que me rodeó alguna vez en el pasado, hoy presente.

Es emocionante pensar cómo los libros son máquinas del tiempo sumamente completas.

¿Deberían leer ustedes este libro? Yo siempre voy a decir que . Sean cuales sean sus motivos, La Insoportable Levedad Del Ser de Milan Kundera es un libro precioso, emotivo, interesante y – a mi parecer – muy bien escrito. Se lo tengo recomendado a como 5 personas, y también se lo recomiendo a ustedes.

Muchísimas gracias por leer. 

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