viernes, 26 de diciembre de 2014

2014

2014

Falta menos de una semana para que se termine el año, uno de los años más importantes de mi vida, y no podía dejarlo ir para siempre sin despedirme; tal y como no se deja ir a un viejo amigo, a un ser querido, a un ser trascendente sin un mínimo pensamiento.

A veces contemplo todas las cosas que ocurrieron este año y me cuesta creer que ese número absurdo de eventos ocurrieran todos en un espacio temporal de doce meses. Pienso en la Catalina del 1ero de Enero del 2014, en el norte de Chile, rodeada de personas que hoy son parte de una historia lejana, y me parece una Catalina tan distinta, tan niña, completamente ignorante de todo lo que ocurriría en un par de meses, y carente de un conocimiento sobre sí misma y la existencia que llegaría en torrentes algún tiempo después.

A veces contemplo el dos mil catorce y siento que viví tantas historias de las que podría escribir, que podría narrar, que a ratos pareciera que cada historia fuera de una vida distinta. Tantas, y todas diferentes, variadas, con distintos personajes, y distintos aprendizajes adquiridos al final de cada una de ellas. Muchas personas nuevas llegaron a mi vida, muchas se fueron para siempre. Muchas llegaron de forma temporal, dejaron huella en mí, y se retiraron. Pero las que me acompañaron en todo el proceso podrían dar fe de la cantidad de cosas que tenía para contarles cada vez que nos íbamos a tomar un tecito para ponernos al día, aunque la última vez que nos hubiésemos visto hubiese sido un mes atrás.

Me gusta pensar que el ícono de éste año fue mi tatuaje, mi pequeño y amado Phi, porque significa para mí lo que más me entregó este dos mil catorce: conocimiento. Conocimiento de mí misma, de la naturaleza de la sociabilización, de la vida. Y el aplicar éste conocimiento trajo también crecimiento, madurez, y un convivir más armónico con la existencia. Me gusta también comparar a la Catalina del 1ero de Enero con la Catalina de hoy, y observar cómo la de hoy es más valiente, más fuerte, tiene una mejor relación consigo misma, y es más feliz.

Como persona amante del conocimiento, me emociona además el observar como literalmente cada pequeño hecho que viví y cada persona que conocí me entregó un aprendizaje significativo. Cada una de las personas por las que lloré, por las que mi corazón latió, por las que solté un suspiro, una risa o una maldición, todas me dejaron algo. Nada ni nadie pasó sin dejar una huella, por diminuta que fuese. Y después de reír, llorar, extrañar, y dejar ir me parece que aquello es lo más importante: ser capaz de quedarte con algo positivo de cada quién y cada evento que viviste.

Para referirme también, quizá, a uno de los aprendizajes más importantes y que viví de forma repetida durante todo el año, me gustaría usar una frase bastante popular pero no por ello menos bonita: “This too shall pass”. Este año viví las alegrías más grandes de mi vida, pero también las tristezas más intensas. Este año ha sido, al mismo tiempo, el peor y mejor año de mi vida. Sin embargo, tal y como decía anteriormente, de todo lo malo me quedé con lo mejor. De todo lo malo aprendí que el dolor es pasajero, pero también que está en las manos de uno el decidir ser feliz. En el esfuerzo, en la reflexión, en el dar pasos, y en el buscar ayuda si te das cuenta que no puedes avanzar solo.

Por lo mismo, si bien la afirmación que hice anteriormente es la realidad, prefiero referirme a este año como el mejor año de mi vida. El que, hasta ahora, más aprendizajes me ha entregado, más alegrías me ha dado, más frutos de mi esfuerzo y perseverancia me ha mostrado, más sonrisas me ha sacado, más tranquilidad me ha dado. Y tal y como mencioné en algunas entradas anteriores: este ha sido el año en que podido manifestarme, expresarme, ser y vivir como quise hacerlo toda mi vida. Este año he experimentado la vida como siempre soñé.

Sé que todo lo que escribí es muy impreciso, muy general, muy vago y no doy ningún ejemplo. Pero es tanto y son tantas cosas, que si comenzara a ser precisa con algo tendría que serlo con todo, y terminaría publicando un libro con muchas vivencias que, por ahora, prefiero dejar para mí, o para conversaciones con un tecito, en las que podría darme la libertad de porcionar todo lo vivido sin tener que agotar todas mis energías en narrarlo todo, de una sola vez. Sin embargo, el blog ha sido uno de esos entes que me ha acompañado durante todo el proceso, y si leen mis entradas personales anteriores es probable que puedan hacerse una idea de algunas de las tantas cosas que han dejado huella en mí a lo largo de éste año.

A este año dos mil catorce que se va, sólo puedo darle las gracias. Gracias por enseñarme, aunque fuera del modo duro, aunque fuera con porrazos, aunque fuera con reflexiones sumidas en llanto y dolores densos y pesados en el pecho. Gracias también por recompensar de forma tan bonita el aprendizaje adquirido. Por traer tanta gente bella a mi vida, tantos tecitos, tantas risas, tanta compañía, tanta comprensión, tanta comida rica, tantas fotos bellas, tantos abrazos, tantas mariposas en el estómago, tantos paseos, y tantos lectores y seguidores nuevos, bellos y simpáticos al blog (esta mención no podía faltar, porque ha sido también una de las cosas importantes de este año). Gracias 2014 por traerme motivación, energía, valentía, alegría, fortaleza, independencia, confianza, seguridad, tranquilidad y responsabilidad.

Gracias también a esas personas que llegaron y se fueron. Y gracias también a esas personas que se quedaron. Gracias por todo el amor recibido este año, y espero de todo corazón haber podido reciprocar aunque sea parte de él.

En todos los fines de año, eso sí, me entra un diminuto temor del próximo. Me asusta el desconocimiento absoluto de las cosas con las que el año que viene podría sorprenderme, pero intento pensar que, sea lo que sea, los ciclos que son los años son en el fondo una concepción temporal ficticia, y que al final el tiempo prosigue, de forma lineal. Por lo que pase lo que pase, los eventos no harán más que seguir el curso de los demás eventos que he vivido a lo largo de este año, al igual que de todos los anteriores, a lo largo de mi vida.

Sea lo que sea que me depare el próximo año, estoy afirmada, con el cinturón de seguridad y el casco puesto. Y si tengo que desarmarme otra vez, que así sea, pero que nunca se me olvide que el conocimiento posterior a todas las tormentas será siempre positivo, que todo mal pasará, y que está en mi mano que las sorpresas que me depara el futuro sean positivas.

A este 2014 le digo chaolín y muchas, muchísimas gracias por venir.

PD. El collage de arriba intenta (porque no se puede resumir bien un año en tan pocas fotos) ser una representación del 2014, las cosas que viví y las personas con las que compartí, con las fotos que capturé a lo largo del año. Son hartas fotos, y no están dispuestas de forma en que cada mes tenga la misma cantidad de fotos. Lo único es que están dispuestas de forma cronológica. Las dos primera fotos representan los primeros 4 meses, y de ahí en adelante. Algunas fotos de personas significan a la persona en sí, pero también hechos que rodearon la captura de la foto. Y a la vez, fotos de lugares, además del hecho de estar allí en sí, en muchos casos representa a las personas que me acompañaron en esa experiencia. Hay muchas fotos de comida, porque pucha que salí a comer con amigos <3 

No hay comentarios:

Publicar un comentario