lunes, 15 de septiembre de 2014

Spirit House, por Mark Dapin + reflexiones anexas varias

Tengo la sensación de que hace mucho tiempo que no me terminaba un libro. Después de ese pequeño evento que le dio un vuelco positivo en 180 grados a mi vida en Mayo, solo había terminado de leer un libro. Aunque The Haunting Of Hill House lo leí a conciencia y lo disfruté, el terminar de leer Spirit House tiene un sabor distinto, un sabor que hace tiempo no experimentaba.

Terminé de leer The Haunting Of Hill House el 21 de Junio. Spirit House llegó pocos días después de mi cumpleaños, alrededor de mediados de Julio. Hoy estamos a 15 de Septiembre. Acostumbrada a leer un libro por mes, hace casi tres meses que no me terminaba un libro.  

Mientras leía Spirit House, no podía evitar sentir que últimamente mis hábitos lectores se habían visto ligeramente mermados. No puedo decir que no sentía algo de rabia y vergüenza conmigo misma al llevar tanto tiempo sin terminar un libro. Racionalmente sabía que no era por motivos despreciables, racionalmente sabía que era porque tenía poco tiempo en la U y además una nueva y amplísima gama de intereses en los que estaba profundizando. Pero íntimamente no podía dejar de sentirme algo floja... y odiarme un poco por ello.

Hoy después de terminar de leer Spirit House, no sólo estoy invadida por los clásicos sentimientos que nos abruman a algunos lectores después de culminar un libro, sino que también siento que me reconcilié conmigo misma. Siento que el tiempo que me tardé en terminar este libro y las cosas que ocurrieron entremedio valieron la pena para transformarme en una mejor lectora, y siento que la mirada que hoy tengo de la literatura que leo, respecto a la Catalina de algunos meses atrás, es mucho más madura, reflexiva y a mí me hace sentir más feliz y satisfecha.

Claramente ahora, ya recuperado un poco el ritmo de mi vida, quisiera ponerme al día y volver a mi hábito de leer mínimo un libro por mes, pero ya no seguiré martirizándome por no haberlo hecho por un tiempo.

Antes de proceder con la crítica en sí del libro, quisiera aludir un poco a ese sentimiento de terminar un libro, porque hace tanto tiempo que no lo experimentaba, que siento que hoy puedo darle una descripción más clara, más definida dentro lo abrumadoramente imprecisa que puede ser la descripción de un sentimiento tan inmenso y bello – y personal, por lo que puede que no todos lo sientan como yo -.

Es fuerte ¿saben? Porque en el fondo uno tiene que decirle adiós (no adiós para siempre, pero sí un “hasta pronto”) a personajes que te acompañaron por un tiempo considerable. Decirle “hasta pronto” a un lugar, a un contexto en el que viviste todas las noches antes de ir a dormir. Es como volver a casa después de pasar un mes en un lugar conociendo a su gente, sus historias, sus lugares. Te subes al avión, al auto, al bus, volteas la última página del libro y ya sientes nostalgia, ya extrañas todo. Como la nostalgia, terminar un libro es un sentimiento ambivalente. Por un lado es un pequeño pinchazo en el corazón tener que despedirse, aunque sea un “hasta pronto”, pero por otro es un logro, un dulce logro.

Culminar un libro – para mí – se siente también como subir un pequeño peldaño en la infinita escalera de logros que quisiera alcanzar en mi vida, y es un sentimiento infinitamente gratificante.

Ahora… Spirit House. Desde ya advierto que esta será una reseña larga, porque hay mucho que decir del libro.

Spirit House

Spirit House es el primer libro que me envía mi querida página Bookdepository para reseñar. Me lo enviaron gratis, es una copia sin corregir y sin portada porque todavía es un libro que está en proceso de ser publicado (aún no se lanza oficialmente), lo que en cuanto llegó me hizo sentir poderosamente especial y ligeramente exclusiva (jiij). Sin embargo, debo decir que no tenía absolutamente ninguna expectativa. Acepté el reto porque que te envíen libros para reseñar no es una oportunidad que se presente todos los días, pero sinceramente esperaba que me mandaran libros malos y fomes, como algunos/muchos de los que últimamente llegan – en mi opinión – a las librerías nacionales.

Sin embargo, empecé a leerlo y a las pocas páginas me conquistó con la presentación de sus personajes. Entrañablemente tiernos, ingenuos, graciosísimos, pero al mismo tiempo perseguidos por los peores fantasmas que pueden atormentar a los seres humanos.

Spirit House es una novela sobre Jimmy, un anciano australiano judío sobreviviente de la construcción del ferrocarril de Birmania, que le cuenta sus desventuras y le abre el corazón a la única persona con la que puede identificarse a aquellas alturas de su vida: su nieto, David, un muchachito de 13 años cuyos padres ignoran completamente y que después de haber crecido en el protegido y dulce ambiente de los abuelos sufre dificultades también para relacionarse con sus pares.

El Ferrocarril de Birmania fue un ferrocarril –  dah – cuya construcción ordenó Japón durante la segunda guerra mundial y para cuya mano de obra se utilizó a prisioneros de guerra. Como todo en la guerra, estuvo plagado de muerte, abuso, enfermedad, dolor y todo lo malo que puede salir y experimentar un ser humano. Y es precisamente ello lo que atormenta a Jimmy, el recuerdo del pasado y la pérdida de los amigos que lo acompañaron y lo ayudaron a sobrevivir en el infierno, cuyos cadáveres comienza a encontrar en el clóset, en la playa, en sus sueños.

Foto real de la construcción del ferrocarril de Birmania. Foto del estado de los prisioneros aquí.
Para poder volver a vivir, para dejar de ser atormentado por fantasmas, para poder recordar a sus camaradas como debían ser recordados y no después de sus últimos suspiros colgados del cuello de la rama de un árbol, Jimmy y David deciden construir una casa de espíritus (una Spirit House). Las casas de espíritus son pequeñas casitas tradicionales del sudeste asiático que se colocan sobre un postecito y, supuestamente, albergan los espíritus protectores de los alrededores del hogar (foto, aquí). Jimmy y David la construyen para poder darle un lugar a los espíritus de los amigos del pasado, y el grueso del libro transcurre mientras el anciano le narra su experiencia en la guerra a su nieto mientras construyen una casa de espíritus… especial.

Ya la trama de Spirit House es destacable. No es sólo una novela con contenido histórico (no sé si alcanzaría para novela histórica, pero casi), sino que además toca temas de la profundidad emocional del ser humano de forma muy bella, sensible, y con un humor agudísimo muy bien dosificado.

Mientras iba leyendo aparecían tantas cosas fascinantes que tuve que empezar a ir tomando notas. En un principio iba a referirme a todas las notas que tomé, pero al final me parece que todas apuntan a un mismo tema: los personajes.  

Tal y como mencionaba un poco antes, los personajes de Spirit House son notables, y quisiera sacarme el sombrero frente a Mark Dapin por desarrollar psicologías contextualizadas de forma tan – pero tan – desarrollada y precisa en aproximadamente 350 páginas.

Por un lado tenemos a los viejos. Jimmy y sus amigos, todos veteranos de guerra, cada uno intentando lidiar como puede con el pasado. Algunos negándolo y reemplazándolo con vivencias ficticias, otros ocupando la mente de forma obsesiva en cháchara, otros escribiendo, otros – Jimmy -  construyendo una Spirit House.

Por otro lado tenemos a David. David es el relator del libro, y el hecho de que sea un muchachito ingenuo pero ingenioso de 13 años le da un toque sencillamente genial – genial de genialidad – a la narración. Mientras leía me reía a carcajadas con algunas observaciones que hacía (como entender la palabra “handjob” como “trabajo manual” cuando realmente es una felación), o la relación que tenía con su abuelo, que después de narrarle todos los estragos de la guerra olvidaba su juventud y le invitaba un Wisky, a lo que David respondía “but I’m only thirteen” (pero tengo solo trece años).

Sin embargo, David también es un jovencito atormentado. A ratos, entre las observaciones ingeniosas, graciosas, ingenuas y sensibles que hacía me recordó un poquito a Holden, de El Guardián Entre El Centeno, y a algunos les podría recordar un poquito a Charlie, de The Perks Of Being A Wallflower (Las Ventajas De Ser Invisible). Tal y como los personajes de aquellos libros, David también se siente muy solo, incomprendido y violentado por la actitud de sus pares después de crecer protegido por un par de abuelos que, tras haber experimentado la guerra, quisieron crear para su nieto el ambiente más calmo, dulce y carente de violencia que les fuera posible.

Los padres de David son entes completamente ausentes, y las pocas interacciones que tienen con su hijo bordean de tal forma lo surreal, que utilizando aquellos recursos Dapin logra de forma realmente satisfactoria el transmitir la desesperación del chico a los lectores. Uno realmente lo siente, uno realmente se angustia, uno realmente se desespera y dan ganas de insertar las manos en el libro para ahorcar a padres tan ruines.  

Para seguir con los personajes, después de los viejos y los dos personajes principales, tenemos a los personajes extras, incidentales, pero que igualmente están tan, tan bien hechos y ubicados que vale la pena mencionarlos. Los personajes incidentales eran, en general, recursos meramente hilarantes. Están el Judío estricto a quién Jimmy molestaba con ser Hare Krishna, una pareja de Maorís a quienes Jimmy aparentaba tratar con desprecio racial que termina denotando un claro cariño hondísimo, y muchos otros, como un par de surfers asiáticos esperando el bus o la camarera de un restaurant Thai que hace a David sentirse hombre por primera vez.

Otra cosa que me pareció poderosamente interesante de leer Spirit House fue el aprender de otras culturas. Mis conocimientos de Asia en general son bastante reducidos, y aunque las religiones como tema siempre me han interesado mucho, tampoco sabía mucho de los Judíos. Sin embargo, después de leer Spirit House aprendí mucho. No es que hoy sea docta en ello, pero sí ahora manejo muchos conceptos de la tradición judía y de la tradición asiática que antes no manejaba. Como lo que son los tefilin, las casas de espíritus, el concepto de yiddish, y muchas palabras del vocabulario yiddish (judío) que en otras circunstancias jamás podría haber aprendido, como: ava ashalom (en español sería como el “descanse en paz”), faygeleh (gay), moshiach (mesías), tochis (poto), etc.

El tema más importante del libro, eso sí, y que merece una gran mención antes de empezar a cerrar esta reseña inmensa, es la guerra. Y merece mayúsculas porque es el tema más fuerte y poderoso que se trata en el libro.

Todos sabemos que la guerra es mala, todos sabemos que la guerra duele, pero mientras no se experimente, es un dolor y un horror que, aunque lo intentemos, jamás lograremos entender y con el que jamás lograremos empatizar enteramente. Es un asunto tan terrible, tan horrible, y muchas veces tan largo, que las dimensiones de distorsión humana a las que puede llegar son inimaginables para nosotros que vivimos relativamente tranquilos en nuestros hogares, en nuestras casas y en nuestras calles.

Algo muy bonito, y que rescato mucho, y con lo que felicito al autor, es que el libro era muy justo. Si bien los japoneses, se podría decir, eran en general “el enemigo” en el libro, me pareció interesante que Jimmy, a través del autor, mencionara que realmente ellos tampoco eran los culpables de toda la muerte, el dolor y la brutalidad. Al fin y al cabo, en estas circunstancias casi todos reciben órdenes, y si hay algún culpable, son quiénes las emiten. Hay un solo personaje que tanto Jimmy como el autor señala como culpable, pero tendrán que leer el libro para saber quién. Lo que sí es que en cuanto uno se encuentra con él en el libro, ya quieres matarlo o torturarlo de la misma forma en que él tortura a algunos de los personajes.

Después de conocer a los amigos perdidos de Jimmy a través de su narración, se termina sufriendo al igual que él sus muertes, sus desapariciones, sus pérdidas. Y se entiende, de todo corazón, el significado especial de la construcción de aquella casa de espíritus especial.

Spirit House
Las esquinas dobladas de las páginas con partes o citas que me parecían notables. Muchas.
Para finalizar quisiera decir que es un libro precioso. Muy, muy bonito. Que me hizo reír a carcajadas pero a la vez entristecerme casi hasta las lágrimas. Que me apretó el corazón, pero también me hizo cosquillas. La narración es bella y especial, desde los ojos de un muchacho que ingenuamente ansía la fortaleza que cree que otorga la guerra al verla en los hombros de su abuelo, pero que madura a lo largo del relato y nos obsequia a los lectores con pasajes reflexivos, otros hilarantes, otros sencillamente… bellos.

Disfruté mucho de Spirit House, y genuinamente, de todo corazón, espero que llegue una versión en Español a Chile porque recomiendo el libro de todas formas, y sin duda sugeriría que lo leyeran si gustan de todos los temas abordados. Se supone que después de escribir esta reseña, cuando salga el libro de forma oficial, Bookdepository debería enviarme una copia corregida ya, con portada hecha y derecha. Si la llego a recibir, sin duda la sortearé para que alguno de ustedes pueda disfrutar de Spirit House. A mí realmente solo me interesa conservar la copia que leí y con la cuál me encariñé, el manuscrito sin corregir.

Ojalá les tinque el libro, y cuando salga, algunos se entusiasmen a leerlo, aunque sea en Inglés. El nivel de Inglés no es muy difícil, y la única parte que puede resultar algo compleja al principio pueden ser los conceptos Judíos. Pero por si alguien lo necesita, tengo un glosario de todas las palabras judías presentes en el libro :-D El libro también tiene unas citas buenísimas, intentaré colocarlas en Goodreads.

Como siempre, infinitas gracias por sus comentarios, apoyo, cariño <3 y muchas gracias por leer. Sé que me he demorado un poco en contestar algunos comentarios pero juro que los he leído y apreciado y prometo contestar durante esta semana. Sobre el próximo libro que leeré... todavía no estoy segura, pero sin duda se enterarán a través de Instagram :-D

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