jueves, 25 de septiembre de 2014

Corazón feliz

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Son las 11 de la noche. Después de un día largo acompañando a mi mamá en su operación, volando a la universidad, volviendo al hospital, regresando a casa, y hallándome aquí subiendo mis últimos tres rollos de fotos análogas, me embriaga un sentimiento que no quería quedarme sin compartir.

Recuerdo como hace algunos años, cuando seguía a varias bloggeras extranjeras y contemplaba las fotos análogas de sus aventuras, un sentimiento desesperanzador me atrapaba el corazón y me retorcía las tripas. ¿Por qué yo no podía tener fotos tan bonitas como las de ellas? ¿por qué no tenía personas a quienes fotografiar con sonrisas espontáneas en los rostros mientras disfrutaban de helados o paseaban por bosques?

A veces intentaba echarle la culpa al hecho de que eran extranjeras, “esque Chile es fome y en el extranjero es todo mejor y más simple y no hay ladrones que te roben las cámaras en las calles”. Pero un día fui sincera conmigo misma y asimile que no tenía fotos como aquellas porque no estaba realmente viviendo aventuras dignas de fotografiar. Porque no estaba relacionándome con nadie genuinamente interesante. Porque no estaba viviendo nada muy digno, la verdad. No estaba viviendo nada. Y las tripas y el corazón se me retorcían porque no sentía que hubiese nada que pudiese hacer. Era una niña antisocial, temerosa del exterior, con una vida fome. Solo la esperanza de “ojalá algún día superar las trabas que me impiden vivir aventuras” me permitía suspirar, apagar el computador, irme a dormir y despertar al día siguiente para seguir sumida en mi rutina.

Hace 5 meses mi vida dio un vuelco en 180º. Me caí, y pensando que no podría levantarme nunca más, me levanté. Y contemplé todo lo que tenía por delante, las torpezas que me estaban deteniendo, lo mucho que tenía que ganar y lo poco que tenía que perder. Y sin darme cuenta, de pronto me hallaba y me hallo en el que – siento – es genuinamente el mejor momento de mi vida hasta ahora.  

Como todos, he pasado penas. Me ha dolido el corazón, la guata, la cabeza. Pero más allá de pequeños tropiezos, estos últimos 5 meses el sentimiento que ha predominado ha sido el de una inmensísimamente dulce satisfacción. Un orgullo de mi misma por haber superado mis miedos, un orgullo de mí misma por sentirme más valiente, más grande, más madura, más fuerte. Y rodeada de un cariño inimaginable de todas las personas maravillosas que hoy tengo en mi vida y que no tenía hace 5 meses.

Me doy cuenta de forma tangible de éstos hechos contemplando rostros, sonrisas espontáneas, caras nuevas, aventuras, en las fotos que revelé (y que pueden ver más abajo). Y eso que faltan personas, y eso que podría haber tomado más fotos. Esto es lo que quería vivir siempre, esto es lo que quería hacer, así es como quería sentirme. Ésta es la vida que quería vivir: una digna de fotografiar, una digna de narrar, una digna de la cual inspirarse.

Esto está recién comenzando, y aunque a veces el futuro me asusta, por primera vez no tengo miedo de sentirme sola, ni miedo de volver a sentir que mi vida es una masa gris y aburrida, ni miedo de que la rutina me atrape.

Hoy me siento feliz, como hace muchos años no me sentía. Y en parte también tengo que agradecérselo a ustedes.