martes, 26 de agosto de 2014

Un pequeño tributo a Julio Cortázar en su centenario

Un día como hoy hace exactamente 100 años nació cronopio padre, el escritor con cuya literatura más me he sentido identificada en la vida, mi escritor hispanohablante favorito, Julio Cortázar.

Con mucha dificultad recuerdo los cumpleaños, y siendo completamente sincera, suele ser alguna otra persona o red social la que me recuerda de los cumpleaños de mis cercanos. Sin embargo, hoy recordé el centenario de Julito, y recordé que casualmente el lunes – mientras me preparaba para la universidad, el peor momento - había escrito un brevísimo cuento propio como tributo a Historias de Cronopios y de Famas.

Pensaba publicarlo el fin de semana junto a una entrada más desarrollada  que redimiera mi ausencia en el blog desde que volví a clases (estúpida universidad absorbe tiempo L) pero me pareció que no podía desaprovechar este momento.

Mi cuento es torpe, corto y casi no tiene edición por lo que ni siquiera vale la pena compararlo con los de Julito; sin embargo, también es flan de sentimientos como el cronopio que soy por dentro. Hoy le dedico este torpe cuentito a ese caballero que me habría gustado tener de amigo personal, tío, abuelo, vecino y/o conocido incidental.

Muy feliz cumpleaños don Julito Cortázar, gracias por existir, por crear arte, literatura, cronopios, realidades surreales. Se lo quiere con todo el corazón, y se lo extraña.

Enamoramiento del cronopio
Cuando un cronopio se enamora pierde todo raciocinio. Tropieza con muebles, animales, automóviles, esperanzas, y al cabo de poco tiempo se le hincha el alma de ilusiones y estalla. El estallido de un cronopio es una escena tan bella y emotiva - como todo arte - que los famas y las esperanzas suelen estar siempre a la búsqueda de cronopios enamorados para poder presenciar el espectáculo. Sin embargo, cuando los cronopios se mueren de amor, tanto famas como esperanzas no pueden evitar derramar algunas lágrimas. Es tan bello y a la vez tan triste, igual de ambivalente que el sentimiento que los mata. Después las esperanzas se sienten culpables de haber tropezado con ellos. 

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