domingo, 31 de agosto de 2014

Traducciones y versiones reducidas + actualización personal

Y es domingo, y se fue el fin de semana, y el poco tiempo libre que tuve para dedicar a las cosas que me gustan se pasó volando. He escrito poco en el blog últimamente, lo que me pone algo triste, pero la universidad ha estado muy demandante y fome lo que lamentablemente me deja con poco tiempo para hacer realmente cualquier cosa. Me disculpo, con ustedes y conmigo misma.

Nunca he hablado propiamente de ésto, pero las personas que me leen por algún tiempo puede que hayan inferido que no lo paso especialmente de lo lindo en mi carrera. Si bien lo que estudio no me molesta, y me he enamorado de la pedagogía y el Inglés por separado, lamentablemente no es lo que me apasiona ni mucho menos mi vocación. Estoy estudiando esta carrera por necesidad, y si bien cuando termine (lo que afortunadamente ocurrirá muy pronto) pretendo re-encauzar mi vida en dirección a mis pasiones y vocación artística, es especialmente agotador dedicar tanto tiempo a algo que no te llena realmente, y que el tiempo que le puedes dedicar a lo que te llena sea tan poco.

Pero no importa, no importa porque ahora mismo estoy acá, escribiendo, y a pesar de esa introducción con un deje ligeramente emo, las cosas con las que la vida me ha sorprendido este último tiempo han sido interesantes, bellas, emocionalmente challenging y por sobre todo: nuevas. He experimentado alegrías muy intensas y algunas penas, pero el saber que estoy viviendo una etapa de cambios y adquisición de conocimiento me llena con una felicidad superior a cualquier pena torpe por aquí o por allá. Y aunque las instancias para escribir en el blog escasean un poco, estoy repleta de ideas y proyectos a realizar tanto por mi cuenta como con bellas y entusiastas personas que han llegado a mi vida en el momento preciso <3

Sin embargo, yo no venía solamente a hablar de mi vida.

La semana pasada (¿o hace un poco más de tiempo incluso?) recibí un comentario sobre mi opinión acerca de las traducciones en esta entrada, y me dejó reflexiva, pensando que quizá sería interesante ahondar en el tema. Para la persona que me escribió el comentario: no quiero que piense que esta es una “respuesta enojada” ni nada, al contrario, agradezco que manifestara su desacuerdo e invito a cualquier persona que esté en desacuerdo con lo que me aprontaré a escribir (y con cualquier cosa que escriba, realmente), a que lo manifieste y me explique sus argumentos (siempre que sea con buena onda, tal y como lo hizo la persona que comentó).

Hoy vengo a hablar sobre dos temas que considero ligeramente polémicos en lo que respecta a literatura y son:
Los motivos básicos para la existencia de ambos tipos de textos son el solucionar nuestra vida, lo que está lejos de ser algo negativo. Si bien en mi post anterior dije que leer traducciones era una “experiencia catastrófica” tengo que admitir que me sobrepasé con mi mala costumbre de utilizar expresiones hipérboles, y si bien a mí no me gusta, es un tema que está lejos de ser una actividad catastrófica.


Las traducciones existen como puente de información entre lenguajes. Si no existieran, no tendríamos a nuestra disposición una parte importantísima del conocimiento que manejamos pues tendríamos que limitarnos solo a lo que se produjera en países de habla hispana. Las traducciones nos permiten conocer nuevas culturas, nuevos estilos literarios, nuevas vidas, y básicamente acceder a información que proviene de lugares eventualmente lejanos y distintos al nuestro.

Aprovechando la instancia quisiera decir que incluso yo misma he pensado varias veces en hacer traducciones. Varias veces en el blog he mencionado o escrito reseñas de libros que no existen en Español, y me encantaría poder ayudar a que personas que no pueden leer en Inglés tuviesen la oportunidad de leer esos libros bacanes que leí y disfruté yo.

En síntesis, las traducciones son amigas. SIN EMBARGO, me parece que tanto las traducciones como todo en la vida últimamente han ido empobreciéndose y perdiendo oportunidades importantes que se podrían explotar para aportar de forma constructiva al intelecto global.

Por supuesto que esto no es culpa de los traductores. Si bien existen traductores buenos y traductores malos, por mucho que un traductor tenga la mejor intención del mundo, son muchas veces las editoriales o mandamases superiores los que obligan al traductor a traducir algo de forma aberrante. Y es esto lo que me parece criticable: no el traductor, sino la traducción impuesta porque quienes deciden en la industria de las traducciones y los libros.

Cosas que me producen cáncer de las traducciones son básicamente la traducción de sustantivos propios (especialmente nombres) y la omisión de mensajes importantes entregados en el manuscrito original a través de la cuidadosa selección de una palabra, al traducir la expresión de forma vaga y superficial.

Me han explicado por qué se hace lo primero: porque muchas veces algunos lectores no pueden pronunciar nombres extranjeros y posteriormente la lectura se dificulta. Según estuve investigando un poco también, es una práctica que lleva siglos. Entiendo que algunos nombres puedan ser complejos, entiendo que seguir una lectura se pueda volver ligeramente más difícil en aquellas circunstancias, y entiendo que por lo mismo existan algunas ediciones de libros que pretendan facilitarle la lectura a algunas personas mediante la traducción de los nombres. Sin embargo, me parece que generalizar esa dificultad entre todos los lectores y que el grueso de los libros que llegan a Chile lleven los nombres traducidos, es sencilla y groseramente fomentar la flojera mental.

Con lo que acabo de decir podrían estar muchos en desacuerdo, y lo entenderé perfectamente porque creo que me acabo de mandar una declaración un tanto políticamente incorrecta. Pero quisiera dar mis argumentos: viviendo en el mundo globalizado que vivimos, viendo los programas de tele que vemos (cuya mayoría son estupidísimos pero están repletos de palabras y nombres que ni yo proceso), utilizando los equipos tecnológicos que utilizamos, pensando lo que pensamos, diciendo lo que decimos, utilizando las palabras que utilizamos, no teniendo ninguna discapacidad cognitiva especial, para una persona que se embarca en un libro ¿es realmente una dificultad tan inmensa lidiar con Jean Valjean en lugar de Juan Valjean (Los Miserables – Victor Hugo)? ¿es realmente tan complejo leer Snowball en lugar de Bola de Nieve (Animal Farm – George Orwell)? Orzelski (Polonia – James A. Michener) sí podría ser algo más complejo pero ¿tanto? ¿tanto? ¿no es algo que con un poquito de esfuerzo se pueda remediar?

Cuando los autores bautizan a sus personajes llevan a cabo un proceso exactamente igual al que lleva un padre o una madre al bautizar a sus hijos. Existe un motivo para aquél nombre, y aunque no lo exista y sea meramente estético, tal y como yo me llamo Catalina y usted lleva el nombre que sus padres le pusieron, me parece que sencillamente no existe derecho a que sean modificados dependiendo del país en el que el nombre sea leído, pensado o dicho. Ni en el caso de personajes literarios, ni en el de personajes históricos cuyos nombres originales han quedado casi perdidos de lo muy perpetuada y extendida a nivel global que está aquella mera mala costumbre.  

Volviendo a los puntos que me producían cáncer, en el caso del segundo (“la omisión de mensajes importantes entregados en el manuscrito original a través de la cuidadosa selección de una palabra”) si bien creo que parte importante es desprolijidad, flojera y falta de profesionalismo de parte de la editorial, creo que algunos traductores también tienen algo de responsabilidad al no esforzarse en hallar una traducción más precisa o exigir una forma de aclararlo a los editores. Sin tener éste asunto ni siquiera una intención facilitadora (como amenizar la lectura, en el caso de la traducción de algunos nombres para algunos lectores), me parece de las aberraciones más condenables en lo que a literatura y traducciones respecte.

Respecto a ello, la traducción de nombres, y la pérdida de oportunidades constructivas que mencionaba anteriormente, la oportunidad a la que quería aludir especialmente era el uso de notas a pie de página.

Las notas a pie de página de parte de los traductores se usan poco. Lo más probable es que más por culpa de las editoriales – otra vez – que de los traductores. Sin embargo, siempre que están, son bacanes, hermosas, maravillosas, y siempre – siempre – son increíblemente útiles, constructivas, y podrían solucionar una gran cantidad de los problemas mencionados anteriormente.


Mi edición de Lolita, por Vladimir Nabokov (Vintage Español) es la mejor traducción que he leído en toda mi vida, hasta ahora. Y aunque al principio quise matarme porque había comprado la traducción pensando que el manuscrito original había sido escrito Ruso (cuando en realidad había sido escrito en Inglés, HERP DERP) ha sido una de las experiencias literarias más agradables y constructivas que he experimentado. El traductor (Francesc Roca) traducía todo lo necesario, y lo que en el idioma original llevaba un sentido especial que la traducción no podía transmitir, lo mencionaba en una nota a pie de página. Al igual que nombres de personajes, objetos, lugares, e incluso datos históricos o información importante que el lector debería manejar para entender de forma óptima el libro. Las notas a pie de página eran breves, pero de un estratosférico. Y es precisamente esto mismo lo que le propondría, sugeriría, espetaría  y gritaría a los encargados de las traducciones que llegan a Chile. 

Libros

Respecto a las versiones reducidas (como que me extendí un poco mucho con las traducciones, espero que no estén aburridos a estas alturas de tanta cháchara) sintetizaré mi opinión: creo que – al igual que las ediciones de libros con nombres traducidos – es pertinente que existan, sirven para motivar una eventual interés más hondo en la obra original, pero deberían evitarse en cuanto se pueda.

En general las versiones reducidas existen cuando una obra exige ser leída en un contexto académico. En el colegio nos hicieron leer la versión reducida de Don Quijote y en primer o segundo año de universidad (no recuerdo exactamente en cuál) nos hicieron leer las versiones reducidas de El Gran Gatsby y Cumbres Borrascosas.

Las tres obras (como muchas otras obras llevadas a versiones reducidas) son importantísimas y me parece pertinente que sean parte obligatoria de la cultura general al ser estudiadas. Sin embargo, no puedo dejar de resentir con un sabor amargo el que nos hicieran leer versiones reducidas en contextos en que se podría haber exigido de nosotros leer versiones originales, ya fuera de esos mismos, u otros clásicos.


En el colegio no podíamos leer a Don Quijote entero, y me parece que teníamos que terminar nuestra educación escolar teniendo aunque fuera una noción de él, por lo que no puedo quejarme demasiado de la versión reducida. Sin embargo, en el caso de la universidad, creo que se debería haber programado un poco más de tiempo para el desarrollo de la actividad y así leer el original, que no era mucho más largo ni mucho más complejo que la versión reducida. Otro clásico que todavía sigo esperando que se exija leer en mi universidad (y en cualquier institución que enseñe Inglés realmente) es El Guardián Entre El Centeno, el cual – insisto – tiene un vocabulario simplísimo que como estudiantes de primer año podríamos haber leído sin mayor dificultad a con la que terminamos leyendo la versión reducida de El Gran Gatsby.

En el caso de no existir ni tiempo ni recursos para leer las versiones originales, me parece que es importante también utilizar extractos en contextos educacionales. Ya que no podíamos leer a Don Quijote completo en el colegio, podríamos haber leído un pequeño extracto del original. Ya que no podíamos leer Cumbres Borrascosas entero, podríamos haber leído – además de la versión reducida, quizá – extractos del manuscrito original.

Las versiones reducidas son útiles, pero no son comparables con las obras originales y completas. Por lo mismo, me parece crucial que educadores (acá me sale todo lo de futura profesora) no se olviden de mencionar esto en el aula y además de utilizar fragmentos de la obra original (en caso de no poder estudiar en su totalidad quizá otra obra original de similar importancia) destacar que la versión reducida no es lo mismo que la original, y fomentar la lectura de las versiones completas.

Con esto termino (fiuf, por fin Cata). Espero no haberlos aburrido mucho, y desde ya les agradezco por leer en caso de haber llegado hasta aquí, prácticamente el final del texto. Antes de despedirme y desearles una semana supercachilupi, quisiera insistir en mis agradecimientos a sus bellos comentarios tanto acá, como en Twitter, como en Instagram, como en Tumblr, como en Facebook, como en todas partes<3 últimamente me han estado llegando hartos comentarios diciendo que mi blog los ha motivado a querer leer, y quisiera hacerles saber que no existe cosa que me haga sentir más feliz y motivada que sentir que lo que escribo le llega y es interesante y útil a alguien. Por lo que realmente me alegro infinitamente por las personas que han vuelto (o comenzado) a leer después de encontrarse con mi blog y les mando un abrazo gigantorme y las invito a contarme de sus lecturas.

También los invito a dejarme su opinión sobre todo lo que escribí ¿qué opinan de las traducciones? ¿qué opinan de las versiones reducidas? ¿qué opinan de la traducción de nombres?

Infinitas gracias por leer <3

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