lunes, 30 de junio de 2014

Mi primer tatuaje


Phi, 1,61803… es una letra griega que representa un número irracional que durante siglos ha sido fuente de curiosidad e investigación por estudiosos de todas las áreas de conocimiento: científicos, matemáticos, biólogos, filósofos, pintores, arquitectos, entre otros. Durante años ha causado intriga al representar una proporción que se repite de forma abrumadora en toda la existencia, por poner algunos ejemplos: la disposición de las hojas en una planta de modo que todas reciban luz, la disposición de las semillas de girasol en la flor, el espiral de las caracolas, el espiral de las galaxias, la disposición de los pétalos de una flor, incluso en las proporciones del cuerpo y el rostro humano. A raíz de esto es que también ha sido considerada una proporción que genera objetos visualmente atractivos, por lo que muchos artistas han aplicado la proporción a sus creaciones.

Como persona locamente enamorada del conocimiento y el aprendizaje - de absolutamente todas las áreas de conocimiento y aprendizaje - me pareció que era un símbolo que englobaba muy bien todo lo que es importante para mí. Además de estar relacionada con todas las áreas de conocimiento, Phi representa una proporción que todavía es misteriosa, una proporción que todavía genera curiosidad, y la curiosidad es la base de la adquisición de conocimiento, la base de la experimentación de nuevas experiencias, la base del aprendizaje.

Además de representar una proporción, Phi es también una letra, la vigésima primera letra del alfabeto griego. Y casi todos los que me conocen saben muy bien lo que significan las letras en mi vida.

Además de ser un símbolo que tiene mucho significado para mí, no decidí imprimirlo en mi piel en este preciso instante de forma azarosa. Han sido tiempos de cambio, y el cambio siempre duele, tal y como cuando éramos niños y nos dolían las rodillas porque estábamos creciendo. Todo lo que me ha dolido en el último tiempo de mi existencia, ha traído consigo innumerables aprendizajes de los cuales estoy muy agradecida, y quería recordar, quería poder contar la historia de ese aprendizaje, con una cicatriz en mi cuerpo.

A muchas personas les parecen feas y molestas, pero a mí me gustan mucho las cicatrices; cuentan historias, son marcas de guerra, de nuestro camino como guerreros en el mundo. Tengo muchas, y jamás me he querido deshacer de ellas porque me gusta que estén allí, me gusta mirarlas de forma que mi cuerpo se transforma en una especie de lienzo, de libro, en el cual puedo leerlas. La otra vez me miré los brazos, y noté que a pesar de mis nulas intenciones de hacerlas desaparecer, muchas cicatrices se están yendo. No quiero que se vayan, quiero tener algo conmigo para recordar mi historia, y obviando mi gusto estético por los tatuajes, pensé en ellos.

Recuerdo la primera vez que vi uno, en la prima de un conocido de la familia cuando debo haber tenido unos 7 años, y desde entonces me parecieron fascinantes. A los 12 años decidí que los amaba y cuando tuviese la suficiente madurez para decidir sobre algo que quiero en mi cuerpo por el resto de mi vida, me haría uno, quizá muchos. Cuando cumplí 18 años sentí que había llegado el momento, era libre de poder hacerlo cuando se me diera la gana, pero me enfrenté con una dificultad que no había considerado cuando era más niña: mi cobardía.

Soy una persona de emociones exacerbadas. Cuando estoy feliz, estoy increíblemente feliz. Cuando estoy triste, estoy al borde de la muerte. Cuando estoy enojada, es como si el alma se pusiera negra. Y cuando estoy asustada, estoy aterrada. El hecho de que tatuarme fuese una experiencia nueva que iba a traer consecuencias permanentes fue lo que me detuvo durante largos años, potenciado por pensamientos estúpidos e ilógicos que se sumaban y al mismo tiempo nacían de mi temor principal a lo desconocido. Los mencionaría todos, pero no terminaría nunca.  Uno también tiene problemas internos, luchas, dudas, pero entre más tiempo pasaba sin tatuarme, más tiempo primaba la decepción. La decepción de mi misma, de estar dejándome vencer y detener por temores estúpidos.

Entre los muchos aprendizajes que me han traído los últimos meses de mi vida, llegó también una cuota de fortaleza, una cuota de sentimientos guerreros que me inspiraron a querer ser valiente. No quería llegar a los 40 años con la duda eterna de “¿qué se habría sentido tatuarme?”, “¿por qué no lo hice y ahora soy una mujer frustrada, fome, sin cicatrices con las que narrar?”. Asique ignorando un poco a la parte irracional de mi cerebro, le pedí a dos amigas que me acompañaran, y después de muchas veces posponiéndolo, lo hice.

Estaba nerviosísima, para qué les voy a mentir. Además del temor a lo desconocido, me obsesionaba la idea de que el tatuaje quedara feo. No me asustaba el dolor, sino el temor a llevar algo que me desagradara visualmente durante el resto de mi vida. Pero mientras un lado de mi cerebro me atormentaba con temores estúpidos, el otro lado de mi cerebro me decía “son idioteces Catalina, si sales de este estudio sin tatuarte, vas a arrepentirte durante el resto de tu vida, de eso sí que te vas a arrepentir”.

Apenas el tatuador puso la maquinita en mi muñeca, fue como si todos mis malos sentimientos se me escaparan en una ola inmensa, y solo quedó paz, felicidad y realización en mí (ah, y también mucha hiperventilación). El tatuaje quedó hermoso, perfecto, preciso, y efectivamente una de las amigas que me acompañó tenía razón (ella está tatuada entera): cuando ya está en ti no hay nada que cuestionarse. Cuando te observas un lunar no te cuestionas su forma, si es perfectamente redondo o ligeramente irregular. No se puede esperar que las cosas que están impresas en nuestro cuerpo sean igual de precisas que en papel. Sin embargo, considerando este factor, hay tatuadores que pueden hacer que las impresiones en tu piel queden realmente prácticamente iguales a como se ve en el papel.

Me he dedicado a observar mucho mi tatuaje, lo he estirado y encogido, he torcido mi brazo para un lado y para el otro, observando cómo se mueve, y me fascina la tranquilidad que me produce su versatilidad en la piel. Es difícil de explicar, pero me preocupaba mucho el hecho de que fuese a sentir que era imperfecto. Hoy lo observo con mi mirada obsesiva y he podido notar que hay un lado en el que efectivamente la línea es ligeramente más gruesa que en el resto del tatuaje, algunos me pegarían diciendo que estoy loca, que se ve igual y perfecto, pero no lo digo como una queja de imperfección, sino como una observación que no reduce en nada la perfección de mi tatuaje en su totalidad, y que me hace incluso sentir que soy libre de una obsesión compulsión. Estoy enamorada de él, me encanta sentir que es perfecto, me encanta sentir que es parte de mí, que es una cicatriz, una letra, una obra de arte, una narración completa, y me encanta que cada vez que lo miro o me miro al espejo con él me siento bien, hasta más bonita.

Mi mamá no estaba muy convencida al principio, antes de hacérmelo, creo que a ninguna mamá le gusta mucho que sus hijos se tatúen, pero desde que me vio tan feliz con él, a ella también le gusta. Parece demasiado escándalo por un tatuaje de menos de 2 cm, pero como podrán ver, este minúsculo símbolo en mi piel se siente como un gran paso. No es solo un tatuaje, no es solo un símbolo, es un hito, una marca, una historia, una liberación de compulsiones, una adquisición de valentía y decisión, un evento que me hace sentir feliz y orgullosa conmigo misma.

Para los que me advertían con que era adictivo, efectivamente lo es. Ya perdido el temor a lo desconocido, ahora solo siento felicidad y entusiasmo, y ya estoy pensando en el siguiente. Claramente, voy a dejar pasar un tiempo, han pasado tan solo 4 días, mi tatuaje todavía no está ni siquiera del todo cicatrizado. Quiero disfrutar éste primero, y ya veré que haga después. Ya no siento ansiedad al respecto.

Me alegra también, que mi primer tatuaje fuera un símbolo que para mí significa aprendizaje. Me alegra que casualmente la adquisición de una nueva experiencia (tatuarme) ocurriese a través de un símbolo que representa precisamente ello.

Estoy contenta, muy muy contenta

My first tattoo
Aunque sea un tatuaje minúsculo, me parece que es importante darle crédito a todos los artistas. Me tatué en el estudio Amor Real, en Baquedano, y el tatuaje lo hizo Pirata, en instagram @Piratalifess

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