lunes, 23 de junio de 2014

Libros que requirieron tiempo para ser significativos, parte 1



¿No le ha pasado que a veces terminan un libro, dicen “meh”, se preparan inconscientemente a reducirlo a la porción de “asuntos irrelevantes” de su cerebro y de pronto se dan cuenta que lo recuerdan constantemente durante la cotidianidad de sus días? ¿no? ¿soy muy rara? A mí me ha pasado con varios libros, y hoy vengo a contarles de tres de ellos.

Cuando terminé Demian (Hermann Hesse), American Psycho (Bret Easton Ellis) y Tokio Blues (Haruki Murakami) experimenté un sentimiento bastante similar con los tres: me habían dado igual. Incluso, me atrevería a decir que sentí un ápice de decepción, disgusto, inconformidad. No escribí reseñas ni de Tokio Blues, ni de Demian (la de American Psycho esta aquí) sin embargo recuerdo bien lo que me molestó de cada uno de los libros.

La primera vez que leí Demian estaba en el colegio. No recuerdo en qué curso exactamente, pero el libro no significó mucho para mí. No recuerdo nada que me molestara particularmente, pero sencillamente lo olvidé, como otros libros que me obligaron a leer en el colegio. En el caso de Tokio Blues, recuerdo que lo leí cuando todavía estaba en el colegio, sino me equivoco en tercero medio, y esa mezcla entre descripciones sexuales muy explícitas y sentimientos depresivos me dejó con una sensación perturbadora en la boca del estómago. En el caso de American Psycho, tal y como lo menciono en mi reseña, el final me decepcionó, sentí no que llevaba a ninguna parte.

Es interesante como la madurez, el crecer, el vivir (yia, le estoy poniendo mucho color) ayuda a contemplar las cosas de un prisma distinto, y me alegra notar que hoy puedo apreciar cosas que algún tiempo atrás no pude. En el caso de los libros, no es que las cosas que mencioné anteriormente no existieran, o desaparecieran. Aquellas características que menciono de American Psycho y Tokio Blues efectivamente son así, sin embargo, con el tiempo esas características mutaron y pasaron de ser cosas que me parecían negativas, a interesantes o incluso positivas; otras también pasaron a segundo plano, asuntos que me resultaban relevantes dejaron de serlo y de pronto me hallé apreciando mucho esos libros, guardándolos en mi memoria con un cariño especial.

Les contaré, uno por uno.


1. Demian, por Hermann Hesse.

Como decía, la primera vez que leí Demian fue en el colegio. No recuerdo mucho de lo que significó para mí en aquél entonces, solo sé que me pareció al menos un libro “menos malo de los que en general nos hacían leer en el colegio” pero no más allá de eso. De Herman Hesse tampoco sé mucho, en general investigo poco de los autores a menos que esté loca por varios libros de un mismo autor. Solo sé que – aparentemente injustamente – se lo ha tildado de nazi. No he leído ninguno de sus otros libros, pero tengo ganas. Siddharta, El Lobo Estepario.  

Recuerdo que estaba justo en esa edad en que uno empieza a transformarse lentamente en “adolescente”. Recuerdo que era la época en que todos comenzaban a salir, “a carretear”, ese espacio de interacción social que siempre me ha atormentado un poco. Recuerdo que muchos conocidos y conocidas que conocía – valga la redundancia, derp – desde que eran muy pequeños, comenzaron a ponerse más osados. Tenía 14 años (creo, estoy casi segura) y estos conocidos comenzaron a salir, a pololear, a tomar, a fumar, a decir garabatos. Y yo siempre había sido muy ñoñita, por lo que todo este tipo de comportamientos me asustó.

Recuerdo que la misma época coincidió con la adquisición de nuevas responsabilidades. No recuerdo exactamente cuáles serían, lo más probable es que fuesen muy simples y tontas, pero recuerdo el peso que significaban, el dolor de guata, el sentir que yo tenía que empezar a cuidarme sola, que mi mamá no era omnipresente.

Todo esto me recordó, de pronto, a Demian, ese libro que me había leído en el colegio y al cual casi no le había prestado atención. La parte que precisamente me llegó (y que hasta ahora es la más significativa para mi) fue – atención, pequeños spoilers para los que no lo han leído – esa transición que narraba Demian del mundo en que las divisiones entre el bien y el mal estaban muy definidas y claras (bien – mamá, mal – todo lo que esté en contra de lo que diga la mamá) a ese mundo, más adulto, en que el bien y el mal conviven, y uno tiene que salir a la calle y enfrentarse a ambos "mundos" fundidos, disfrazados a veces, al mismo tiempo. Básicamente, la transición entre la infancia y la madurez.

No es que de niña hiciera un análisis demasiado complejo de la obra, pero el solo hecho de recordar algunas líneas que hablaban de esa transición, me hacían sentir menos sola, menos asustada de esa sensación nueva que era crecer, como si tuviese la posibilidad de leer un manual que indicara lo que estaba ocurriendo y que me dijera que era natural. Que todo era natural y normal.

Desde entonces que le tomé cariño a Demian, y hace algún tiempo atrás (el 2012) lo volví a leer. Si bien muchas otras partes cobraron nuevos significados (de hecho, tengo el libro repleto de partes subrayadas y post-its con notitas) fue fascinante cómo la misma parte que antes había sido significativa, volvió a ser la más significa en una circunstancia análoga. Ya no era el miedo a pasar de la infancia a la adolescencia, ya no era el miedo a tener nuevas responsabilidades, ya no era el miedo al que durante mi infancia había parecido el mundo "malo” (las fiestas, el alcohol, el cigarro, los besuqueos) sino que genuinamente dar un paso a la adultez: la universidad. Y todo lo que la universidad y los tiempos de universidad implicaban: más responsabilidades, futuro trabajo, independencia económica, parejas, decisiones importantes, comenzar a firmar tus propios papeles, ser mayor de edad.

Hoy, todavía, cada vez que siento que me estoy pegando esos estirones medios dolorosos de la madurez (como los de los músculos, pero mentales), cada vez que siento que me estoy pegando porrazos para crecer, a veces evoco esas partes de Demian, me acuerdo con cariño, y me siento un poco menos abrumada.

Puede que sea la parte menos significativa del libro, pero la verdad es que lo ignoro completamente porque para fue la parte más trascendente. Más que Frau Eva, más que Beatrice, más que Abraxas, más que el mismísimo Demian, porque de hecho las partes que describo se sucedían incluso antes de que Sinclair lo conociera.

En fin. Dejando atrás a Demian, inicialmente pretendía describir la importancia de los 3 libros, todos juntos, en una misma entrada. Pero considerando y observando la cantidad de texto que acabo de escribir, he decidido que lo haré por partes. No me gusta tener que cortarme ni contenerme si realmente no hay ningún motivo para hacerlo, por lo que me daré la libertad de explayarme en la explicación de cada libro, y las iré posteando de a poquito.  

Por mientras, les dejo algunas preguntas (si es que les interesó la entrada; si fue así, agradezco mucho que la leyeran <3 porque no es que sea de mucha relevancia pública, es más bien un escrito personal) ¿les ha ocurrido esto con algún libro; que al principio les sean insignificantes pero que con el tiempo se transformen en libros importantes para ustedes? ¿Les ha pasado con alguna otra cosa que no sea un libro?


Espero volver pronto con la segunda parte ¡un abrazo! y muchas gracias por leer. 

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