viernes, 31 de enero de 2014

Flujo de conciencia: robo, seguridad, educación, diálogo y el grano de arena de los profesores.


Que entraran a mi casa, mi hogar, y se robaran todas las cosas de valor que junto a mi familia hemos conseguido con mucho, muchísimo esfuerzo, ha sido una de las peores cosas que me han pasado en la vida. Sin embargo, a pesar del llanto, a pesar del dolor por mi familia, por mi mamá, por mí misma y mis objetos perdidos, por algún motivo, aunque vi todas mis cosas revueltas, toqueteadas y violentadas, el hecho de no haber podido darle un rostro a los ladrones, me permitió, de cierta forma, poder ordenar mis cosas, llorar, replantear mi trabajo futuro, y seguir adelante.

Sin embargo, desde que un sujeto me quitó el teléfono de las manos, he podido darle un rostro a los ladrones. A todos los ladrones del mundo. Ni siquiera recuerdo bien sus rasgos, pero tengo una imagen general de su persona,  y todavía puedo percibir su sensación de victoria cuando miró hacia atrás mientras corría con mi teléfono, su decisión, su planificación cuando amenazó a otro de los pasajeros con una botella en caso de que me alertara.

Hoy, de pronto, en un momento completamente aleatorio, me puse a pensar en lo que habrán visto mis gatos, en lo que habrían visto mis libros si hubiesen podido ver, en lo que habrían visto las paredes, en lo que habrían visto nuestros muebles, los bienes que nos quedan. El estómago se me revuelve, porque todos tienen el mismo rostro difuso del tipo que me robó el celular, todos tienen esa aura sombría, y la sensación de victoria cuando entraron a mi casa y descubrieron el botín que tenían a su disposición, después de sacar de cuajo la reja del baño.

Sé que no es bueno que piense en estas cosas. Sé que en el fondo es una forma de torturarme sola y que tengo que dejar de hacerlo, pero es difícil.

Hoy estuve leyendo en internet sobre cómo impedir que tu teléfono sea robado, lecturas torpes, de puro aburrida, deprimida. Y descubrí leyendo artículos gringos que en otros países, por ejemplo Estados Unidos, las aplicaciones de seguridad realmente tienen un uso en tu teléfono. Porque si logras localizar tu teléfono en algún lugar, y le dices a un policía, él te acompañará, protegerá y eventualmente ayudará a recuperar tu teléfono de las manos del ladrón. Por supuesto que los policías en EEUU, como en todas partes, tienen también mucho de corruptos, eventualmente mucho de malas personas, pero al menos pude sentir, a través de esos artículos y las sugerencias que hacían algunas personas a sus compatriotas, que los Norteamericanos podían sentirse aunque fuera ligeramente respaldados por sus leyes y su policía. Puede que el ladrón de teléfonos no termine en la cárcel, pero como un civil corriente puedes tener la esperanza de un diminuto acto de justicia, con un poco más de resguardo que ir solo. No soy estadounidense, jamás he siquiera pisado la embajada de Estados Unidos, y todo lo que siento y capturo lo hago a través de textos. Sin embargo, sentí que ellos tenían aunque fuera un poco de algo que nosotros no tenemos nada: confianza en la justicia.

Chile es un país bastante más seguro que otros de Latinoamérica. Tendremos que temer de lanzazos y robos, pero podemos estar relativamente tranquilos de que no nos secuestrarán, ni asesinarán en la mitad de la calle, como sí ocurre en otros países cercanos. Sin embargo, aunque en este aspecto de Latinoamérica destaquemos, no podemos conformarnos con esa mediocridad.

Chile es un país con recursos, tecnología, buenas relaciones internacionales. O al menos aquella es mi impresión de persona corriente no-política. Tenemos moles (“malls”), Forever21, H&M, autos de todos los modelos, mechas californianas, un “distrito de lujo”, una amplia variedad de territorio, climas, observatorios, universidades. Superficialmente parecemos un país “en vías de desarrollo”. Pero escarbamos un poquito y no tenemos nada de lo realmente trascendental para el desarrollo de una sociedad.

No tenemos educación, ni salud, ni seguridad.

Cada vez que el gobierno abre la boca, sea del sector político que sea, no aporta en casi nada. Me parece inconcebible que un grupo de personas que están para representar, proteger y defender causas justas, crean genuinamente estar del lado de la gente de Chile preocupándose de imbecilidades como la religión o el ruido de las micros cerca de sus casas, en lugar de los ladrones que le quitan todo a una familia de esfuerzo; en lugar de preocuparse de la educación del país, que es un fiasco siempre, en todas partes, sin importar si pagas mucho o no pagas nada por ella; sin preocuparse por personas que terminan muriendo en vida, sofocadas por las deudas de los tratamientos médicos, o esperando a que los atiendan en una sala de espera.

Las personas que gobiernan en nuestro país son una burla, en primer lugar porque no conocen el país ni a la gente que pretenden representar.  No conocen los verdaderos problemas, ni les importan. Cada uno está demasiado encasillado en sus propios contextos. Todos, sin importar del sector social o político que sean. No son capaces de ver más allá de sus preferencias políticas, no son capaces de ver más allá de sus preferencias religiosas, no son capaces de ver más allá de la reja de su casa. Y sin educación las personas no tienen cómo defenderse de estos aspectos inconcebibles. Sin educación no existe la alerta, no existe el darse cuenta, no existe el “robar es malo”, ni siquiera la oportunidad de aplicar ese dicho cliché porque muchas veces no quedan más opciones que robar (aunque me cueste admitirlo con el dolor de que me lo robaran TODAS MIS COSAS).

Sin educación no existe nada. Nada. Nada.

Actualmente todos hablamos de educación porque es el tema que esta más en boga. Está tan en boga atacar a los políticos con la educación que ahora todos queremos educación, y estamos seguros de que el lucro es el más malo de los demonios del infierno y que todo mejorará con educación gratis. Yo no soy experta, soy tan solo una estudiante de pedagogía con una opinión, puedo estar equivocada. Pero mi opinión es que este problema es más complicado que la chucha, y que si hay algo que se requiere para solucionarlo es un diálogo sin color político ni agresividad entre las personas que queremos hacer algo, por mínimo que sea. Me parece que el movimiento estudiantil es admirable, sólo exceptuando cuando aparecen colores políticos en su interior. No sé si educación gratuita es el mejor primer paso (ojo que “no sé” significa literalmente no sé, porque es clásico que las personas leen lo que quieren leer y te insultan por algo que no dijiste), sin embargo, apoyo y admiro a las personas que están continuamente luchando y haciendo ruido para recordarle al gobierno que algo está mal, muy mal, y que tienen que comenzar a sopesar los verdaderos problemas de Chile en lugar de perder el tiempo haciendo leyes para no poder gritar nunca más “paco culiao”.

Lo que acabo de escribir no tiene ninguna estructura específica. Comenzó como un desahogo de la desesperanza que siento al no poder hacer nada cuando todas mis pertenencias son violentadas y terminó como un manifiesto de mi disconformidad como ciudadana de Chile, sin embargo, hay una última cosa que me gustaría decir antes de terminar: sugerir un diminuto pero significativo método en el que podemos mejorar las cosas.

Las personas que vamos a ser futuros profesores tenemos una responsabilidad gigantesca, y también una oportunidad gigantesca. Está en nuestras manos si queremos formar futuros miembros de la sociedad violentos e ignorantes, o esforzados, con una visión global de las cosas, y tolerantes. Si tan solo los que vamos a ser futuros profesores hiciéramos bien nuestro trabajo, apostaría todo el dinero del mundo a que las cosas mejorarían. Algunos dirán “sería muy fácil si tan solo todos los profesores racionalizaran que tienen esa responsabilidad, pero la mala formación – resultado de la mala educación nacional - que reciben muchos de ellos para ejercer como profesores no se los indica” sin embargo, si bien no puedo decirle esto a todos los profesores de Chile, decidí escribirlo, para que al eventual futuro profesor que lea esto sí se lo hayan dicho.

Yo no soy la persona con más vocación para educar de la existencia. Ni si quiera sé si me dedique a ser profesora. Sin embargo, tengo conciencia de la responsabilidad que estará en mis manos si llego a ejercer, y puedo decir, como un compromiso personal, que el día que me de cuenta que no disfruto ser profesora y que estoy predisponiendo negativamente a mis estudiantes para su futuro como miembros de la sociedad, me retiraré y me dedicaré a otra cosa. Este mensaje no va solo para futuros profesores. También va para administradores de colegios, dueños de colegios, directores de colegios, inspectores, todas las personas que vayan a ser parte en la educación de un ser humano: tienen un responsabilidad gigante. Y si no hacen bien su trabajo (el cual va más allá de contenidos, está en la formación de las personas), sepan que al final de sus vidas, la sociedad de mierda que existirá habrá sido en parte su culpa.

Ya no digo más tonteras, suficiente flujo de conciencia por hoy. Si alguien no está de acuerdo con lo que escribí, lo invito a dejar su visión en los comentarios y dialogar, con tranquilidad. Soy un ser humano imperfecto, puedo emitir juicios erróneos y apresurados sin quererlo, pero no tengo ningún problema en aceptar que la visión de otra persona puede ser más certera y apropiada que la mía. Dialogar es algo precioso que podemos hacer, porque podemos alimentar nuestras opiniones con distintos puntos de vista en la búsqueda de esa preciada e inalcanzable verdad. No lo arruinemos. 

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