miércoles, 25 de diciembre de 2013

No es todo tan malo.


Y pasó la Navidad, y se aproxima año nuevo, y ya se va el 2013.

Mentiría si dijera que este fin de año no ha sido duro, si dijera que ha sido un fin de año tranquilo. Sin embargo, mentiría también si dijera que ha sido un fin de año completamente sumido en la oscuridad y carente de felicidad. No quisiera que éste año terminara y que como último testimonio quedara mi post anterior, cuando nada realmente terminó allí.

Hace varios días que reflexiono sobre lo que hoy vengo a decir. He intentado redactar este post varias veces, pero por algún motivo me está costando. Tal y como me suele ocurrir en estas circunstancias, intentaré ser lo más sincera y breve posible, y me disculpo de antemano si mi escritura no parece lo suficientemente pulcra.

Esta Navidad y éstos últimos días del año han tenido todo para ser, quizá, los peores días y la peor Navidad de mi vida. El lunes de la semana pasada violaron mi casa, se llevaron casi todos mis bienes preciados, y el miércoles, menos de 48 horas después del robo, nos enteramos con mi mamá de que mi abuelo tenía cáncer al páncreas.

Los dos eventos fueron tan fuertes, tan sorpresivos, tan violentos, que llegó un punto en que mi mamá y yo ya no sabíamos qué sentir. Habíamos agotado todas nuestras lágrimas y toda la intensidad de nuestras emociones.

Sin embargo, en medio del extraño estado de letargo en el que me sumí durante el periodo más difícil, comencé a notar algo que jamás había notado antes en mi vida. Repentinamente, no solo mis amigos y familia me repletaban de manifestaciones de apoyo, cariño y ánimos, sino que también muchas personas que ni siquiera conozco personalmente se manifestaban allí, a mi lado, apoyando todo lo que podían apoyar. No sólo personas que no conocía personalmente, sino que también personas con las que casi jamás en mi vida había interactuado.

Repentinamente, en medio de uno de los momentos más difíciles de mi vida, me vi contenida no sólo por mi familia y amigos, sino que también por un grupo de personas que jamás había imaginado que estarían allí. Y repentinamente me sentí rodeada de más cariño, más apoyo, más ánimo y más amistad que nunca. Recordé a la Catalina de los 12 años, la Catalina que se sentía triste porque no tenía amigos, la Catalina que pensaba que no era importante para nadie en el mundo, y me emocioné. Porque dentro de todo lo malo, estaba experimentando uno de los sentimientos más bonitos que había experimentado éste último tiempo.

Y junto a la hermosa contención de las personas que me rodean, fue como si poco a poco el universo me comenzara a devolver parte de las cosas que me había quitado.

Mi abuelo fue operado este lunes, y resultó que el cáncer estaba muy bien localizado, por lo que la perspectiva es optimista. Actualmente está en recuperación, de buen ánimo, mañoso como siempre, y afortunadamente sin dolor. No sabemos todavía si tendrá que hacerse o no quimioterapia, pero los doctores nos han dado una pizca de esperanza de que puede que no sea necesario.

Entre mi pololo y un amigo solucionaron mi urgente falta de notebook, y mi suegra me regaló una cámara análoga que antiguamente había sido de su hermano.


Esta Navidad no tuve nada de qué quejarme y, al contrario, como en las películas cursis gringas, tuve muchas manifestaciones de cariño que agradecer. La comida estuvo rica, y los pocos días que quedan del año, tienen buena perspectiva.

Yo no creo que las cosas pasen por algo. Tampoco creo en el dicho “cuando se cierra una puerta, se abre una ventana”, ni en Dioses, ni en el karma, ni en “el secreto”. Por ende, mi única explicación para estos eventos es que el cariño y el apoyo de todas estas personas siempre estuvo allí, sin embargo, lamentablemente fue necesario un evento desafortunado para poder notarlo y valorarlo.

Muchos dicen que no se podría apreciar del bien sin el mal para poder contrastar, y yo estoy de acuerdo. Por ende, si bien no agradezco de ninguna manera las cosas malas que ocurrieron, agradezco profundamente todo lo bello que pude notar de lo malo.

Concretamente: quisiera darle las gracias a todas las personas que me manifestaron cariño, apoyo y ánimos en estos tiempos difíciles. Y también agradecer a las casualidades del universo, que tienen hoy a mi abuelo mejor de lo esperado.

Quisiera hacer una breve mención especial a mi amigo y colega blogger Seba de Oldiegrant, quién también me emocionó particularmente con la dedicatoria de todo un post Navideño en su blog (click), junto a un muy emotivo dibujito. 

Antes de terminar, sea usted religioso o ateo como yo, quisiera desearles a todos una muy feliz Navidad. Entendiéndose Navidad como una fecha en el calendario en la que, más allá del estrés y los comentarios baratos “anti consumismo” (porque a todos nos gusta recibir regalos, no se mienta a sí mismo), tenemos una bonita instancia para pasar un buen rato en familia y hacernos obsequios sin motivo alguno. También quisiera desearles a todos un muy feliz fin de año, que los días que quedan del 2013 sean gratos, y reiterar mis agradecimientos por todo el apoyo y la lectura de éstas torpes palabras.

Los estimo mucho, y espero regresar pronto con menos comentarios cursis y más críticas de libros y fotos que compartir.

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