miércoles, 3 de julio de 2013

4 cuentos que usted haría muy bien en leer.

Hoy estaba recordando casualmente el cumpleaños del buen amigo Franz Kafka, cuando repentinamente recordé lo mucho que me gusta La Metamorfosis y posteriormente seguí enumerando mentalmente todos los cuentos que considero mis favoritos. Fue allí cuando me pregunté ¿por qué no escribir todas estas reflexiones?  y se me ocurrió que podría escribir una breve... (soy pésima para categorizar los escritos ¿qué sería esto? ¿una columna? ¿una reseña? ¿un artículo?) cosa, escrito, sobre mis cuentos favoritos.

Recién estaba pensando, que realmente no podría titular este escrito como "Cuatro cuentos que usted debe leer" porque los criterios que utilizaré son francamente subjetivos, y se restringen a los pocos cuentos que he leído a mis cortos 19 (casi 20) años (la descripción de mi persona al costado izquierdo del blog miente, pues no tendré veinte años hasta dentro de seis días). Sin embargo, siendo estos cuentos los favoritos de una persona, harían bien en echarles una miradita para ver si no podrían eventualmente volverse sus favoritos también.


Los siguientes cuentos no están en orden de favoritismo. Como una madre con sus hijos (se supone), no podría decir que a uno lo quiero más que a los otros. Cada uno llegó en un momento preciso de mi vida y se ganó un tibio y acogedor lugar en mi extraño corazón.

El primero que mencionaré, tan solo por haber sido el cuento que sembró la idea de escribir este escrito es:

1. La Metamorfosis: 


Clásico de los ensayos PSU y los trabajos escolares, ya había leído infinitas veces el inicio del cuento antes de decidirme a leerlo completamente por primera vez. Siempre me había llamado la atención, pero la costumbre lo había vuelto poco destacable. Durante una época en que decidí que antes de proseguir leyendo a los "más vendidos" en las librerías locales, debía leer a los clásicos de la literatura, me decidí a leer Le Metamorfosis, por el reconocido Franz Kafka. De inmediato, la psicología del pobre Gregorio tocó una de mis fibras y me sentí sobrecogedoramente identificada con él. El constante sentimiento de tener siempre la culpa de todo me enterneció, y pude empatizar tanto con la tristeza que le provocaba el desprecio de todos, como con la breve alegría que sentía cuando apartaban los muebles de la habitación en la que estaba recluido y podía darse el gusto de correr por toda la habitación con sus patitas de cucaracha, por el suelo, la pared, el techo, la pared y el piso otra vez, en una energética carrera. Siempre que pienso en Gregorio y su triste historia, algo se encoje en mi corazón y pienso que me habría gustado conocerlo y hacer más feliz su vida de cucaracha. También, desde entonces, temo menos a éstos insectos en la vida real.

2. Alegría del cronopio:


Conocí a Cortázar una vez en que nos tocó leer "La Autopista del Sol" en un texto escolar. Para entonces ya había oído varias veces el nombre de "Julio Cortázar" pero desconocía lo que lo volvía tan especial. Después de leer y disfrutar La Autopista del Sol, dije "podría buscar más de él" y adquirí, casualmente, el libro "Historias de Cronopios y Famas". Allí descubrí la verdadera identidad del buen amigo Cortázar, y aprendí a amar con locura su literatura. Me cuesta mucho explicar por qué me gusta tanto. Tanto su literatura, como las razones por las que me gusta, parecen demasiado etéreas y surreales para poder ser explicadas con lógica. De cualquier modo, me sentí poderosamente identificada con los Cronopios y su impredecible personalidad (he allí la razón del nombre de mi blog, Catacronopio, por si nadie lo había notado todavía): Sencillos, graciosos, adorables, brutales y ficticios. Y en "Alegría del Cronopio" podía notar esa misma torpe emoción, esa misma ingenua mirada, esa misma carencia de lógica que, siento, poseo yo.

Muchos deben ser los que analizan al querido Julito y sus Cronopios, sin embargo, por ahora, prefiero leerlo a mí modo, sin intentar desenredar la hermosa maraña de fantasía que es su literatura. De hecho, a teoría propia, considero que muchas veces los escritores escriben cosas que no tienen demasiada lógica tan solo porque sí, porque así nació de sus almas y porque así se ve y se siente bonito, punto. Después, que muchos críticos intenten buscarle la quinta pata a un gato que no la tiene, es otro asunto. Muchas veces yo escribo así, porque así me nace, y realmente no hay metáfora ni analogía detrás. No sé si será simplificar demasiado a algunos escritores, pero estoy casi segura de que así es el proceso creativo de muchos. Nace y ya está. Son los críticos los que encuentran metáforas, analogías y simbolismos varios después, los cuales el escritor puede ni siquiera haber pretendido concebir.

3. Carta a una señorita en París: 



Siguiendo con mi querido Julito (quién me habría gustado mucho que fuese un vampiro, para vivir y escribir por siempre, y ser mi amigo, y tomar té juntos), tenemos "Carta a una señorita en París", uno de los cuentos ícono de mi amigo. Por algún motivo, siempre me he sentido muy identificada con la forma de escribir, describir y contemplar al mundo de Cortázar. Puede que esté errada, pero siento que tanto él como yo y tan solo un par de escritores más que hasta ahora he podido identificar (mi papá y El autor de "The Virgin Suicides" son otros de ellos), apreciamos la belleza de detalles cotidianos: "Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana", el polvo sobre los muebles, los coloquialismos de una región. Sinceramente cuesta mucho explicarlo, por lo que proseguiré a la siguiente razón por la que me gusta tanto este cuento: Tiene un surrealismo delicioso. No soy una persona docta en Literatura, utilizo los términos como los siento, y puede que realmente no sea un texto "Surrealista," sin embargo, así lo siento: irreal pero maravilloso, delicado, hermosamente grotesco, que logra fusionar de manera armónica las palabras "vomitar" y "conejito" en una misma línea.

Éste es un cuento que, lejos de la subjetividad de mis razones, considero que todos deberían leer. No solo por los motivos anecdóticos que lo vuelven especial para mí, sino porque es francamente épico. Porque la trama es única y memorable, porque el clímax y el desenlace te estremecen hasta las entrañas, y porque personas más entendidas que yo en el asunto lo consideran un cuento que usted debería leer.

4. Guts: 


Para finalizar con mis cuentos favoritos, mencionaré uno que cada vez que se lo narro a alguien, arruga el rostro y no puede comprender cómo podría gustarme un cuento como éste. Un cuento que, según el autor (el amigo Chuck Palahniuk, autor del aclamado libro "Fight Club"), cada vez que lo lee en público, al menos un par de personas se desmayan. Un cuento que es parte de un libro considerado por muchos, el más perturbador alguna vez escrito: "Guts" o "Tripas" en Español.

Al ser un cuento muy breve, no puedo describirlo mucho sin caer en el spoiler, sin embargo, en pocas palabras, es un cuento que narra diversos desastres sangrientos y bizarros relacionados con la masturbación masculina.  Usted se preguntará ¿por qué demonios me gusta este cuento? Para explicarme, me remontaré a cuando era una tierna jovencita de 14 años en Internet. Para entonces, prácticamente no sabía nada de nada. Todo lo que conocía mi corazón eran las historias dulces, románticas y, a veces, algo fogosas entre mis amores platónicos que describían los fanfics que leía en aquél entonces, en un foro. Un buen día, una participante del foro, mayor que yo y mayor que las demás - probablemente - posteó como curiosidad un cuento que había encontrado por allí. Antes de iniciarse la narración habían infinitas advertencias: "cuidado, que contiene material que podría ser perturbador para algunas personas sensibles", "no leer esto si eres menor de 18 años", etc. Sin embargo, por algún motivo pasé de largo por las advertencias y comencé a leer. En él hallé una narración fascinante que lograba describir las situaciones más perturbadoras de una forma que llegaba a ser incluso, bella. Era una narración irónica, irreverente, brutal, pero hermosa. Terminé de leer contenta, y después lo olvidé todo, pues no estaba en una época en la que tomase nota de las grandes obras con las que me topaba. El texto no me traumatizó ni trascendió de ninguna forma aparente en mi vida, hasta que varios años después (aproximadamente 4, ya a mis 18 años) lo recordé. Para entonces lo recordé con cariño y como un muy buen cuento que había leído alguna vez por allí. Me intrigaba descubrir al autor de aquél texto, pero temía que si volvía a leer el cuento, no fuese a ser lo mismo que había sido a mis 14 años. Me regodié mucho tiempo, hasta que un día me decidí a escribir las palabras claves del cuento en internet, y lo encontré. Grande sería mi sorpresa al descubrir que el autor del cuento era el mismo autor de uno de mis libros favoritos, Fight Club, y que el cuento, al ser vuelto a leer, sabía exactamente igual que esa vez que lo leí a los 14 años: irreverente, grotesco, bizarro, irónico, pero hermoso, una forma de narrar que apreciaría durante mucho tiempo, y que actualmente tiene a Chuck Palahniuk entre mis autores favoritos. 

A continuación dejo links a los cuentos por si alguien gusta leerlos inmediatamente:

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