miércoles, 24 de julio de 2013

Fotos de un paseo de reencuentro.

El día de hoy fue especialmente bonito. Me junté con una amiga que estimo mucho, Eliana, pero a quién no veía hace mucho tiempo y con quién hace mucho tiempo que no tenía una conversación decente, pues estuvo alrededor de un año en Bélgica. Hace algunos días regresó, y si bien ya nos habíamos visto y abrazado y conversado un poco en su reunión de bienvenida (junto a más amigos) esta era la primera vez en que nos juntábamos las dos solas en más de un año y teníamos la oportunidad de conversar tranquilamente. La tarde se pasó rapidísima, y aunque en ningún momento dejamos de parlanchinear, todavía nos queda mucho  por contarnos en lo que a aventuras y crecimiento personal respecta. En un año pasan muchas cosas, por lo que será urgente programar una nueva reunión. Sin embargo, con algo partimos, y fue una tarde realmente preciosa, repleta de curiosidades, arte e historias.

Siguiendo poniéndole empeño a mi meta de sacar a mi cámara más seguido a pasear, dado el lugar precioso por el que andaríamos, me decidí a llevarla. Y además de muy bonitos recuerdos, obtuve imágenes que me dejaron muy contenta y quise compartir con ustedes:

Eliana
Mi amiga Eliana, muy bonita y risueña.
Helado
Mi helado: chocolate avellana con dulce de leche. 

domingo, 21 de julio de 2013

El cuco.

Un, dos, tres.
Caminas a la cocina, un bocadillo nocturno, delicioso, un sándwich, una galletita, un pedazo de pastel. Son las tres de la mañana, la familia descansa. Hace frío y estás tan apresurado por regresar pronto a tu tibia habitación que te devoras el bocadillo allí mismo, de pié, junto al refrigerador abierto.
El refrigerador se cierra, el estómago satisfecho, la sonrisa en el rostro. Ahora debes regresar a tu habitación, pero olvidaste un detalle: de ida era la luz de tu habitación la que te protegía, ahora, de regreso, cuando apagues la luz de la cocina todo lo que quedará a tu espalda será la penumbra.
Pero por favor, somos adultos, sabemos que no pasa nada en la oscuridad. Además tu habitación no está tan lejos. Tan solo tienes que avanzar por el pasillo, pasar frente a la puerta cerrada de tu hermana, a la puerta entreabierta del estudio, a la puerta cerrada de mamá, y ya estás en tu pieza. Nada que temer.
Observas a tu alrededor, ja ja ja pero qué cosas estás pensando, estaba deliciosa la torta de tres leches ¿ah?, regresemos pronto para volver a la cama tibia y seguir leyendo.
Acercas la mano al interruptor y la apagas. Te apresuras, un escalofrío sube por tu espina, pero qué cosas estás pensando, ya no tienes cinco años ¿ves? no eres tan gallina como para correr dentro de tu propia casa, dentro de tu propia oscuridad, camina tranquilo, como el hombre que eres, impasible, derecho, con calma. ¿Un ruido? tranquilidad, fueron los gatos, no pienses ridiculeces. ¿Otro ruido? insisto, el viento. ¿Ves? ya pasó, si está todo en calma, todo silencioso, todo tranquilo, todo imperturbable. Si prestas atención es a tu hermana a quien puedes oír respirar, escucha, inhala, exhala, inhala, exhala. Una respiración serena, como la que tu deberías tener, cobarde. Pero si la habitación está cerrada, espera ¿estás seguro que es tu hermana? Un, dos, tres. Pero si soy yo quién te sorprende por la espalda, cómo no me viste, tontito, yo también salí por un bocadillo nocturno, deja de moverte tanto ¿no ves que vas a despertarlos a todos? dame una probadita de tus entrañas mientras todavía estás vivo.

jueves, 18 de julio de 2013

Fotos de la playa.

Ayer volví de la playa. Fueron cuatro días hermosos con la mejor compañía. Además de descansar, de disfrutar de las puestas de sol, de repletarme de comida deliciosa y de oxigenar mis pulmones capitalinos, estos días me sirvieron mucho para sacar a pasear a mi cámara. Hace tiempo que no tenía el gusto de fotografiar paisajes no-urbanos y esta vez tomé hartas fotos que me dejaron contenta.

Me habría encantado fotografiar más, pero vivo en la constante ambivalencia de la persona que quiere vivir el momento y la persona que quiere capturar el momento.

 A continuación, comparto con ustedes algunas de las que más me gustaron. Todas ellas (todas las que estoy posteando por ahora, no todas las que tomé) fueron capturadas en uno de los paseos por la playa que dimos mi novio y yo. 

Anonymous model
El anterior es un modelo anónimo. Una persona desconocida que estaba en el lugar adecuado, en el momento adecuado.
Seagull

jueves, 11 de julio de 2013

Comentario literario: "Lolita" de Vladimir Nabokov.

Anoche me terminé "Lolita" de Vladimir Nabokov y antes de proseguir con mi siguiente libro a leer (el cual todavía no decido, hay tanto pero tanto que leer) pensé que sería mejor hacer una crítica, o al menos una observación, un pequeño comentario de qué me pareció el libro.  

Me gustaría comenzar diciendo que es un buen libro, y que sí, sin duda vale la pena que lo lean. No llevaba ni 20 páginas y ya me había hecho una hermosa primera impresión de la narrativa de Nabokov. Casi me dio un ataque cuando me enteré que el libro había sido escrito en Inglés y yo lo estaba leyendo en español pensando que el original estaba en Ruso, sin embargo, doy fe de que la traducción que al menos yo leí era muy buena (la comparé con el original en Inglés) y, por ende, lo que se lee en la traducción al español no es la habilidad del traductor (cosa que temo con frecuencia en todos los libros traducidos) sino puramente de Nabokov. Su prosa es fascinante, limpia, bella, directa, con la cuota precisa de breves metáforas y analogías que no hacen más que embellecer la lectura, y no desvían ni confunden la atención (me incomoda la literatura pretenciosa, de dramática simbología por las ramas).

Respecto a la trama, también es interesantísima, especialmente para quienes disfrutamos de lo bizarro, lo demente, lo psicopático y lo enfermizo, más aún cuando está planteado de una forma paradójicamente hermosa. Para quienes no conocen muy bien la trama de Lolita, es la historia de un cuarentón perturbado, que se enamora (u obsesiona, o ambos, depende de la perspectiva) de una niña (no alcanza para ser llamada "jovencita") de 12 años.


Advertencia, en adelante:
- Spoilers
- Alusión a la película de Lolita
- Alusión a qué tanto hay de cierto en que Nabokov se parece al narrador de Lolita

martes, 9 de julio de 2013

Los últimos minutos de los 19 y los primeros de los 20.

El día de mi cumpleaños es un día que me produce sentimientos terriblemente ambivalentes. Por un lado está el entusiasmo, la ansiedad y la alegría que produce tener un día casi estrictamente para ti, en el que se te perdona no lavar los platos y se te permite comer 5 pedazos de torta en lugar de 1. Pero por otro lado, está el nerviosismo que me produce el temor a no tener un cumpleaños lo feliz que la sociedad dice que deben ser los cumpleaños. Que algo salga mal y todo se arruine, que algo haga enojar a mis familiares, que ninguna amistad se acuerde de mí, decepcionarme.

Siempre intento no esperar nada, intentar hacer como si éste fuese un día más del año y sencillamente dejar que las cosas positivas lleguen. Sin embargo, no puedo evitar generarme expectativas, y muchas veces temo que no se cumplan y que torpemente termine triste.  Jamás me ha pasado. Jamás he tenido un cumpleaños triste. Sin embargo, las horas antes a mi cumpleaños me embarga un nerviosismo que roza la neurosis.

De más niña no me pasaba. Al contrario, esperaba con ansias la llegada de mi cumpleaños y armar una fiestecita con todos mis amiguitos. Empero, estos tres últimos cumpleaños han sido los más nerviosos. Al menos durante la víspera y los primeros minutos. Pasadas las 12, comienzo a tranquilizarme, y al día siguiente ya puedo realmente disfrutar de mi cumpleaños. Allí me dan ganas de celebrar y mimarme con mi nuevo año.

La víspera de este cumpleaños fue especialmente graciosa aunque neurótica, como una risita nerviosa.  Durante el día intenté ignorar que al día siguiente cumpliría 20 años, cambiaría de folio, me volvería más anciana, y realicé todas mis actividades normalmente. Alrededor de las 7 comenzó mi ansiedad y me nació la idea de fotografiar mis últimas horas como diecinuevañera. He allí el pequeño desahogo artístico y narcisista que publiqué en mi entrada anterior. Después de la foto, me sentí bastante mejor y pude sobrevivir sin nerviosismos excesivos hasta pasada la cena con mi madre. Ya con el estómago lleno y la llegada del 9 de Julio inminente, comenzó nuevamente mi inquietud.

Los últimos minutos antes de las 12 se sintieron como una versión más tenebrosa de año nuevo. Comienzan darme ganas de ir al baño, pero no quiero ir porque no quiero pasar los primeros minutos de mis 20 años en el baño. También me comienzan a dar muchas ganas de realizar mini rituales para sellar un buen inicio de mi segunda década ¡pero queda tan poco tiempo!

Esta vez, por primera vez, alcancé y decidí hacer algo que se sintió muy torpe y ligeramente cinematográfico: Mientras una amiga llevaba la cuenta por chat, con la hora oficial por internet, de cuántos minutos faltaban para las 12, decidí que si quería pasar en algún accesible mis últimos minutos de 19 años y los primeros de los 20, era junto a la estufa y junto a mis gatos. Mientras me ubicaba me picaron las manos y quise escribirlo, por lo que me apresuré a agarrar mi diario y un lápiz, y escribir un par de breves garabatos que retrataban mi situación. Escrito todo y girando la cabeza para leer en mi computador que mi amiga escribía "UN MINUTOOOO", me acerqué a la estufa, le hice cariño a mi gata, me aferré a mi diario y al lápiz, y esperé.

Los siguientes fueron los segundos más torpes y cinematográficos. Por un instante, me sentí como si estuviese esperando el fin del mundo, aferrada dramáticamente a algunas de las cosas que más amaba: un rincón tibio y acogedor, mis gatos y mi literatura. Llegué a cerrar los ojos, casi esperando un golpe, un rayo, la caída de un meteoro, el fin de la existencia, algo que me indicara que ya todo había pasado; cuando de pronto, magistralmente, dramáticamente, teatralmente sonó mi celular (el cual por cierto suena con esta canción, muy ad-hoc).

Era mi amiga, mi Dani, quién era la primera en saludarme para mi cumpleaños. Y entre narrarle la torpe acción que había realizado en mis últimos minutos de diecinueveañera, la tensión se me comenzó a ir en largos suspiros y empecé a tranquilizarme.

A una hora ya de haber cumplido los 20 años, todavía estoy dejando a la tensión irse. No se siente nada distinto. Solo la brutal revelación de que ni los 19 años, ni los 18, ni los 17, ni los 15, ni los 8 regresarán jamás.  

Se me viene todo un día de cumpleaños. Ojalá sea bonito.  

Untitled
La anterior es una composición que hice para mi cumpleaños número 18, en un intento de aplacar mi nerviosismo del momento.

lunes, 8 de julio de 2013

Breve despedida de los 19.

A horas de cambiar de folio, de cumplir dos décadas, este es mi intento artístico, narcisista y desesperado de conservar mi juventud. Chascona, pava, con un flequillo incierto y una cintita ridícula, estas son las últimas horas de Catalina a los 19.

La Catalina de 19 espera que la de 20 sea más valiente, más inteligente, más fuerte, (más esbelta) y que obtenga mucho mucho mucho conocimiento antes de los 21. Que lea más libros, que aprenda más cosas nuevas, que escriba mucho.

Más adulta, jamás

(También que eventualmente le deje de temer a los cumpleaños.)

"Les grandes personnes ne comprennent jamais rien toutes seules, et c’est fatigant, pour les
enfants, de toujours leur donner des explications."
Le Petit Prince

miércoles, 3 de julio de 2013

4 cuentos que usted haría muy bien en leer.

Hoy estaba recordando casualmente el cumpleaños del buen amigo Franz Kafka, cuando repentinamente recordé lo mucho que me gusta La Metamorfosis y posteriormente seguí enumerando mentalmente todos los cuentos que considero mis favoritos. Fue allí cuando me pregunté ¿por qué no escribir todas estas reflexiones?  y se me ocurrió que podría escribir una breve... (soy pésima para categorizar los escritos ¿qué sería esto? ¿una columna? ¿una reseña? ¿un artículo?) cosa, escrito, sobre mis cuentos favoritos.

Recién estaba pensando, que realmente no podría titular este escrito como "Cuatro cuentos que usted debe leer" porque los criterios que utilizaré son francamente subjetivos, y se restringen a los pocos cuentos que he leído a mis cortos 19 (casi 20) años (la descripción de mi persona al costado izquierdo del blog miente, pues no tendré veinte años hasta dentro de seis días). Sin embargo, siendo estos cuentos los favoritos de una persona, harían bien en echarles una miradita para ver si no podrían eventualmente volverse sus favoritos también.

Segundo episodio de los dibujos más feos del mundo, las "Catacosas".

Después de mi primer comic de ayer, me quedó gustando esto de retratar mis torpes aventuras en dibujitos más feos que los que hacía de niña por lo que, hoy traigo el segundo episodio de lo que decidí llamar "Catacosas". Éste lo dibujé ayer antes de irme a dormir. El episodio se titula "Cata en las fiestas"


martes, 2 de julio de 2013

"Problemas en la infraestructura del lector"
el dibujo más feo.

Hoy vengo a compartir algo que no tiene demasiada relevancia, pero sí una pizca de relevancia literaria. Desde que tengo memoria que me gusta dibujar, aunque a pesar del empeño, jamás he sido demasiado talentosa en ello. De niña me robaba resmas de hojas casi completas para doblarlas en dos, corchetearlas y hacer mini libritos en los cuales posteriormente desarrollaba los más torpes, ridículos, graciosos y bizarros comics. Recuerdos dos particularmente extraños: había uno que trataba de una niña en silla de ruedas que se moría y se iba al cielo, y otro de una niña tuerta y sus aventuras en su colegio para niñas tuertas junto a sus amigos tuertos. No puedo explicar por qué esas ideas venían a mí siendo tan niña pero, la verdad es que tuve una infancia muy sana, feliz y me entretenía mucho dibujando y coloreando mis bizarras creaciones.

Dejando atrás la nostalgia de mis viejos dibujitos, hoy mientras leía (el clásico "Lolita", por Vladimir Nabokov)se me ocurrió dibujar una situación que - me parece - es bastante frecuente entre las personas lectoras. Resultó ser uno de los comics más feos que he hecho en mi vida pero, al ser tan feo, lo encontré gracioso y quise compartirlo. Se titula "Problemas en la infraestructura del lector" y la protagonista soy yo. Ojalá al menos los feos trazos les saquen una sonrisa. Yo me reí bastante al ver la fealdad de la obra terminada. 


Para los que no entiendan mi letra, hago una traducción del dibujo aquí:


1. Cata lee felizmente 2. La lectura de Cata se ve interrumpida por un molesto dolor de espalda ("Me duele la espalda") 3. Cata decide ir a leer sentada en su cama, lee felizmente 4. Cuando repentinamente otro dolor aqueja a Cata ("Me duele el poto") 5. Posteriormente decide ir a sentarse al suelo. Está muy cómoda leyendo allí apoyada contra la pared cuando de pronto 6. Se percata de que le falta luz para leer completamente cómoda ("Me falta luz") 7. Cata dice: "Cuesta hallar la infraestructura del lector".

CASI SE ME OLVIDA, IMPORTANTE: Mi querido amigo Sebastián (Sebi, @Sebaasbrize, Sebits lolein para los amigos) me añadió dentro de sus blogs amigos en su propio blog: http://oldiegrant.blogspot.com por lo que manifiesto mis INFINITAS GRACIAS ♥ públicamente y ustedes deben visitar su blog porque es genial, gracioso y lo más choriflai lolein del mundo.  

Conflictos con la sociedad, episodio 1.

K. era una buena persona pero le costaba mucho hacer amistades. Era amable, tranquila, alegre, siempre estaba dispuesta a ayudar a quién la necesitase y a defender a quién fuese juzgado injustamente. Sin embargo, no era la falta de virtudes lo que dificultaba su sociabilización, sino lo mucho que le costaba disfrutar de lo que por convención disfrutaban todas las personas de su edad.

"Comencemos en la playa, terminemos en la cama. Trae la toalla porque te vas a mojar" rezaba la canción al son de la cual todos conversaban y brindaban, ignorándola completamente. El vaso de plástico lleno de cerveza fría. En 20 minutos, el cenicero repleto de colillas de cigarro. El piso pegajoso, las voces estruendosas, y por sobre la capa de humo, las estrellas, confundidas entre unas nubes que no eran propias del cielo.

K. estaba rodeada de buenas personas, la habían invitado con entusiasmo y no había gastado ni medio centavo: la cerveza había sido regalo de M. y el único cigarrillo que fumó en esas tres horas, había sido obsequio de A. La conversación era animada y alegre. Muchas risas, golpecitos en la espalda, idas al baño y referencias a lo frío del clima. La situación era casi perfecta ¿por qué no lo estaba disfrutando? La cerveza era amarga, el humo (tanto de su propio cigarro como el de otros) la ahogaba, la perturbadora música le hacía imposible oír lo que sus compañeros de mesa decían. Entonces, para participar del comportamiento ritual de sus coetáneos de embriagarse, prefería hacerlo en el silencio de la observadora. Muchas veces le preguntaban qué le pasaba, si buscaba algo, si tenía algo que convidar. Pero no, entonces se limitaba a sonreír para dar a entender que realmente lo estaba pasando muy bien, soltar una breve carcajada y proseguir observando.

La joven embriagada, el sobrio silencioso, el rudo ablandado, el tímido extrovertido. Cerveza negra, dorada, quinientos pesos más cara, quinientos más barata.

Durante esas tres horas, cuando el sonido de la música era tal que ya sencillamente se hallaba completamente sorda a la conversación de la mesa, alzaba el rostro al cielo e intentaba contemplar las estrellas en aquél firmamento que no debería tener nubes. Si mal no recordaba de las clases de astronomía, el hermoso cúmulo de estrellas que tenían sobre la cabeza debía ser "El Joyero". Baja la mirada, un trago de cerveza, amarga, arruga el rostro intentando pasar lo más desapercibida posible y arriba la mirada otra vez, en las estrellas, el único lugar que puede sacarla de allí.

- ¿Todo en orden K? ¿lo estás pasando bien? - le preguntaban. Eran buenas personas, se preocupaban todo lo que podían.
- Sí, sí - respondía ella con absoluta seguridad. No le gustaba decepcionarlos. Aunque en el fondo no le gustaba parecer que tenía un comportamiento anormal.
- ¿Qué miras tanto? - preguntaba A.
- Las estrellas, mira ¿ves ese grupito allá arriba? - preguntaba.
- Sí, sí - respondía A.
- Se llama cúmulo El Joyero.
- ¿En serio? - decía él, todo lo interesado que podía estar - qué entretenido - y volvía a sus quehaceres. El trago de cerveza, la palmeada en la espalda, la risa y la calada al cigarro.

Le habría gustado decirlo en voz alta. Contar cómo nacían los planetas. Explicar la maravillosa relación entre temperatura, antigüedad y color de las estrellas. El fenómeno de los agujeros negros. O sencillamente hacer una breve mención a la cruz del sur. Pero sabía que no sería factible decirlo y salir invicta en aquel contexto. No se reirían, eran muy buenas personas, pero la contemplarían con atención y posteriormente no podrían hacer más que mirarse entre ellos y sonreír con vergüenza ajena. Pobre K, tan pava.

Nadie podía decir que no se esforzaba, se esforzaba todo lo que podía. A ratos, la única motivación era esa convención social que establecía cómo una persona de su edad se debería sentir y comportar, entonces detestaba a la sociedad porque en el fondo no era parte de ella, pero estaba obligada a vivir dentro de ella. Sin embargo, a otros ratos, la motivación era la propia tristeza de no tener muchos amigos, la cual nacía de esa otra convención social de que uno debe tenerlos y la forma de hacerlos es aquella.

 - ¿Más cervecita K? - preguntaba J. con la sonrisa más amigable que podría haber hallado a 3 kilómetros a la redonda.

Una mirada al joyero en búsqueda de una escapatoria, pero las estrellas la contemplaban con indiferencia. Abajo la mirada y allí estaba J. otra vez con la botella en una mano, un cigarro en la otra y una sonrisa que intentaba lucir convincente, ancha, acogedora, sincera. No podía decepcionarla.

- Bueno, pero un poquito nomás.


La hija conflictiva de la sociedad. Condenada a necesitar de ella y sufrir la incapacidad de seguir sus reglas.