miércoles, 25 de diciembre de 2013

No es todo tan malo.


Y pasó la Navidad, y se aproxima año nuevo, y ya se va el 2013.

Mentiría si dijera que este fin de año no ha sido duro, si dijera que ha sido un fin de año tranquilo. Sin embargo, mentiría también si dijera que ha sido un fin de año completamente sumido en la oscuridad y carente de felicidad. No quisiera que éste año terminara y que como último testimonio quedara mi post anterior, cuando nada realmente terminó allí.

martes, 17 de diciembre de 2013

Perderlo (casi) todo.


Ayer entraron a robar a mi casa. Y tal y como dice el título, lo perdí todo, o casi todo. Escribir siempre ha sido parte de todos mis procesos de sanación, por lo que desde ayer apenas nos dimos cuenta que vengo esperando un instante de tranquilidad para poder escribir y sacar todos los sentimientos que albergo en mi interior.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Indignación: "Las ventajas de ser invisible" NO ES EL NUEVO "GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO".


Hoy vengo a expresar algo que hace mucho tiempo tengo guardado en mi interior. Puede que muchas personas estén en desacuerdo, pero les rogaría que no se tomaran esto personalmente. La opinión que expresaré a continuación es completamente personal, subjetiva (como todo lo expresado por seres humanos) y adaptada a mis circunstancias. 
Espero no perder con esto a los pocos lectores que tengo del blog.  

viernes, 6 de diciembre de 2013

Breve teoría sobre la frescura de la creatividad de otras culturas.


Hace rato que vengo queriendo hacer mi reseña de Never Let Me Go . Ya ha pasado casi un mes desde que me lo terminé y todavía no puedo escribirla porque cada vez que lo intentaba, me detenía demasiado tiempo en una teoría que tengo sobre la literatura de otras culturas, y después resultaba demasiado complejo recuperar el hilo con la reseña de Never Let Me Go. Es por ello que después de muchos intentos y falta de tiempo, he decidido que primero publicaré mi breve teoría y posteriormente intentaré escribir la reseña de Never Let Me Go.  La teoría que expresaré a continuación puede que sea grotescamente obvia, sin embargo, nació sola en mi cabeza y desconozco absolutamente si ha sido expresada con anterioridad.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Experimentos audiovisuales, datos y correcciones: El primer uso del Timer Remote.


Hoy vengo a hablar de mis experimentos audiovisuales. La comunicación audiovisual es uno de mis tipos de arte favorito, pero requiere mucha práctica y mucha ayuda de internet si se está intentando aprender por cuenta propia (sin talleres, ni carreras universitarias, ni profesores hechos y derechos). Es por ello que hoy vengo a compartir uno de mis primeros experimentos audiovisuales relativamente interesantes, y a compartir principalmente algunos datos y observaciones de las cosas que aprendí, para no volver a repetir los mismos errores la próxima vez y para ayudar a que otras personas tampoco los cometan. Durante mi aprendizaje me habría gustado mucho y me habría sido de mucha utilidad que alguien me enseñara muchas de las cosas que terminé aprendiendo sola, por lo que mi intención es - aunque todavía sea completamente principiante - que ojalá mis comentarios y observaciones torpes puedan ayudar a alguien que intenta avanzar por este mismo y bonito camino de la comunicación audiovisual.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Dato #1: La página por la que encargo mis libros y que cambió mi vida.



Hace mucho tiempo que quería actualizar el blog. La universidad ha estado dura y he tenido muy poco tiempo para... todo. Hace alrededor de dos semanas que me terminé Never Let Me Go y la reseña sigue pendiente, sin embargo, hace tiempo que tengo ganas de iniciar una sección de datos y he decidido iniciarla hoy. 

Para partir la sección, quisiera pasarles el dato más interesante e importante y maravilloso que creo que albergo en mi interior: la página por la que encargo mis libros, baratos, accesibles, hermosos, de alta calidad y a través de un medio completamente fiable.

sábado, 12 de octubre de 2013

Segundo trabajo audiovisual + una breve historia sobre Resistencia a la Insulina

Hoy vengo a presentarles mi segundo trabajo audiovisual.

Hace aproximadamente un mes me diagnosticaron Resistencia a la Insulina. La RI no es un asunto tan terrible si se cuida, si no se cuida, diabetes. Básicamente hay que tomar un medicamento (metformina) y llevar una vida sana. Esta vida sana no significa no darte un gustito de vez en cuando con uno que otro pastelillo, pero significa consumir muchos vegetales, eliminar el azúcar refinada de tu vida lo más que se pueda y hacer ejercicio (en esta parte debo decir que me he portado un poco mal, tengo que ponerme las pilas). Cuando al principio me la diagnosticaron me sentí devastada porque siempre me han gustado mucho los dulces y prácticamente toda la comida. Pensé que no podría comer nada de lo que me gustaba ni llevar una vida normal, pero luego me di cuenta que no era así, y que de hecho esta era una gran oportunidad para comenzar a llevar el estilo de vida sana que todas las personas deberíamos llevar.

El medicamento cambió mi vida, y me permitió realmente percatarme de las cantidades grotescas de comida que consumía antes. Mi ansiedad desapareció y en las 3 semanas que llevo de tratamiento he bajado tres kilos. Estoy contenta.

Es así como en esta corrida contra la Resistencia a la Insulina y en intentar llevar una vida más sana, he estado esforzándome en hallar versiones saludables de todas las comidas que siempre me gustó preparar (siempre me ha gustado mucho cocinar). Así descubrí que el Stevia no es tan malo si se sabe con qué preparar (café con leche o té con leche, por ejemplo), y que los alimentos sin azúcar también pueden ser ricos.

Debido a todo lo anterior, sumado a que he notado que no existen tutoriales que no parezcan enfermizos de alimentos sin azúcar, decidí también aprovechar la oportunidad de adherir mi gusto por la comunicación audiovisual a mi búsqueda de comidas ricas y sanas e hice este video como un pequeño ejercicio para ir aprendiendo cada vez más de filmación.

Es un tutorial infinitamente sencillo. No es para nada difícil preparar milkshake de frutillas sin azúcar. Pero insisto, sirve para ejercitar la filmación, motivarme a mi misma en mi corrida de eliminar el azúcar refinada de mi vida lo más que se pueda y eventualmente motivar a más personas a que la eliminen. El azúcar refinada no es sana y tampoco necesaria. Si se evita lo que más se pueda, nuestros cuerpos lo agradecerán.

Sin más preámbulos, he aquí "Ejercicio 2: Cómo preparar milkshake de frutilla" ¡ojalá les guste y muchas gracias por leerme!

domingo, 29 de septiembre de 2013

Presentación del primer video en sociedad.

Queridos lectores del blog,

Es extraño dirigirme a ustedes. Todavía se me hacen una etérea masa de personalidades anónimas. No sé quiénes leen el blog, ni quiénes no. Pero tengo la esperanza de que el contador de visitas no cuente solo las mías. El caso es que hoy venía a presentarles, con mucho orgullo, uno de mis últimos trabajos.

Siempre me han gustado las artes visuales. La fotografía, la ilustración, pero también me gusta mucho el video, la filmación, la animación, el stop-motion. Hasta ahora, jamás había podido filmar porque no tenía una cámara que filmara (mi amada XSi, la cual finalmente decidí no vender, lamentablemente no podía capturar video). Durante varios años creé algunos videos utilizando técnicas alternativas que no requerían filmar video: stop-motion y animación. Sin embargo, siempre quise filmar. Siempre quise poder capturar el ligero vaivén del pasto con la brisa, el movimiento de las ramas, detalles minúsculos que no se logran capturar con algo que no sea video. Fue así como comencé a ahorrar, y hace algunas semanas recibí a la nueva miembro de la familia: una hermosa Canon Eos Rebel T3i, la cual filma. Es así como con ella nos hemos embarcado en un mundo totalmente nuevo de aventuras.

Jamás pensé que la filmación fuese tan difícil. No solo es difícil filmar, sino que lo más difícil es editar. Los programas que se requieren son muy pesados, y si bien mi computador es bastante bueno (o al menos siempre pensé que lo era), igualmente se demora mucho en procesar todo.

Pero bueno, el caso es que después de 6 horas editando con mucho esfuerzo, y alrededor de dos semanas aprendiendo a utilizar los programas, nació mi primer videito. Además, mi primer time-lapse, y el primer video satisfactorio que filmo con mi cámara nueva. No es un gran video. Todavía soy una primeriza, por lo que es bastante pichiruchi y todavía tiene muchas cosas que se le podrían mejorar. Sin embargo, con algo se parte, y espero ir mejorando con la práctica.

Sin más preámbulos, les presento: Océano Mar.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Venus

El día de de la muerte de Clara fue raro. Más raro todavía de lo que podría ser comúnmente un día en el que una persona muere.

Recuerdo que era feriado, parte de la larga serie de días feriados durante las celebraciones patrias. Era una mañana radiante, alrededor de las 10. La noche anterior había garuado, por lo que el cielo se había limpiado parcialmente y estaba precioso, decorado justamente con nubes esponjosas. El sol me llegaba a la frente mientras leía, cuando Maite irrumpió en nuestra casa gritando. Todos en casa éramos personas quizá excesivamente calmas, por lo que gritar a todo pulmón en esta circunstancia era completamente pertinente para alarmarnos lo que ameritaba la situación.
- AYUDA, AYUDA, LA CLARA, LA CLARAAA - gritaba.
Maite era nuestra vecina, pero también mi tía y hermana de mi papá. La Clarita, por ende, era mi prima hermana, y aunque no correspondía, siempre la contemplé con el fervor con el que se contemplaría a una Diosa. Siempre me gustó.

Clara era bonita, pero no de esas bonitas que todos considerarían como tal. Era muy alta, quizá demasiado alta para lo que le convenía, y ligeramente robusta. No era gorda, en absoluto, pero no era lo esbelta que eran todas las mujeres de su edad. Para mí, era perfecta. Como las pinturas y las esculturas de Venus. Curvilínea, de cabello anaranjado, ojos oscuros y tez pecosa, adorable.
Eso sí, no tenía buen carácter. Era inteligentísima, la más inteligente; pero se enojaba con facilidad y no tenía demasiada tolerancia ni a las equivocaciones propias, ni a las ajenas. Siempre esperaba que todos nos comportáramos como los mismos Dioses con los que ella estaba acostumbrada a codearse en el Olimpo.

Para ser cercano a Clara había que ser alguien. Destacado, intelectual, y si no se tenía ninguna de estas dos cualidades, se subían un par de escalones hacia su trono siendo bello. Yo no tenía ninguna de estas características. Tanto mi aspecto físico como intelectual eran genéticamente mediocres. Siempre le puse mucho empeño a todo, pero las exigencias de la sociedad occidental y moderna eran demasiadas para mí y nunca pude alcanzarlas lo suficiente para destacarme. A mí me gustaba soñar, dibujar, leer, y coleccionar piedrecitas que fuesen geométricamente perfectas. Pero todo esto resultaba demasiado vacuo para Clara, insignificante. Además, no es que haya podido conocerme mucho. Aunque éramos vecinos y tomábamos once juntos casi todos los días en la casa de mi tía Maite, pocas veces me atreví a hablarle y ella pocas veces me dirigió la palabra. Nuestra comunicación se reducía a pedirnos mutua y educadamente, la mantequilla y la sal.

Recuerdo que me demoré bastante en reaccionar. Maite gritaba desesperadamente, pero yo me tomé mi tiempo para colocar el marcador entre las páginas y dejar el libro sobre el velador antes de salir de la cama.
- Dios mío, qué pasa - decía mamá, arrastrando apresuradamente las pantuflas hacia la entrada de la casa.
- LA CLARA, LA CLARA DANIELITA, SE ME CAYÓ EN LA DUCHA Y NO RESPONDE.

Ante las palabras "no responde" fue que realmente caí en la gravedad del asunto. 

Tuvimos que sacarla entre los cuatro de la ducha, agarrando cada uno, uno de sus miembros todavía húmedos y ligeramente jabonosos. Fue una situación extraña y algo incómoda. Maite había corrido tan apresuradamente a nuestra casa que no había habido tiempo de cubrir a Clara con nada, por lo que por primera vez la vi desnuda. Había repetido este instante tantas veces en mi mente. Pero en mis sueños Clara era perfecta, como la Diosa que siempre fue para mí. De piel tersa, perfecta, simétrica, con un aroma dulce cada vez que hundía mi rostro en su estómago ficticio. Sin embargo, mientras la sacábamos de la ducha y la colocábamos en el suelo para que papá intentara reanimarla mientras mamá llamaba a una ambulancia, no podía dejar de pensar que Clara habría considerado indigna aquella forma de morir: desnuda, vulnerable, revelando todas las imperfecciones que minuciosamente ocultó mientras estaba vestida, y viva. Por lo mismo, me resultó imposible contemplarla con lujuria. Sentía que cada mirada curiosa era un insulto a su voluntad, a su privacidad, a su intimidad. Tenía los pechos caídos, uno más grande que el otro, estrías, el estómago ligeramente abultado, un pubis poco frondoso, una cicatriz larga bajo el pecho izquierdo y varias cicatrices pequeñas al interior del muslo derecho. Jamás me atreví a preguntar por las cicatrices.  

Su desnudez, más que endiosarla aun más, parecía bajarla al mismo plano del resto de las mujeres humanas. Y por ende, por primera vez, estaba a un nivel en el que yo, un vulgar mortal, podía tomarle cariño. Antes, su condición de Diosa la ponía tan lejos de mi alcance que jamás llegue siquiera a osar sentir amor por ella. Lo que sentía por Clara era un fanatismo que intentaba disfrazarse de amor platónico, un fanatismo que producía cartas que jamás le entregué, un fanatismo que la transformaba en la protagonista de todos mis sueños. Y su imagen me imponía tanto respeto que jamás había siquiera intentado imaginarla en un contexto cotidiano, mortal, vulgar; ella era demasiado para eso. En aquél instante, sin embargo, contemplando su cuerpo todavía tibio, pude imaginarme queriéndola. Abrazándola, acariciando sus imperfecciones, tocando sus labios, riendo juntos, haciéndola feliz.  

Pero ya era demasiado tarde.


Mientras la hundían en la tierra, vestida y maquillada elegantemente, nuevamente endiosada, me despedí de ella agitando suavemente la mano. Por fortuna, nadie lo notó, se habría visto un poco extraño en un muchacho de 20 años. Pero necesitaba decirle adiós con aquél gesto cotidiano, torpe, infantil. Como símbolo del vínculo minúsculo que alcancé a generar con aquella joven mientras se le escapaba la vida sobre las baldosas del baño de su casa. La Clarita, mi prima. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

domingo, 1 de septiembre de 2013

Detalles para la añoranza.


Anoche, mientras apoyaba las manos contra el borde de la estufa para hacerlas entrar en calor, posé distraídamente la mirada en las cutículas de mis uñas cuando noté diminutos restos de esmalte rojo que la acetona no había podido eliminar. Además de lo cotidiano de la acción, había algo familiar en el sentimiento que me traían esas máculas de pintura. Fue entonces cuando recordé un instante perdido en el que esas diminutas e insignificantes partículas habían sido importantes.

viernes, 16 de agosto de 2013

Visiones y reflexiones sobre la estética y su relevancia.

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Hoy vengo a hablar de algo que siempre, siempre me ha costado mucho expresar, por lo que esta especie de escrito que pretende tener aspiraciones a ensayo, será todo un reto. Antes de comenzar, eso sí, quisiera avisar que hice tres anuncios pequeños aquí (click). Dicho esto, procedamos.

Anuncios varios.


Hoy vengo a hacer algunos anuncios que tenía pendientes:

En primer lugar, quisiera comunicar que estoy vendiendo mi cámara para financiar la compra de una mejor. Es una Canon EOS Rebel XSi, en perfecto estado, cuidada con amor. La cual vendería junto al lente Canon EF 18-55 mm. Si desea más información, puede hacer click en mi anuncio de venta en Mercadolibre (click), o enviarme un e-mail a Laterceraletra@gmail.com

En segundo lugar, quisiera anunciar que creé un tumblr especialmente para mis dibujitos. Le he agarrado harto el gusto a esto de volver a hacer ilustraciones torpes, por lo que: http://awkwardoodles.tumblr.com

Y en tercer lugar aunque no menos importante, también relativo a los dibujitos, mi amigo Seba, administrador, creador, dueño y gerente de http://oldiegrant.blogspot.com, me invitó a participar de la sección "Viñetajaja" de su blog, en la que varias personas (entre ellas, yo) hacemos dibujitos relativos a algún tema. Sugiero visitarlo si se quiere reír un rato. En el mismo blog, mi amigo Seba me incluyó también en su sección "El retratao de la semana", en la cual me dibujó muy lolein y elegante, y yo me sentí muy honrada.

Me parece que estos son los anuncios que tenía que hacer. A continuación publicaré una especie de "ensayo" o "reflexión", sobre mi visión de la estética, por si gusta leerla.

Muchas gracias por su atención.

miércoles, 24 de julio de 2013

Fotos de un paseo de reencuentro.

El día de hoy fue especialmente bonito. Me junté con una amiga que estimo mucho, Eliana, pero a quién no veía hace mucho tiempo y con quién hace mucho tiempo que no tenía una conversación decente, pues estuvo alrededor de un año en Bélgica. Hace algunos días regresó, y si bien ya nos habíamos visto y abrazado y conversado un poco en su reunión de bienvenida (junto a más amigos) esta era la primera vez en que nos juntábamos las dos solas en más de un año y teníamos la oportunidad de conversar tranquilamente. La tarde se pasó rapidísima, y aunque en ningún momento dejamos de parlanchinear, todavía nos queda mucho  por contarnos en lo que a aventuras y crecimiento personal respecta. En un año pasan muchas cosas, por lo que será urgente programar una nueva reunión. Sin embargo, con algo partimos, y fue una tarde realmente preciosa, repleta de curiosidades, arte e historias.

Siguiendo poniéndole empeño a mi meta de sacar a mi cámara más seguido a pasear, dado el lugar precioso por el que andaríamos, me decidí a llevarla. Y además de muy bonitos recuerdos, obtuve imágenes que me dejaron muy contenta y quise compartir con ustedes:

Eliana
Mi amiga Eliana, muy bonita y risueña.
Helado
Mi helado: chocolate avellana con dulce de leche. 

domingo, 21 de julio de 2013

El cuco.

Un, dos, tres.
Caminas a la cocina, un bocadillo nocturno, delicioso, un sándwich, una galletita, un pedazo de pastel. Son las tres de la mañana, la familia descansa. Hace frío y estás tan apresurado por regresar pronto a tu tibia habitación que te devoras el bocadillo allí mismo, de pié, junto al refrigerador abierto.
El refrigerador se cierra, el estómago satisfecho, la sonrisa en el rostro. Ahora debes regresar a tu habitación, pero olvidaste un detalle: de ida era la luz de tu habitación la que te protegía, ahora, de regreso, cuando apagues la luz de la cocina todo lo que quedará a tu espalda será la penumbra.
Pero por favor, somos adultos, sabemos que no pasa nada en la oscuridad. Además tu habitación no está tan lejos. Tan solo tienes que avanzar por el pasillo, pasar frente a la puerta cerrada de tu hermana, a la puerta entreabierta del estudio, a la puerta cerrada de mamá, y ya estás en tu pieza. Nada que temer.
Observas a tu alrededor, ja ja ja pero qué cosas estás pensando, estaba deliciosa la torta de tres leches ¿ah?, regresemos pronto para volver a la cama tibia y seguir leyendo.
Acercas la mano al interruptor y la apagas. Te apresuras, un escalofrío sube por tu espina, pero qué cosas estás pensando, ya no tienes cinco años ¿ves? no eres tan gallina como para correr dentro de tu propia casa, dentro de tu propia oscuridad, camina tranquilo, como el hombre que eres, impasible, derecho, con calma. ¿Un ruido? tranquilidad, fueron los gatos, no pienses ridiculeces. ¿Otro ruido? insisto, el viento. ¿Ves? ya pasó, si está todo en calma, todo silencioso, todo tranquilo, todo imperturbable. Si prestas atención es a tu hermana a quien puedes oír respirar, escucha, inhala, exhala, inhala, exhala. Una respiración serena, como la que tu deberías tener, cobarde. Pero si la habitación está cerrada, espera ¿estás seguro que es tu hermana? Un, dos, tres. Pero si soy yo quién te sorprende por la espalda, cómo no me viste, tontito, yo también salí por un bocadillo nocturno, deja de moverte tanto ¿no ves que vas a despertarlos a todos? dame una probadita de tus entrañas mientras todavía estás vivo.

jueves, 18 de julio de 2013

Fotos de la playa.

Ayer volví de la playa. Fueron cuatro días hermosos con la mejor compañía. Además de descansar, de disfrutar de las puestas de sol, de repletarme de comida deliciosa y de oxigenar mis pulmones capitalinos, estos días me sirvieron mucho para sacar a pasear a mi cámara. Hace tiempo que no tenía el gusto de fotografiar paisajes no-urbanos y esta vez tomé hartas fotos que me dejaron contenta.

Me habría encantado fotografiar más, pero vivo en la constante ambivalencia de la persona que quiere vivir el momento y la persona que quiere capturar el momento.

 A continuación, comparto con ustedes algunas de las que más me gustaron. Todas ellas (todas las que estoy posteando por ahora, no todas las que tomé) fueron capturadas en uno de los paseos por la playa que dimos mi novio y yo. 

Anonymous model
El anterior es un modelo anónimo. Una persona desconocida que estaba en el lugar adecuado, en el momento adecuado.
Seagull

jueves, 11 de julio de 2013

Comentario literario: "Lolita" de Vladimir Nabokov.

Anoche me terminé "Lolita" de Vladimir Nabokov y antes de proseguir con mi siguiente libro a leer (el cual todavía no decido, hay tanto pero tanto que leer) pensé que sería mejor hacer una crítica, o al menos una observación, un pequeño comentario de qué me pareció el libro.  

Me gustaría comenzar diciendo que es un buen libro, y que sí, sin duda vale la pena que lo lean. No llevaba ni 20 páginas y ya me había hecho una hermosa primera impresión de la narrativa de Nabokov. Casi me dio un ataque cuando me enteré que el libro había sido escrito en Inglés y yo lo estaba leyendo en español pensando que el original estaba en Ruso, sin embargo, doy fe de que la traducción que al menos yo leí era muy buena (la comparé con el original en Inglés) y, por ende, lo que se lee en la traducción al español no es la habilidad del traductor (cosa que temo con frecuencia en todos los libros traducidos) sino puramente de Nabokov. Su prosa es fascinante, limpia, bella, directa, con la cuota precisa de breves metáforas y analogías que no hacen más que embellecer la lectura, y no desvían ni confunden la atención (me incomoda la literatura pretenciosa, de dramática simbología por las ramas).

Respecto a la trama, también es interesantísima, especialmente para quienes disfrutamos de lo bizarro, lo demente, lo psicopático y lo enfermizo, más aún cuando está planteado de una forma paradójicamente hermosa. Para quienes no conocen muy bien la trama de Lolita, es la historia de un cuarentón perturbado, que se enamora (u obsesiona, o ambos, depende de la perspectiva) de una niña (no alcanza para ser llamada "jovencita") de 12 años.


Advertencia, en adelante:
- Spoilers
- Alusión a la película de Lolita
- Alusión a qué tanto hay de cierto en que Nabokov se parece al narrador de Lolita

martes, 9 de julio de 2013

Los últimos minutos de los 19 y los primeros de los 20.

El día de mi cumpleaños es un día que me produce sentimientos terriblemente ambivalentes. Por un lado está el entusiasmo, la ansiedad y la alegría que produce tener un día casi estrictamente para ti, en el que se te perdona no lavar los platos y se te permite comer 5 pedazos de torta en lugar de 1. Pero por otro lado, está el nerviosismo que me produce el temor a no tener un cumpleaños lo feliz que la sociedad dice que deben ser los cumpleaños. Que algo salga mal y todo se arruine, que algo haga enojar a mis familiares, que ninguna amistad se acuerde de mí, decepcionarme.

Siempre intento no esperar nada, intentar hacer como si éste fuese un día más del año y sencillamente dejar que las cosas positivas lleguen. Sin embargo, no puedo evitar generarme expectativas, y muchas veces temo que no se cumplan y que torpemente termine triste.  Jamás me ha pasado. Jamás he tenido un cumpleaños triste. Sin embargo, las horas antes a mi cumpleaños me embarga un nerviosismo que roza la neurosis.

De más niña no me pasaba. Al contrario, esperaba con ansias la llegada de mi cumpleaños y armar una fiestecita con todos mis amiguitos. Empero, estos tres últimos cumpleaños han sido los más nerviosos. Al menos durante la víspera y los primeros minutos. Pasadas las 12, comienzo a tranquilizarme, y al día siguiente ya puedo realmente disfrutar de mi cumpleaños. Allí me dan ganas de celebrar y mimarme con mi nuevo año.

La víspera de este cumpleaños fue especialmente graciosa aunque neurótica, como una risita nerviosa.  Durante el día intenté ignorar que al día siguiente cumpliría 20 años, cambiaría de folio, me volvería más anciana, y realicé todas mis actividades normalmente. Alrededor de las 7 comenzó mi ansiedad y me nació la idea de fotografiar mis últimas horas como diecinuevañera. He allí el pequeño desahogo artístico y narcisista que publiqué en mi entrada anterior. Después de la foto, me sentí bastante mejor y pude sobrevivir sin nerviosismos excesivos hasta pasada la cena con mi madre. Ya con el estómago lleno y la llegada del 9 de Julio inminente, comenzó nuevamente mi inquietud.

Los últimos minutos antes de las 12 se sintieron como una versión más tenebrosa de año nuevo. Comienzan darme ganas de ir al baño, pero no quiero ir porque no quiero pasar los primeros minutos de mis 20 años en el baño. También me comienzan a dar muchas ganas de realizar mini rituales para sellar un buen inicio de mi segunda década ¡pero queda tan poco tiempo!

Esta vez, por primera vez, alcancé y decidí hacer algo que se sintió muy torpe y ligeramente cinematográfico: Mientras una amiga llevaba la cuenta por chat, con la hora oficial por internet, de cuántos minutos faltaban para las 12, decidí que si quería pasar en algún accesible mis últimos minutos de 19 años y los primeros de los 20, era junto a la estufa y junto a mis gatos. Mientras me ubicaba me picaron las manos y quise escribirlo, por lo que me apresuré a agarrar mi diario y un lápiz, y escribir un par de breves garabatos que retrataban mi situación. Escrito todo y girando la cabeza para leer en mi computador que mi amiga escribía "UN MINUTOOOO", me acerqué a la estufa, le hice cariño a mi gata, me aferré a mi diario y al lápiz, y esperé.

Los siguientes fueron los segundos más torpes y cinematográficos. Por un instante, me sentí como si estuviese esperando el fin del mundo, aferrada dramáticamente a algunas de las cosas que más amaba: un rincón tibio y acogedor, mis gatos y mi literatura. Llegué a cerrar los ojos, casi esperando un golpe, un rayo, la caída de un meteoro, el fin de la existencia, algo que me indicara que ya todo había pasado; cuando de pronto, magistralmente, dramáticamente, teatralmente sonó mi celular (el cual por cierto suena con esta canción, muy ad-hoc).

Era mi amiga, mi Dani, quién era la primera en saludarme para mi cumpleaños. Y entre narrarle la torpe acción que había realizado en mis últimos minutos de diecinueveañera, la tensión se me comenzó a ir en largos suspiros y empecé a tranquilizarme.

A una hora ya de haber cumplido los 20 años, todavía estoy dejando a la tensión irse. No se siente nada distinto. Solo la brutal revelación de que ni los 19 años, ni los 18, ni los 17, ni los 15, ni los 8 regresarán jamás.  

Se me viene todo un día de cumpleaños. Ojalá sea bonito.  

Untitled
La anterior es una composición que hice para mi cumpleaños número 18, en un intento de aplacar mi nerviosismo del momento.

lunes, 8 de julio de 2013

Breve despedida de los 19.

A horas de cambiar de folio, de cumplir dos décadas, este es mi intento artístico, narcisista y desesperado de conservar mi juventud. Chascona, pava, con un flequillo incierto y una cintita ridícula, estas son las últimas horas de Catalina a los 19.

La Catalina de 19 espera que la de 20 sea más valiente, más inteligente, más fuerte, (más esbelta) y que obtenga mucho mucho mucho conocimiento antes de los 21. Que lea más libros, que aprenda más cosas nuevas, que escriba mucho.

Más adulta, jamás

(También que eventualmente le deje de temer a los cumpleaños.)

"Les grandes personnes ne comprennent jamais rien toutes seules, et c’est fatigant, pour les
enfants, de toujours leur donner des explications."
Le Petit Prince

miércoles, 3 de julio de 2013

4 cuentos que usted haría muy bien en leer.

Hoy estaba recordando casualmente el cumpleaños del buen amigo Franz Kafka, cuando repentinamente recordé lo mucho que me gusta La Metamorfosis y posteriormente seguí enumerando mentalmente todos los cuentos que considero mis favoritos. Fue allí cuando me pregunté ¿por qué no escribir todas estas reflexiones?  y se me ocurrió que podría escribir una breve... (soy pésima para categorizar los escritos ¿qué sería esto? ¿una columna? ¿una reseña? ¿un artículo?) cosa, escrito, sobre mis cuentos favoritos.

Recién estaba pensando, que realmente no podría titular este escrito como "Cuatro cuentos que usted debe leer" porque los criterios que utilizaré son francamente subjetivos, y se restringen a los pocos cuentos que he leído a mis cortos 19 (casi 20) años (la descripción de mi persona al costado izquierdo del blog miente, pues no tendré veinte años hasta dentro de seis días). Sin embargo, siendo estos cuentos los favoritos de una persona, harían bien en echarles una miradita para ver si no podrían eventualmente volverse sus favoritos también.

Segundo episodio de los dibujos más feos del mundo, las "Catacosas".

Después de mi primer comic de ayer, me quedó gustando esto de retratar mis torpes aventuras en dibujitos más feos que los que hacía de niña por lo que, hoy traigo el segundo episodio de lo que decidí llamar "Catacosas". Éste lo dibujé ayer antes de irme a dormir. El episodio se titula "Cata en las fiestas"


martes, 2 de julio de 2013

"Problemas en la infraestructura del lector"
el dibujo más feo.

Hoy vengo a compartir algo que no tiene demasiada relevancia, pero sí una pizca de relevancia literaria. Desde que tengo memoria que me gusta dibujar, aunque a pesar del empeño, jamás he sido demasiado talentosa en ello. De niña me robaba resmas de hojas casi completas para doblarlas en dos, corchetearlas y hacer mini libritos en los cuales posteriormente desarrollaba los más torpes, ridículos, graciosos y bizarros comics. Recuerdos dos particularmente extraños: había uno que trataba de una niña en silla de ruedas que se moría y se iba al cielo, y otro de una niña tuerta y sus aventuras en su colegio para niñas tuertas junto a sus amigos tuertos. No puedo explicar por qué esas ideas venían a mí siendo tan niña pero, la verdad es que tuve una infancia muy sana, feliz y me entretenía mucho dibujando y coloreando mis bizarras creaciones.

Dejando atrás la nostalgia de mis viejos dibujitos, hoy mientras leía (el clásico "Lolita", por Vladimir Nabokov)se me ocurrió dibujar una situación que - me parece - es bastante frecuente entre las personas lectoras. Resultó ser uno de los comics más feos que he hecho en mi vida pero, al ser tan feo, lo encontré gracioso y quise compartirlo. Se titula "Problemas en la infraestructura del lector" y la protagonista soy yo. Ojalá al menos los feos trazos les saquen una sonrisa. Yo me reí bastante al ver la fealdad de la obra terminada. 


Para los que no entiendan mi letra, hago una traducción del dibujo aquí:


1. Cata lee felizmente 2. La lectura de Cata se ve interrumpida por un molesto dolor de espalda ("Me duele la espalda") 3. Cata decide ir a leer sentada en su cama, lee felizmente 4. Cuando repentinamente otro dolor aqueja a Cata ("Me duele el poto") 5. Posteriormente decide ir a sentarse al suelo. Está muy cómoda leyendo allí apoyada contra la pared cuando de pronto 6. Se percata de que le falta luz para leer completamente cómoda ("Me falta luz") 7. Cata dice: "Cuesta hallar la infraestructura del lector".

CASI SE ME OLVIDA, IMPORTANTE: Mi querido amigo Sebastián (Sebi, @Sebaasbrize, Sebits lolein para los amigos) me añadió dentro de sus blogs amigos en su propio blog: http://oldiegrant.blogspot.com por lo que manifiesto mis INFINITAS GRACIAS ♥ públicamente y ustedes deben visitar su blog porque es genial, gracioso y lo más choriflai lolein del mundo.  

Conflictos con la sociedad, episodio 1.

K. era una buena persona pero le costaba mucho hacer amistades. Era amable, tranquila, alegre, siempre estaba dispuesta a ayudar a quién la necesitase y a defender a quién fuese juzgado injustamente. Sin embargo, no era la falta de virtudes lo que dificultaba su sociabilización, sino lo mucho que le costaba disfrutar de lo que por convención disfrutaban todas las personas de su edad.

"Comencemos en la playa, terminemos en la cama. Trae la toalla porque te vas a mojar" rezaba la canción al son de la cual todos conversaban y brindaban, ignorándola completamente. El vaso de plástico lleno de cerveza fría. En 20 minutos, el cenicero repleto de colillas de cigarro. El piso pegajoso, las voces estruendosas, y por sobre la capa de humo, las estrellas, confundidas entre unas nubes que no eran propias del cielo.

K. estaba rodeada de buenas personas, la habían invitado con entusiasmo y no había gastado ni medio centavo: la cerveza había sido regalo de M. y el único cigarrillo que fumó en esas tres horas, había sido obsequio de A. La conversación era animada y alegre. Muchas risas, golpecitos en la espalda, idas al baño y referencias a lo frío del clima. La situación era casi perfecta ¿por qué no lo estaba disfrutando? La cerveza era amarga, el humo (tanto de su propio cigarro como el de otros) la ahogaba, la perturbadora música le hacía imposible oír lo que sus compañeros de mesa decían. Entonces, para participar del comportamiento ritual de sus coetáneos de embriagarse, prefería hacerlo en el silencio de la observadora. Muchas veces le preguntaban qué le pasaba, si buscaba algo, si tenía algo que convidar. Pero no, entonces se limitaba a sonreír para dar a entender que realmente lo estaba pasando muy bien, soltar una breve carcajada y proseguir observando.

La joven embriagada, el sobrio silencioso, el rudo ablandado, el tímido extrovertido. Cerveza negra, dorada, quinientos pesos más cara, quinientos más barata.

Durante esas tres horas, cuando el sonido de la música era tal que ya sencillamente se hallaba completamente sorda a la conversación de la mesa, alzaba el rostro al cielo e intentaba contemplar las estrellas en aquél firmamento que no debería tener nubes. Si mal no recordaba de las clases de astronomía, el hermoso cúmulo de estrellas que tenían sobre la cabeza debía ser "El Joyero". Baja la mirada, un trago de cerveza, amarga, arruga el rostro intentando pasar lo más desapercibida posible y arriba la mirada otra vez, en las estrellas, el único lugar que puede sacarla de allí.

- ¿Todo en orden K? ¿lo estás pasando bien? - le preguntaban. Eran buenas personas, se preocupaban todo lo que podían.
- Sí, sí - respondía ella con absoluta seguridad. No le gustaba decepcionarlos. Aunque en el fondo no le gustaba parecer que tenía un comportamiento anormal.
- ¿Qué miras tanto? - preguntaba A.
- Las estrellas, mira ¿ves ese grupito allá arriba? - preguntaba.
- Sí, sí - respondía A.
- Se llama cúmulo El Joyero.
- ¿En serio? - decía él, todo lo interesado que podía estar - qué entretenido - y volvía a sus quehaceres. El trago de cerveza, la palmeada en la espalda, la risa y la calada al cigarro.

Le habría gustado decirlo en voz alta. Contar cómo nacían los planetas. Explicar la maravillosa relación entre temperatura, antigüedad y color de las estrellas. El fenómeno de los agujeros negros. O sencillamente hacer una breve mención a la cruz del sur. Pero sabía que no sería factible decirlo y salir invicta en aquel contexto. No se reirían, eran muy buenas personas, pero la contemplarían con atención y posteriormente no podrían hacer más que mirarse entre ellos y sonreír con vergüenza ajena. Pobre K, tan pava.

Nadie podía decir que no se esforzaba, se esforzaba todo lo que podía. A ratos, la única motivación era esa convención social que establecía cómo una persona de su edad se debería sentir y comportar, entonces detestaba a la sociedad porque en el fondo no era parte de ella, pero estaba obligada a vivir dentro de ella. Sin embargo, a otros ratos, la motivación era la propia tristeza de no tener muchos amigos, la cual nacía de esa otra convención social de que uno debe tenerlos y la forma de hacerlos es aquella.

 - ¿Más cervecita K? - preguntaba J. con la sonrisa más amigable que podría haber hallado a 3 kilómetros a la redonda.

Una mirada al joyero en búsqueda de una escapatoria, pero las estrellas la contemplaban con indiferencia. Abajo la mirada y allí estaba J. otra vez con la botella en una mano, un cigarro en la otra y una sonrisa que intentaba lucir convincente, ancha, acogedora, sincera. No podía decepcionarla.

- Bueno, pero un poquito nomás.


La hija conflictiva de la sociedad. Condenada a necesitar de ella y sufrir la incapacidad de seguir sus reglas. 

martes, 18 de junio de 2013

Objetos atemporales 1: la estufa.

El sonido de la estufa es uno de los más agradables que trae consigo la llegada del invierno. Es una estufa antigua. Tan antigua que ya no se le ve ni la marca ni las instrucciones para encenderla, por lo que no sé ni qué marca es y la forma de encenderla lleva en mí la cantidad de tiempo que llevo sabiendo cómo respirar. Tiene un sonido característico que, me parece, no deberían hacer las estufas. Pero como ésta es viejita, se le perdona.

Después de tantos años entibiando mis inviernos, he asociado su zumbido a todos esos sentimientos de tranquilidad y bienestar que también trae consigo el descenso de las temperaturas. Todas esas noches lluviosas de truenos y relámpagos en las que con mi madre apagábamos las luces de la casa para ver bien la tormenta, y el único resplandor anaranjado que permanecía era el de la estufa, con aquél  eterno y característico zumbido. Todos esos días que llegaba empapada del colegio, después de venirme  todo el camino saltando sobre pozas, y dejaba mis zapatos y calcetines secándose encima, mientras el calor de la estufa me entibiaba las piernas todavía flacas. Todas esas noches frías en las que me arrimaba bajo el tendedero de ropa con alguno de mis gatos, a sencillamente sentir el calor de la estufa en mi rostro y el olor a ropa limpia y húmeda a mi alrededor.

Una vez le quemé la cola a un peluche de lo cerca que estaba.

Hoy, ya no quepo bajo el tendedero. Pero todavía, cada vez que mi madre pone la ropa a secar al costado de la estufa, me hago un espacio como puedo y me entibio el rostro hasta sentir que está a punto de arder como la cola del gato Tom. Mientras afuera aúlla la tormenta, el único sonido que me rodea es aquél característico zumbido que diariamente asocia nuevos recuerdos.


sábado, 13 de abril de 2013

Intruso.


Poco después del terremoto, el muro que separaba el terreno de mi casa de la de mi vecina, se cayó.

Hasta entonces, prácticamente había ignorado la noción de tener una vecina. El muro que nos apartaba había sido siempre tan ridículamente alto, que las únicas veces que la había visto habían sido un par de ocasiones en las que ella - infiero por el bolso y la cabeza gacha - volvía de su institución de estudios y a mí me habían mandado a comprar el pan para la once.

No era muy bonita, ni parecía demasiado inteligente. Caminaba siempre ligeramente encorvada, en prendas desteñidas que añoraban algún pasado de esplendor y era quizá demasiado alta para lucir proporcionada; por lo que jamás pudo llamar mi atención de ninguna forma, hasta que el muro se cayó.

Ocurrió un viernes por la madrugada, y todos despertamos creyendo que ahora si que sí se acababa el mundo. Era primera vez que todos nos veíamos las caras, y tuvimos el gusto de hacerlo en pijamas, con rostros sobresaltados, nuestras madres sin maquillaje y los escombros del muro entre nosotros.

Mientras mi padre coordinaba con el suyo los pormenores para reparar el muro - entre una breve disputa de quién era más dueño de éste -, ella se retiró a dormir. No necesité inferirlo, porque desde mi fresca mitad de jardín en la oscuridad, pude ver como se arropaba en la cama antes de apagar la luz. El hábito de privacidad que había sido el muro, la había acostumbrado a dormir con las cortinas abiertas, en una habitación que daba justo en dirección a la mía.

La reparación del muro no fue rápida, mucha discusión por el tipo de material, cotización y búsqueda de empresa constructora. Por lo que durante el tiempo en que compartimos jardín, desarrollé el inusual hábito de observarla. No me tomen por degenerado, por favor. Mis contemplaciones eran parte de un análisis meramente académico que no tenía absolutamente nada de perverso, tan solo la inocua curiosidad por la cotidianidad de una joven.

Siempre pareció vivir distraída, despreocupada, aparentemente ajena a la realidad, como si el muro jamás se hubiera derrumbado. Yo la contemplaba ávido, ya casi sin interés en mis libros, pero ella no miró en mi dirección ni una sola vez en esas cinco semanas.

Durante la noche, cuando separaba las cortinas de su habitación, encendía las luces y yo apagaba las mías en signo de estricta ensoñación, era cuando con más claridad y tranquilidad de no ser descubierto que podía observarla. La oscuridad del patio y de mi habitación, ocultaban del todo mi rostro curioso, mientras que el pequeño acuario de luz en el que se transformaba su habitación, no hacía más que volver cada uno de sus movimientos más nítidos. Era como ver un documental filmado por los mejores camarógrafos, en el mejor lugar del cine.

Desde la claridad y comodidad de mi penumbra, la vi realizar el largo y doloroso ritual de depilarse, la minuciosa labor de pintarse las uñas, leer literatura ligera, oír música popular, hablar por teléfono, ponerse el pijama e irse a dormir. Una completa rutina femenina que si no hubiese sido por la caída del muro, me habría estado vedada durante toda la vida por el sólo hecho de ser hombre.

Sé que no me creerán, pero siempre fui muy respetuoso en mi ya bastante irrespetuoso espionaje. Cerraba los ojos cuando se desvestía, cuando llegaba envuelta en una toalla después de la ducha y jamás me inmiscuí en ninguna conversación que podría haber sido privada.

Una noche cometí una equivocación, pero no por los motivos que ustedes se aprontarán a sospechar. Después de haber contemplado su rutina, especialmente la nocturna, por varias semanas, una noche me envalentoné y decidí acercarme. Abrí el ventanal de mi habitación, salí al jardín, esquivé los escombros del muro - los cuales seguían allí - y me aproximé a su ventana. La prolongada oscuridad había dilatado mis pupilas, y se podría decir que veía con privilegiada claridad. Abrí suavemente su ventana, inserté ligeramente la cabeza por el marco y la contemplé dormir.

Llevaba una camiseta celeste crema, de la cual todo lo que se asomaba era el cuello pues dormía muy arropada aún en verano. Tenía el cabello desparramado alrededor del rostro, un brazo con la palma abierta hacia arriba sobre la almohada, y otro con la manga ligeramente arremangada, sobre su vientre. La analicé de cerca, y por primera vez noté que tenía facciones matemáticamente correctas. Sin embargo, seguía sin parecerme bonita. Contemplé sus dedos largos, sin anillos, y con las uñas pintadas de ese burdeos que le había visto aplicar con esmero alrededor de las ocho de la noche.

De pronto ella se movió,  y en un veloz reflejo retiré la cabeza del hueco de la ventana y me escondí bajo ésta, acuclillado.

Cuando noté que ya no corría peligro de que encendiera luces, fue que decidí que había sido suficiente y me retiré a mi casa y cuarto a gatas, como un animal, esta vez sí para dormir.

Jamás habría imaginado que mi indiscreción crearía un monstruo.

Debido a mi claustrofobia, siempre dormí con las puertas y ventanas ligeramente entreabiertas. Los espacios cerrados me inquietaban y me hacían sentir enfermo. Y fue por estos motivos que una noche ella pudo entrar.

Se deslizó por la ventana, levantó las colchas de mi cama y se tumbó a mi lado.

La primera vez que lo hizo resultó demasiado surreal para creer que realmente estaba ocurriendo. Era ella, en su camiseta color crema, sus pantalones blancos con puntitos rosa, con las uña todavía burdeos, no solo entrando a mi habitación, sino que metiéndose en mi cama.

Jamás la toqué. Su sola presencia me incomodaba como una poderosa invasión, pero jamás pude decirle que no lo hiciera. Jamás intercambiamos ni una sola palabra, ni durante estos hechos, ni jamás. Ella solo entraba, se metía en mi cama, entrelazaba sus pies fríos con los míos, y se ceñía a mi pecho. Era como un pulpo enorme, una lapa pesadillezca. Y no había nada que pudiese hacer. Apartarla habría significado reconocer su presencia, por lo que solo me quedaba estático y muy incómodo, despierto, hasta la hora, un poco antes del amanecer, en que deshacía el abrazo de sus tentáculos y se marchaba, dejando como único rastro mi ventana ligeramente entreabierta y mis problemas de sueño.

Pocos días después de iniciada esta incómoda y silenciosa rutina, llegó un camión con ladrillos y cemento, y reconstruyeron el muro. Mi padre y el suyo intercambiaron un amigable apretón de manos y posteriormente jamás volvieron a hablar. A ella tampoco la he vuelto a ver, ni siquiera me la he topado saliendo o llegando a su hogar. Instalaron un almacén en la esquina contraria a la del que iba antes y el jamón es más barato, por lo que ya no tengo motivos para pasar frente a su casa. Sin embargo, a veces todavía voy al otro almacén, caminando un poco más rápido y pagando con mi propio dinero la diferencia de precio del jamón, con la esperanza de encontrármela y que me suelte casi en forma de confesión, sus motivos.

Me pregunto si todavía usará el mismo esmalte burdeos, si todavía no me parecerá bonita, si todavía carecerá de adherencia a la realidad.

Sé que es un deseo algo mezquino, pero a veces me dan ganas de que se venga otro terremoto igual con la pura intención de obtener respuestas.

sábado, 30 de marzo de 2013

"Missing Kissinger" por Etgar Keret.


Hace varios meses leí un artículo en el Artes y Letras de El Mercurio, en el que se referían a la obra de Etgar Keret, el más reciente escritor estrella de Israel. En el artículo lo calificaban de muy bueno, totalmente recomendable, irreverente, interesante, seductor y - lo que llamó más mi atención - un escritor que contaba con Cortázar dentro los escritores que a su vez lo inspiraban. En cuanto leí la mención a mi escritor Latinoamericano favorito, mis pupilas se detuvieron encantadas y supe que tenía que probar la literatura de éste escritor con el nombre más original que jamás he leído.

El libro resultó bueno.  Muy bueno. Y lo que me sedujo desde un principio, la influencia Cortazariana, fue patente desde el primero de los cuarenta y seis cuentos breves que contiene Missing Kissinger (que saca lleva el título de uno de los cuentos que contiene).

Para ser una persona que actualmente sufre de mucha falta de tiempo, pude leerlo con bastante velocidad. El formato de cuentos breves y entretenidos lo hace absorbible en muy poco tiempo, y me pareció que las metáforas, el surrealismo y el contenido inferible del libro era bastante amigable, lo que también lo vuelve una obra no muy compleja de digerir.

Si bien algunos cuentos eran poco fabulosos y completamente olvidables al cambio de página, muchos resultaban tan fascinantes, tan tristes y otros tan hilarantes que resultaba imposible no recordarlos al día siguiente, y que éste sentimiento fuese la motivación para seguir tomando el libro cada día hasta terminarlo. Dos de mis cuentos favoritos (y dos de los más tristes) fueron "The sad story of the Anteater family" y "The Monkey's Uncle", por si a alguien le interesa hacerse una breve introducción a Etgar Keret con la ayuda de Google.

Si tuviese que hacerle una amigable crítica a Keret (amigable porque se instaló en mi corazón como un escritor al que le guardaré cariño), diría que todavía tiene que trabajar en la irreverencia que muchos críticos le celebran (comparada con la de Palahniuk, la irreverencia de Keret es la de un niño de pecho), y en el pulido de sus cuentos en general. Si bien la mayoría eran muy buenos, diría que a una importante cantidad les faltaba algo desarrollo, y a otros cuantos el trascendental factor de lo inesperado que vuelve un cuento, por lo general, un buen cuento.

Para finalizar, quisiera destacar lo interesante que fue leer un libro de un autor Israelí.
Si bien Chile es un país con una no despreciable cantidad de Judíos en él, he tenido muy pocas oportunidades de conocer a alguno, y ninguna de aprender la cultura de Israel. Sé que más allá de lo religioso, no es una cultura muy distinta a la típica occidental, sin embargo, fue interesante sumergirme un poquito en la cotidianidad de personajes Israelíes. No es que ahora sea una experta en cultura Israelí, pero soy sin duda menos ignorante en ella.

¿Debería usted leer este libro? Sin duda. No le costará mucho tiempo, ni mucho esfuerzo para disfrutarlo. Puede que no se transforme en su libro favorito, pero sin duda no se arrepentirá de haberlo leído. Y puede que incluso quede con entusiasmo de leer más libros de este gran escritor que, estoy segura, pronto nos llegará con una obra que genuinamente nos dejará con la boca abierta.