domingo, 9 de septiembre de 2012

Mañanas del recuerdo.


El silencio de esta mañana me regresó a la infancia. Cuando despertaba sagradamente, sin premeditarlo, exactamente a las 8 de la mañana. Cuando todos todavía dormían, cuando la casa era mía.

Las veces que visitaba a mi abuela y dormía en la misma habitación que ella, al despertar intentaba aprovecharme de su sordera para poder ver la televisión bien bajita. Sin embargo, inexplicablemente, siempre se daba cuenta, y aún en sueños murmuraba "apaga eso Catalina". Después no recordaba nada, ni haber oído la tele ni haberme dicho que la apagara.
Hasta el día de hoy es un misterio cómo se percataba  del televisor encendido.

Cuando me resigné con poder ver televisión durante las mañanas, recuerdo que me paseaba por la casa en silencio, abría cajitas que nunca antes había abierto y me comía los chocolates escondidos.
Los únicos que despertaban con mis pasos eran los gatos, que me saludaban y me maullaban por su desayuno. Entonces me sentía como una pequeña mujer cuando les rellenaba los platos con galletas, y dado que nadie miraba, me daba la libertad de mimarlos un poco más con un platito de leche.

Recuerdo los pies helados circulando por la casa fresca. El sonido apagado de los pasos amortiguados por los calcetines. El trinar de los pájaros en el jardín. El sol en la ventana, iluminando las partículas de polvo que hacía saltar al sentarme en los sillones.
A esas horas, por lo general, hallaba el espacio perfecto para dibujar mis extraños cómics. Entonces me robaba el set profesional de lápices que tenía mi papá, varias hojas que doblaba en forma de cuadernito, y dibujaba.
Otras veces me robaba las plumas, y escribía mis primeros cuentos dejando un reguero de tinta en todo el escritorio.
Otras veces jugaba con las mamushkas de mi abuela, que en mi casa se las llama Babarrusas, e inventaba largas telenovelas entre ellas.

Hasta que alguien despertaba.
Entonces recordaba toda el hambre que tenía, y aprovechaba que alguien me preparase el desayuno considerando que yo todavía no estaba autorizada a poner la tetera.  

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