lunes, 17 de diciembre de 2012

Mi propia pamplina sobre el fin del mundo.


¿Se han percatado alguna vez de la fragilidad del ser humano? No hablo de lo efímero de la vida, lo pasajero de nuestra estadía, o cualquiera de esas cursilerías. Hablo genuinamente de la fragilidad en la que existimos.
¿Se han percatado que estén donde estén, si algo saliese mal, podrían morir de un centenar de formas? Una ramita en el ojo, una árbol en la columna, techos que colapsan, lámparas que te caen en la cabeza, un plato mal enjuagado, asfixia por aspirar saliva, libros que se caen de los libreros, piedras voladoras, suicidas cayendo sobre personas felices, cortarse una vena importante con una hojita, olvidar cómo respirar.

Sin embargo, un extraño y desconocido orden parece mantener todo en su lugar. Y logra que, estando a merced de infinitas posibilidades letales, lleguemos a vivir en muchos casos más de cien años.

Pienso en el 21 de Diciembre, en el fin de del mundo, en todas las pamplinas que se han inventado en torno al fin de nuestros tiempos... e imagino una pamplina propia.
¿Realmente necesitamos un evento magnánimo para erradicarnos todos? ¿Realmente necesitamos un evento tan fabuloso como un meteorito, una inversión de polos, una visita alienígena, una guerra nuclear para desaparecer, todos, de la faz de la tierra?
¿Y si el día del fin del mundo, ese desconocido orden que mantiene todo en su lugar, dejase de funcionar/se apagase/colapsase?
Serían siete mil millones de fines de mundo individuales. Siete mil millones de personas apagándose de las formas más ridículas, inverosímiles, absurdas pero posibles. Siete mil millones de personas sucumbiendo a lo que en términos lingüísticos está calificado de accidente.

¿Se imaginan? 

sábado, 10 de noviembre de 2012

The Virgin Suicides por Jeffrey Eugenides.


Acabo de terminarme The Virgin Suicides. Y es en estos momentos cuando me entra la inseguridad de haber comprendido realmente como debía comprender, un libro que leí en una lengua que no es la mía.
Es aquí cuando repentinamente me vuelvo insegura de mi Inglés, cuando me pregunto: Si vuelvo a leer este libro en un par de años más, cuando mi nivel de Inglés sea superior ¿leeré el mismo libro?

Más allá de las inseguridades, y la sensación de que existió un 10% del libro que no pude captar con mi Inglés todavía en desarrollo, el libro me gustó mucho.
Más que la historia, más que la trama, más que lo que se narraba me gustó la forma.
Además de ser el primer libro que leo en primera persona plural (nosotros), hace tiempo que no leía un libro tan rico en detalles descriptivos.
Detalles descriptivos tanto físicos, psicológicos como contextuales y culturales.
Hace tiempo que no leía un libro tan rico en adjetivos. En adverbios. En esos detalles que los escritores apresurados olvidan plasmar.
Era justo el libro que necesitaba leer.

The Virgin Suicides es el relato de la destrucción de una era, analogizada en la destrucción de un vecindario, analogizado a su vez en la destrucción de una familia, descrita por las fervientes observaciones y recopilaciones de evidencia de un grupo de muchachos entre enamorados y obsesionados por el misterio que emanaban las hermanas Lisbon aún antes de sus suicidios.   

Es interesante, y gracioso de cierta forma (al plasmar Eugenides tan bien los afanes de vana inteligencia en las personas), como ninguna de las teorías que intentan explicar los suicidios dan en el clavo más sencillo y predecible, en mi opinión.
Cómo ninguna de las especulaciones satisface al grupo de muchachos narradores que parecen esperar la respuesta que sólo el lector podría darles. 

Siento que éste es un libro que puede dar un mucho.
No suelo leer críticas de los libros que leo porque no me gusta condicionar mi opinión por la de alguien más. Cuando escribo una reseña me gusta que las impresiones sean sólo mías.
Sin embargo, ahora que lo he hecho, me gustaría investigar un poquito más del libro. Investigar del autor, de la visión de otras personas, en la búsqueda de nuevos revelaciones.
Se podría decir que en parte me siento como los muchachos que narran. Con mucha información, muchas sensaciones, mucha de la historia construida y clara en mi mente, sin embargo, todavía repleta de incertidumbres imposibles de enumerar. Preguntas manifiestas casi en la forma de un sentimiento.

También creo que es un libro que suena poco para todo lo que podría sonar.
Me parece que existe una película del libro, sin embargo, ni siquiera así parece hacer mucho ruido. No es un libro desconocido, me atrevería a decir que es hasta famoso. No obstante poco famoso para lo que, creo, merece serlo.

¿Si sugiero su lectura? Definitivamente.

Es un libro bonito y cautivador. Es suave, casi como si nos lo narrasen con una voz color crema en una tarde de primavera, pero de ninguna manera ligero. Tampoco es denso, ni pesado. Pero de ninguna manera lo clasificaría dentro de "literatura ligera". Tampoco lo clasificaría dentro "literatura femenina" o "libros para mujer", pero requiere un mínimo de sensibilidad para genuinamente apreciarlo.
Agarra al primer instante y se vuelve difícil soltarlo.
Es también una especie de apología a la nostalgia de la pubertad y la adolescencia, pero que nos deja con una sensación agradable sin importar cuán tormentosa o desagradable pudiese haber sido este periodo para nosotros. Además de una apología, podríamos decir que es también una especie de reconciliación con la estupidez de la inmadurez. 

Las últimas páginas, especialmente la penúltima, me dejaron confusa.
Después de 247 páginas de una narración que parece empática, comprensiva, dulce aunque imparcial, pareciera que por un instante los narradores se enojaran y dejaran entrever una pizca de resentimiento, soltando frases que parecen impropias de ellos.
Quizá efectivamente es ello, una especie de exabrupto de frustración, breve, comprensible y quizá el único instante en el que los narradores parecen dar su propio juicio de los hechos. O quizá todavía me falta digerir el libro, averiguar más para comprender del todo ese minúsculo exabrupto.

Si alguno de ustedes lee el libro, sería interesante oír su opinión de la penúltima página. 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Reflexiones de madrugada.


Es interesante lo sencillo que es aniquilar algo de la historia. Basta con tomar algo, quemarlo, y se ha ido para siempre. Para siempre. Así ocurrió con los antiguos textos de Grecia, Roma, tantos escritos que quizá hablaron de Jesús, de tantas otras celebridades hoy perdidas. Tantos documentos que quizá existieron pero ya no existen. Y no existirán jamás.
Conceptos tan extensos, infinitos; como jamás o para siempre, me abruman a ratos. Es tanto, tanto.

Aquí tienes un papel escrito. Dice algo. Quémalo y ya no existe.
En un eventual futuro muchos podrán especular que semejante texto podría haber existido. Quizá qué cosas decía. Quizá encuentren textos que hablan sobre tu texto, pero jamás encontrarán el texto porque ya no existe. Fue aniquilado de la historia.

Del mismo modo. Piensen lo sencillo que es eliminar todo registro de tus logros. Todo registro de tu existencia.
No son sólo especulaciones mías a raíz de mis extrañas reflexiones; esto ocurría y tenía un nombre: Damnatio Memoriae. En Rusia era muy común.
Basta con que alguien con el suficiente poder mande a quemar tu ficha de nacimiento y a alterar todos los registros ajenos en los que exististe. ¿Esposa? Éste documento dice que la mujer es soltera. ¿Propiedades? No existen, o le pertenecen a alguien más. ¿Fotografías? Alteradas o quemadas. No se necesita Photoshop para hacer un trabajo lo suficientemente bueno y convincente si se tienen recursos y poder.   
Y desapareciste.
El único lugar que te queda son las mentes solitarias de las personas que te recuerdan. Si es que te recuerdan.

Si un árbol cae en la mitad de un bosque pero no hay nadie para oírlo ¿suena realmente su caída?
Si alguien no deja absolutamente ningún tipo de registro de su existencia ¿existió realmente?

sábado, 15 de septiembre de 2012

Impresiones espontáneas: "Choke" por Chuck Palahniuk.


Acabo de terminarme "Choke" por Chuck Palahniuk y debo decir que mis primeras impresiones post-lectura son confusas.

Recién, recién recién recién terminé de leerlo y no le daré tiempo a este escrito/crítica/reseña para madurar porque quisiera compartir mis primeras impresiones frescas. Por lo que discúlpenme si el texto es algo desprolijo.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Mañanas del recuerdo.


El silencio de esta mañana me regresó a la infancia. Cuando despertaba sagradamente, sin premeditarlo, exactamente a las 8 de la mañana. Cuando todos todavía dormían, cuando la casa era mía.

Las veces que visitaba a mi abuela y dormía en la misma habitación que ella, al despertar intentaba aprovecharme de su sordera para poder ver la televisión bien bajita. Sin embargo, inexplicablemente, siempre se daba cuenta, y aún en sueños murmuraba "apaga eso Catalina". Después no recordaba nada, ni haber oído la tele ni haberme dicho que la apagara.
Hasta el día de hoy es un misterio cómo se percataba  del televisor encendido.

Cuando me resigné con poder ver televisión durante las mañanas, recuerdo que me paseaba por la casa en silencio, abría cajitas que nunca antes había abierto y me comía los chocolates escondidos.
Los únicos que despertaban con mis pasos eran los gatos, que me saludaban y me maullaban por su desayuno. Entonces me sentía como una pequeña mujer cuando les rellenaba los platos con galletas, y dado que nadie miraba, me daba la libertad de mimarlos un poco más con un platito de leche.

Recuerdo los pies helados circulando por la casa fresca. El sonido apagado de los pasos amortiguados por los calcetines. El trinar de los pájaros en el jardín. El sol en la ventana, iluminando las partículas de polvo que hacía saltar al sentarme en los sillones.
A esas horas, por lo general, hallaba el espacio perfecto para dibujar mis extraños cómics. Entonces me robaba el set profesional de lápices que tenía mi papá, varias hojas que doblaba en forma de cuadernito, y dibujaba.
Otras veces me robaba las plumas, y escribía mis primeros cuentos dejando un reguero de tinta en todo el escritorio.
Otras veces jugaba con las mamushkas de mi abuela, que en mi casa se las llama Babarrusas, e inventaba largas telenovelas entre ellas.

Hasta que alguien despertaba.
Entonces recordaba toda el hambre que tenía, y aprovechaba que alguien me preparase el desayuno considerando que yo todavía no estaba autorizada a poner la tetera.  

lunes, 3 de septiembre de 2012

The Prowler.


I know none of you will ever believe me. But I'm not writing this for you to believe me. I'm writing this because I have absolutely nothing else to do. I'm trapped for eternity in this place.

I grew up and lived my entire life in the most average place you could find in these times. It wasn't a particularly calm place, nor was it noisy. It was an average capital of an average country, in a middle-class house on the outskirts of the city.
In these times, fear has been obliterated. There's simply nothing we can fear anymore, nor nothing that can surprise our fear gland. Science has eradicated all the unknown. And with everything known, there's no more darkness to dread.  Besides the previous, internet has made scientific knowledge available to everyone, with the special spice of ruthless images that make us tougher, resilient to what could still be unknown.
Nowadays, as almost every irrationality, fear is nothing else than a sign of weakness and ignorance. A sign of social backwardness. Of stupidity.

I grew up in a family in which what is commonly known as "paranormal" wasn't something extraordinary to fear. My grandmother, who lived exactly in the house next to mine and my mother's, kept Ouija boards, tarot cards, runes, and several books about magic, occultism and "the paranormal". Uncommon shades, sounds, and dreams were not something to be scared of. We had this motto: Fear the living more than the dead.
Apart from the general immutability that my family and I had developed, we had an important number of animals at home. This way, every unfamiliar sound was more often attachable to them than to anything else. And we lived happily. Calm, informed, and safe.

The night that took me here, I was sitting coolly in front of my computer as I listened to my mother's peaceful breathing in the adjoining room. My father had never lived with us. He had merely given me his last name and disappeared. Since then, it had always been just me and my mother.
Having all this time to reflect now, I still can't figure out why this had to happen to me. Besides having, maybe, a less common family, we were all average people.
Being a common, lazy Thursday night, I was scrolling down on some ordinary cinema critique when I heard a strange noise.
I looked around. Having so many cats, usually at least one of them was always with me. However, when I looked around, there was none. I paid a little bit of attention for a short time, but as nothing else came up, I shrugged and, as always, blamed the cats.
I kept scrolling down. It was about eleven pm. Not so late.
Then, a couple of minutes later, I heard the sound one more time. This time it was louder, clearer and stranger. It couldn't have been the cats anymore, unless one of them had suddenly learnt to walk backwards on the ceiling. This time I stood up, slightly alarmed. I paid attention again. The sound, which had seemed near just seconds ago, seemed now a little bit more distant.
In vain, I tried to look for cats around me again. When they were alarmed, it meant that it was something to be alarmed by. If they were calm, there was nothing to fear. However, this time I had none of them to look.
Suddenly, what seemed to be walking on the ceiling fell down on the floor with a short, dry sound. Unconsciously, the back of my hair bristled, and I gave the first short steps to my room's entrance. Every sound had ceased, and everything was silent again.
I leant over my door's frame, turned on the lights of the living room, and lurked for anything odd. There was my mother's crafting table, the dining table, and over one of the chairs, one of my cat's bed. Everything seemed normal, except for the cat's bed. I approached it with short steps until I was able to see the little bed's content. Had it been empty, it would have been a good sign; however, it was filled with red stains, fur, and wreckages of what seemed to be animal flesh. 
While I was still in a silent shock I heard the odd footsteps on the ceiling again, and despite all my formation, this time I panicked and ran to my mother's room.
When I approached her bed, I didn't take long to realize that something wasn't right.
With the slender illumination that came from the living room, I could distinguish the outlines of what seemed to be a human body squatting over my mother's bed.
My heart stopped beating and the adrenaline, in a matter of microseconds, increased all my sensory capacity.  With my pupils widened, I could clearly see what was squatting over my mother, yet I had absolutely no idea of what it was or where such a creature could have come from.
As I could first see with its silhouette, it had a human shape. It was thin, skinny; I could actually see its bones through its grey and black stained skin. Its arms were shorter than an average human being's, but its fingers where longer, crowned with horrifying claws which it buried in the bed covers. Its feet were very similar to its hands. And its head: bald, grey, and slightly purple because of several veins that could be seen on top of it, hold a face with holes for eyes, two smaller holes for a nose and a horrifying, serrated mouth with a jaw that hung with the weight of one of my cats.
Regardless the fact that it had no eyes, I knew he was ogling at me. 
Bubba was still alive. She made no sound but I could see her foot trying to escape from death. I prayed that she died quickly.
Then there was my mum.
She was also still alive. Under the open legs of this creature, I could notice her slow, serene breathing under the bed coats. The question was for how much longer.
As suddenly as everything had happened, the creature opened its jaws and let Bubba fell dead over the floor with a slight sound of splashing blood. I knew the next victim was going to be my mother.
In a vain attempt to try to save her with the most naive emotion of all, I approached the creature, hoping that it killed me first. Nonetheless, since the moment in which the thing stepped inside my house, there was absolutely no escape for anyone.
In a quick movement, the creature threw its claws toward me with its open jaws, and I lost consciousness.

I woke up in a hospital bed. I couldn't see properly and one of my arms refused to respond to my will of wiping the tears that flooded through my sore eyes.  No matter how blurry the scene was for me, noticing myself alone in the dorm, I realized my mother had died too. She would had never left me alone. She would have fought with the nurses just for taking care of me, just to ensure my dreams. But she wasn't there. All I could see were moisten, distorted images, and all I could hear was the beep of the machine that seemed to inform people of my vital status. 
That night, I couldn't sleep anymore. Therefore, I stayed awake as my eyes slowly dried and I was able to see clear again little by little. With the only trembling arm that worked, I touched my face. I had a patch over my right eye and several scars over all my face. As I approached to examine my own neck, I heard the footsteps on the ceiling again.
This time my reflex was to close the only eye I had left and hide as well and quickly as I could under the hospital blankets.

I recovered well. I have nice food, nice company, and nice safety. When I move toward to a mirror, I see an average human being with a missing eye and a thick scar that crosses my face from the forehead to my lower lip. But that doesn't mean I'm a less average person.
I've become a good friend of one of the nurses. She told me once what happened that night when I was seventeen. Well, she couldn't actually tell what had happened, but she could tell me what the police found: three corpses, several dead cats, and all the furniture destroyed. I tried to inquire about the corpses' state, but she didn't give me too much information, only that one of the bodies' guts had been taken out of its trunk and left splattered all around the plot.
Considering that in 5 years I've never received a visit, I speculate that the two other corpses where my grandmother and grandfather.

I lied. I did receive a visit once, when I had just got here. It was an aunt. She brought me chocolates. I couldn't speak too much because I was still in shock, but it was a nice visit. However, when she was just leaving, the Prowler (how I started to call it with time) approached her and I screamed so loud that the nurses had to come and sedate me.
My aunt never came back, nor anyone else.

We haven't become good friends, you know, with the Prowler. But I got used to it. And the more used to it I get, the more often it appears. I stopped screaming when I realized I was completely by myself with it. No one else can see it, so every scream is in vain and a waste of energy.
It is not that it has become less terrifying, or less ferocious. I still tremble when it opens its jaws. I can still picture Bubba giving her last breath of life.
However, I won't be able to commit suicide inside this place, and the Prowler is not going to kill me. I've tried it. It wants to keep me alive. So everything I can do now is try to make these next 60 years as bearable as I can, while I figure out how to kill myself.

As I have had a pretty good behavior, the nurses let me write in a notebook of thick sheets (so I can't cut myself) with the most harmless pen they could find: a crayon. As I have a lot of spare time, writing is almost everything I do.
Every time I try to describe the Prowler's appearance with this light blue crayon, for a second I forget it's real and only staring at the paper everything feels suddenly peaceful again, unreal.
However, I only have to lift my head up once again from the notebook, and there it is again. Gaping at me with those empty holes that it has for eyes.  

martes, 24 de julio de 2012

sábado, 21 de julio de 2012

Mi abuelito y Truman Capote.


Anteayer me junté con mi abuelito. Lo veo poco porque vive lejos, pero cada vez que nos juntamos se disfruta abundantemente.
Luce como el clásico estereotipo de abuelito: cabello blanco, gafas grandes y redondas, ligeramente rechoncho y chaleco a rombos. Además es científico, lo que potencia su aspecto de serio y sabio.
Ayer nos tomamos un par de cafés, nos comimos un sándwich, caminamos y conversamos desde ciencia a literatura. Fue cuando le contaba entusiasmadamente sobre mi pasión por Chuck Palahniuk que mi abuelito mencionó a Truman Capote. Mi discurso se detuvo, me sonaba, y aunque me avergonzaba un poco admitirlo, lo cierto es que jamás había leído algo suyo en mi vida. Inquirí y mi abuelito me fue contando: durante su estadía en Polonia había leído uno de sus libros; no podía recordar cuál pero decía, agudizando particularmente su voz en los siguientes adjetivos, que su forma de escribir (y describir) era sencillamente magniiifica, geniiial .
Notando mi interés por los asuntos sangrientos en mis últimas selecciones literarias, me contó que una de sus obras más destacables trataba sobre unos cabros que asesinaban a toda una familia para hacerse los choros. Como él lo esperaba, de inmediato me cautivó y, notando mi vivo interés, preguntó en voz enigmática al tiempo que alzaba las cejas “¿No habrá alguna librería por aquí? Podríamos ir a ver si tienen algo de Capote”.

Fue así como me hice poseedora de “A sangre fría” (título original: “In Cold Blood”). Mi abuelito tenía la genuina esperanza de que lo fuesen a tener en inglés, como el original, pero yo quedé igualmente contenta con la versión traducida. Eso sí, el libro que tanto lo había conmovido en Polonia, no existía. Estaba agotado, y con prácticamente nulas probabilidades de volver a estar a la venta.
Aunque le dije que no me costaba nada encargar “Other Voices, Other Rooms” (como después nos enteraríamos que se titulaba) por internet, él se afanó en prometer que lo encontraría para mí y me lo haría llegar.

Después de otro café y algo más de conversación, nos despedimos. Lo vi bajar las escaleras del metro y me apenó un poco nuestra nueva separación.
Echaría de menos la repetición de sus historias o sus clásicos “¿Estas verduras están bien desinfectadas verdad?”, pero el ligero peso del libro en mi bolso me recordó que la próxima vez que nos juntáramos ya sabría qué comentarle.



viernes, 20 de julio de 2012

Recopilación de escritos publicados hasta ahora.


Como soy obsesiva y pretendo volver éste el blog. He decidido recopilar en un solo post todos los escritos publicados (no muchos ni muy buenos, realmente, varios fueron borrados junto a sus respectivos blogs) que he tenido repartidos por varias partes hasta ahora, de forma de tenerlo todo aquí.

A continuación se encontrará tanto con escritos muy, muy antiguos, como con otros relativamente recientes. Si gusta, siéntase libre de opinar y manifestarse en los comentarios :D (también se puede comentar con facebook, éste es un blog muy tecnológico).

Inaugurando.


A lo largo de mi corta vida he poseído, escrito y me he esmerado diseñando muchos blogs personales. Sin embargo, siempre, siempre la primera entrada del blog es un parto doloroso, sangriento y terrible.

¿Por qué? Lo cierto es que cada vez que escribimos una primera entrada tenemos que asumir que probablemente pocos la leerán y nadie, nadie la comentará. Al menos hasta que tu blog se vuelva muy famoso y fans dedicados sientan curiosidad por los inicios de la plataforma, lo que es ciertamente muy improbable.
Siempre las titulo "Inaugurando" y por más que me  esfuerzo y devano los sesos en ellas, nunca, nunca me satisfacen. En la terrible búsqueda de la primera entrada he probado el comienzo literario, el comienzo frontal, el minimalista. He intentado comenzar de golpe con entradas relevantes, nada de presentaciones, pero siempre sentía que de éste modo faltaba la piedra angular del blog. La... entrada angular.  
Después de todos los comienzos fallidos, siempre intento darme aliento "oh vamos, nadie la leerá, sigue subiendo, sigue actualizando, no dejes tirado el blog por una torpe primera entrada, dijiste que éste sí que iba a ser el definitivo", pero no. Porque soy lo suficientemente obsesiva compulsiva para necesitar comenzar completamente desde cero si la primera entrada no me gusta, y por ende el blog no me gusta, y por ende nada me gusta.

Hoy estoy probando el modelo de primera entrada sincero, con la esperanza - como siempre - de que éste si vaya a ser el blog definitivo.

Dado que probablemente pocos lean lo que acabo de escribir, me pregunto si vale la pena añadir algún tipo de información relevante.
Si asumiera completamente que nadie leerá nada, tener un blog no tendría sentido. Por lo que sencillamente le echaré pa'elante .
Hoy dejaré por aquí, así como casualmente, uno de mis (mejores pero en vano) intentos de primera entrada.

Es ahora cuando, si llegó a leer hasta aquí, que le digo ¡Muchas gracias!
Para terminar, los falsos y arrogantes (siempre muy seguros de sí mismos)añadirían que poco les importa si a alguien le gusta o no lo que están próximos a leer. Sin embargo, lo cierto es que si bien escribo para mí, igualmente espero que les guste. Si no, una lástima.